martes, 18 de septiembre de 2012

A LOS CRISTIANOS PERSEGUIDOS.


Llegar hasta aquí, poner negro sobre el blanco impoluto de la pantalla cuesta un poco porque, ya sea por el tema a tratar o por las débiles condiciones de salud en las que ahora me hallo, estamos ante uno de los asuntos que más me preocupan y que le presto una destacada importancia en este blog así como en mis investigaciones y estudios. Dicen que para hablar hay que estar, por lo menos, informado.

Quiero dedicar este post a los “cristianos perseguidos”. Que son más de los que nos podemos ni imaginar.

A diario se suceden cientos de agresiones, de persecuciones por el solo hecho de ser cristiano, y más concretamente católico, en países donde quieren imponer a la fuerza y por la fuerza una determinada religión, una determinada creencia.

Ser cristianos en países como Irak, Egipto, Nigeria, Pakistán o en cualquiera donde el fundamentalismo islámico juegue un papel predominante es un motivo, más que suficiente, para sufrir graves persecuciones y atentados, desprecios, humillaciones y vejaciones a diario. Hoy, precisamente hoy, han sido asesinados dos cristianos en Karachi (Pakistán).

Vivir tu fe en esas condiciones, ser discípulos de Cristo cuando todo lo que te rodea es adverso a tu creencia es la mayor coherencia de vida que existe. Morir por tu fe, morir por Jesús Resucitado es una cosa que nosotros que vivimos en un  país desarrollado vemos como algo, verdaderamente, lejano aquí las batallas para defender tus creencias son otras, no digo que no existan porque en España, Europa así como los  países y naciones desarrolladas, las del primer orden mundial, también existe una seria y preocupante persecución a todo cuanto “huela” a cristianismo y, más concretamente, a catolicismo aunque, todavía, no estamos sufriendo agresiones y persecuciones que pongan en peligro nuestras vidas.

Porque los cristianos que son perseguidos hasta morir por su fe son el mayor y mejor ejemplo que tenemos de vivir con  plenitud en Jesús hasta las últimas consecuencias. Los cristianos, y católicos, que viven en estos países que no tienen muchos medios y que su umbral de pobreza es casi absoluto, son los más ricos, los más afortunados, los que verdaderamente nos dan ejemplo diario de coherencia, de ser firmes y consecuentes con la fe. El vivir la misma con la plenitud, con la esperanza, con la alegría que nos proporciona el sabernos hijos queridos de un Dios que es Padre y Misericordioso. Con la Pasión, Muerte y, sobre todo, Resurrección de Jesús todo en nuestras vidas cobra sentido y  el ser plenamente conscientes de la grandeza que implica los fundamentos de nuestra fe hace que cientos, miles de personas vivan la misma sobrepasando todos los límites hasta alcanzar la Vida Eterna por su martirio aquí en la tierra, por la sangre derramada desde el fervor, la piedad, el amor sin límites a manos de personas que fundamentan su existir en la creencia radical de realizar las más repugnantes atrocidades en nombre del Dios que dicen creer.

Permitidme que os diga que el fanatismo no es bueno y menos para lo que tenga que ver con la religión. Basar la vida en destrozar a todo el que no crea igual que ellos no es permisible, no debe serlo, para todos los que se digan creyentes.

Nosotros los cristianos creemos en Dios que Amor, que es alegría, que esperanza, que es  respeto, que paz. Nosotros los cristianos somos capaces de dar la vida por nuestras creencias fundamentadas en Cristo que Redentor del Mundo y que vino al mismo para sacrificarse por todos, para darnos la verdadera libertad, esa que no hay nada ni nadie que sea capaz de dárnosla.

Antes dije que aquí, entre los países civilizados, que son algo más respetuosos con lo que piensen o crean los demás también se da un clara persecución a los cristianos, a los católicos que intentamos profesar nuestra fe con la máxima coherencia posible.

A diferencia de las cruentas persecuciones, las más atroces matanzas que realizan los fanáticos fundamentalistas, aquí se hace de manera más solapada, más “racional”. Se realiza por medio de los poderes públicos que marcan una línea de actuación pro-masónica y que radica en políticas de “ingeniería  social” mediante las cuales impregnan a las capas de la sociedad sobre todo lo que, para ellos, está bien o mal. El aborto, el matrimonio homosexual, la política de género, las leyes educativas que llevan al adoctrinamiento, el  eliminar todo vestigio de religiosidad, de símbolos cristianos de la esfera pública con el solo fin de acabar con el principal cometido de todo discípulo de Cristo: La evangelización.

Los cristianos de este “primer mundo” actuamos con las “armas”que tenemos para que estas ideas, este proyecto de acabar con nuestra religión y nuestra fe no llegue a desarrollarse y vencer. Con la ayuda del Señor, nos ponemos en marcha y, por medio de nuestros respectivos caminos o apostolados, plantamos cara a las personas que más poder acumulan en sus manos en la tierra para que su idea de un mundo sin Dios no se lleve a cabo.

He intentado repasar en estas líneas el duro camino de ser cristiano, de ser católico que vive su fe dentro de la plenitud y la coherencia más absoluta en el mundo de hoy en día, en una Sociedad donde el materialismo, el consumismo, el relativismo intenta imperar a sus anchas. Con este post he intentado acercar a un plano más público y menos silencioso, las graves persecuciones a la que se están enfrentando los cristianos en esos países donde el fanatismo quiere imponer, con crudeza y sin respeto a los derechos fundamentales de toda persona, su ley, sus creencias.

Debemos luchar entre todos para que los casos de Asia Bibi, de Rimsha y tantos otros cristianos que se ven o se han visto privado de su libertad, que han sido condenados a largas penas de cárcel, cuando no de la muerte, no vuelvan a ocurrir.

El Santo Padre en su reciente y trascendental visita apostólica en El Líbano tendió la mano y exhortó para que todos los cristianos y todos los musulmanes vivan su fe en paz y como verdaderos hermanos. Cuando eso suceda, cuando todos tomemos conciencia de este crucial mensaje, creo que el mundo irá bastante mejor.

Jesús Rodríguez Arias


1 comentario:

  1. Gracias, Jesús, por recordarnos a todos los que nos llamamos cristianos que hay otros cristianos, hermanos nuestros, que sufren persecución por su fe, ellos sí se juegan la vida por defender la misma fe que nosotros decimos tener y que nos hace hermanos de ellos. Sinceramente, te agradezco que nos los acerques, que no sean unos hermanos lejanos, olvidados, y que muevas nuestras conciencias para que intentemos ser más auténticos cristianos.

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