viernes, 28 de abril de 2017

ALEJANDRO SANZ: Y ¿SI FUERA ELLA?

19.30 HORAS. VIAJE A EGIPTO: FRANCISCO Y TAWADROS II REZAN EN LA IGLESIA DEL ATENTADO DEL ISIS

ZENIT – Espanol


Una procesión y plegaria para recordar a estos mártires cristianos
(ZENIT – Roma, 28 Abr. 2017).- El santo padre Francisco y el papa copto ortodoxo Tawadros II, antes de concluir el encuentro que tuvieron en la sede del patriarcado, se dirigieron en procesión junto a los cardenales que acompañaban al Papa y a los sacerdotes coptos y católicos, hacia iglesia de San Pedro, ubicada a unos cien metros, objeto de un atentado terrorista.
El domingo 11 de diciembre de 2016, una bomba causó la muerte de al menos 29 cristianos y más de 30 heridos, mayoritariamente mujeres y niños, en una capilla de la Catedral ortodoxa copta de San Marcos.
Así en este viernes, primer día del viaje del papa Francisco a Egipto, concluyó sus empeños oficiales con esta oración recordando a los mártires que unen a los cristianos. Se leyó el Evangelio de Mateo: Bienaventurados los operadores de paz. Ambos hicieron sendas oraciones, se rezó el Padre Nuestro y se intercambió el saludo de la paz. La ceremonia concluyó con la deposición de una corona de flores y el acto de encender un cirio.

LA MONJA QUE HA REHABILITADO A MÁS DE 75.000 PERSONAS: "LA SOLEDAD ES LA MÁS TERRIBLE DE LAS ADICCIONES"

Religión en Libertad

La monja que ha rehabilitado a 75.000 personas: «La soledad es la más terrible de las adicciones»

Poli Sanchiz
Durante más de 50 años la hermana Consilio Fitzgerald, perteneciente a las Hermanas de la Misericordia, ha tratado a miles de adictos en toda Irlanda. Drogas, ludopatía, alcohol... Nada se le escapa a la hermana Consilio, que a sus 87 años sigue rehabilitando a las personas que más lo necesitan.
Ya antes de unirse a su comunidad era enfermera. En unas declaraciones a un canal irlandés, Consilio recordó su entrada a la congregación de las Hermanas de la Misericordia: "La mañana en la que me uní a las monjas pensaba que era el fin de toda mi vida. No podía parar de llorar. Pensaba que las monjas eran gente solitaria, que se dedicaban a mirar por la ventana pensando en si alguien vendría a visitarlas".

La hermana Consilio saludó a varias familias durante el 50 aniversario de la fundación de la obra Cuan Mhuire

Nada más lejos de la realidad, porque lo cierto es que los centros que Consilio ha fundado por toda Irlanda han rehabilitado a más de 75.000 personas, y hoy en día proporciona más de 600 plazas residenciales para adictos de todo tipo.

Puerto de María
Su obra, Cuan Mhuire (www.cuanmhuire.ie), que significa "Puerto de María" en gaélico, es popularmente conocida como "El Cielo del Amor". "Nos sanamos unos a otros con el amor", apuntó Consilio. "Al principio no tenía nada planeado, solo sabía que mi madre, La Virgen María, cuidaba de los visitantes".


Esta gran obra comenzó con un pequeño gesto hacia los "hombres de la carretera", indigentes alcohólicos que vagaban por las carreteras irlandesas en la década de los sesenta. ""Pensé que Cuan Mhuire podría ser un lugar donde esta gente pudiera sentirse amada".
Actualmente Cuan Mhuire es considerada la mayor clínica de rehabilitación de toda Irlanda. Por su labor, Consilio fue premiada en 2011 por la Reina Isabel II de Inglaterra con el MBE ("miembro de la más excelente orden del imperio británico" por sus siglas en inglés).
La voz de la experiencia
En sus declaraciones al Global Sisters Report, Consilio quiso recordar los devastadores efectos que tienen algunas adicciones sobre las personas y sus entornos.

Entre otras, habló sobre las apuestas online, una adicción muy en boga. "Es un desastre que socava la familia", dijo. "Se pueden ganar miles de euros con un click, pero también perderlos, provocando grandes dificultades económicas al entorno familiar".

La adicción al juego online es especialmente insidiosa. Al alcohólico o drogadicto se le nota físicamente su degradación. En cambio, el adicto al juego puede disimular su adicción mucho tiempo, y no se le nota, hasta que ha llegado a un nivel muy grave y dañino.

Además, los adictos que antes pensaban que salir corriendo al casino a las once de la noche llamaría la atención, ahora pueden conectarse desde su cuarto o móvil a cualquier hora del día o de la noche por Internet.

Beber hasta perder el conocimiento
Consilio quiso también remarcar el peligro de la nueva cultura del binge-drinking (beber alcohol en grandes cantidades en poco tiempo con el objetivo de perder el conocimiento), muy extendida entre los jóvenes.

"La adicción está aumentando. Los jóvenes salen con la única intención de emborracharse. La idea de salir por la noche es quedar tan intoxicados que no puedan recordar nada a la mañana siguiente. Supongo que quieren borrar algo de sus vidas."


La hermana puso como ejemplo de recuperación la vida de San Agustín: "Aprendió que el vino, las mujeres y las canciones no le hacían feliz. Solo cuando encontró a Dios se sintió pleno. San Agustín se dio cuenta del vacío que tenía en su interior, pero su madre tuvo que rezar mucho para que él se diese cuenta. Puede causarse mucho daño antes de que alguien se dé cuenta de lo que está haciendo".
Con el consumo de alcohol, suele venir aparejado el de cannabis. "He visto la mente de muchos jóvenes afectadas por el cannabis. Es algo muy serio, y no lo toman como tal. Afecta la mente de las personas mucho más que cualquier otra droga". Con 50 años de experiencia con adictos, la hermana sabe de lo que habla.
Una de las adicciones más terribles: la soledad
"La soledad es la más terrible de las adicciones. Me da mucha pena la gente que se encuentra en estas situaciones, en las que están desesperados, solos y perdidos", prosigue Consilio.

"Imagina que te levantaras por la mañana y no tuvieses ningún propósito en la vida. ¿No sería acaso una existencia vacía, especialmente teniendo mi edad? ¿No sería triste crecer sin ningún objetivo o esperanza? ¿Sin saber que la muerte no es el final, sino solo el principio?".


Grupos que apoyan a los que se reinsertan
Consilio espera poder añadir nuevas funciones a Cuan Mhuire. "Cuando la gente termina su rehabilitación se suele sentir algo perdida durante un tiempo" cuenta Consilio. "En este periodo necesitan ayuda, un sitio donde reunirse y darse apoyo mutuo. Queremos formar un grupo de ayuda integrado por gente ya reinsertada en la sociedad que pueda reunirse con aquellos que acaban de salir y necesitan compañía".


"Sería genial que las personas que terminan su tratamiento en Cuan Mhuire tuviera un verdadero propósito en la vida y se valoraran a si mismos. Debemos proporcionar talleres que den la oportunidad a estas personas para encontrar trabajo".

Si quiere saber más sobre la hermana Consilio (en Wikipedia en inglés) pinche aquí

EL VÍDEO QUE TE HARÁ COMPRENDER QUÉ ES LA NEW AGE



por  - 
Nuestros hermanos de Catholic.stuff han preparado un genial video explicándonos qué es la New Age. ¿Será compatible con nuestra fe?

QUIZÁ HOY TE HAYAS LEVANTADO APLASTADO Y ABATIDO


Quizá hoy te hayas levantado aplastado y abatido; te habrás ido arrastrando a ras de tierra, sin ánimo de levantar tu mirada. Sin embargo, cuenta la leyenda que Dios creó las aves para que al oírlas, el hombre levantara sus ojos al cielo. 
Así las aves serían embajadoras de Dios; ¡Y son tantas y tantas las cosas que pueden ser verdaderamente embajadoras de Dios! 
Levanta tus ojos, eleva tu mirada, clávala en el cielo y sigue adelante. 
Cuando mañana inicies tu actividad, iníciala con mayor optimismo, con redoblado entusiasmo, con alegría comunicativa y, si acaso vuelves a sentirte abatido, redobla tus esfuerzos para elevarte a las alturas. 
De esta forma, sin habla quizá, tu vida podrá ser un verdadero pregón de Dios. 



SER PARA LOS DEMÁS: TESTIMONIOS DE LOS FUTUROS SACERDOTES DEL OPUS DEI




Dante (Filipinas), Joe (Estados Unidos), Aníbal (Colombia), Giovanni (Italia), Álex (España) y Ricardo (Perú) son algunos de los 31 fieles del Opus Dei que recibirán el sacerdocio el próximo 29 de abril en Roma.

    EXILIADO DE PAKISTÁN POR LIBERAR A CRISTIANOS




    La amistad con un niño cristiano fue el detonante que llevó al pakistaní Ehsan Ullah Khan a al exilio desde 1995 en Suecia. El fundador del Frente de Liberación del Trabajo Forzado en Pakistán (BLLF, en sus siglas en inglés), que ha liberado solo en este país a más de 100.000 niños esclavos y construido 250 escuelas para ellos, tenía ya una buena lista de detractores entre empresarios sin escrúpulos. A ellos se unieron importantes líderes musulmanes a raíz del asesinato de Iqbal Masih el 16 de abril de aquel año, fecha que ha quedado establecida como Día Mundial contra la Esclavitud Infantil. Ullah Khan lloró la muerte del chico con la comunidad cristiana y besó su cadáver, lo que los integristas consideraron una herejía. Demasiados enemigos. El Gobierno paquistaní le impidió poco después el regreso al país tras asistir a un encuentro de la ONU.
    Más que un amigo, Iqbal Masih fue para él un hijo. Incluso apuntaba formas de sucesor. Tras escapar del taller textil al que había sido vendido por su familia para hacer frente a deudas imposibles, el chico se reveló como un auténtico líder nacional por la liberación de otros muchachos, muchos cristianos.
    «Mi lucha es por todos los niños. No nos importa si son musulmanes o cristianos. Pero los cristianos en Pakistán están peor considerados que la casta más baja, y constituyen alrededor del 85 % de la mano de obra esclava en la industria del ladrillo», explicaba a Alfa y Omega Ullah Khan durante una reciente visita a Santiago de Compostela, invitado por el partido Solidaridad y Autogestión Internacionalista (SAIn). Por Iqbal y por todos esos niños cristianos esclavos, lleva siempre prendido un rosario, como recordatorio de que existen cuatro tipos de personas: «los que se sacrifican hasta la entrega de su vida, como Jesucristo; los que tienen dos caras, como Judas; los que se comprometen cuando las cosas van bien, pero titubean cuando vienen malos tiempos; y los que solo se comprometen si pueden obtener ventajas».
    En el primer grupo sitúa al Papa, a quien agradece su próxima visita «a los musulmanes en Egipto, un país con una historia de esclavos, en el que Moisés dijo al faraón aquello de “deja ir a mi pueblo”». Francisco está dando «un gran paso», asegura, al promover «el diálogo y crear solidaridad» entre las distintas religiones.
    Ullah Khan, mientras tanto, sigue desde Suecia la lucha por la liberación de los esclavos. Galicia es para él un punto de referencia. En primer lugar, porque el Movimiento Cultural Cristiano promovió en la capital gallega una plaza en memoria de Iqbal, un recordatorio también de la explotación laboral que, según Unicef, sufren unos 160 millones de menores en el mundo. Otro motivo de sus frecuentes visitas a Galicia es que ahí está la sede de Inditex, una de las multinacionales que monitoriza el BLLF, junto a otras como H&M, Mango, GAP, Coca Cola o Nestlé, a las que acusa de «producir en muy malas condiciones de trabajo» en el Tercer Mundo.
    Ese tipo de batallas, según el pakistaní Ehsan Ullah Khan, pueden ser una magnífica plataforma para el diálogo interreligioso. «En nuestra organización –asegura–, musulmanes y cristianos comen del mismo plato y beben del mismo vaso».
    Ricardo Benjumea

    LAS TORRIJAS DEL MONASTERIO CISTERCIENSE DE NUESTRA SEÑORA DE ALCONADA (PALENCIA)



    «¡Esta hermana nuestra nos hace pecar de gula!», exclama sor Mónica. Es la priora, aunque todas la llaman hermana en vez de madre porque «pega más» –es la más joven del monasterio–. Ha elegido como receta las torrijas de una de las religiosas, cordobesa de nacimiento pero madrileña de adopción, porque cuando las hace, se vuelven locas. «Y el capellán también, aquí no sobra ni una».
    Y eso que son tan solo cuatro las monjas que pueblan el monasterio de Nuestra Señora de la Alconada, situado en un valle a tres kilómetros de la palentina Ampudia. La mayor acaba de cumplir los 100 años. La más joven, sor Mónica, tiene 37. «En medio tenemos dos, una de 80 y otra de 70. No hay muchas vocaciones, son años de crisis para todos». Eso sí, «somos las justas y necesarias para cuidar a la Virgen, aunque es ella la que nos cuida a nosotras».

    Imagen de una de las fachadas del monasterio de Alconada. Foto: Wikipedia
    El monasterio custodia el santuario donde está la venerada imagen de la Virgen de Alconada –en realidad, una réplica. La talla original, del siglo XII está en el museo de arte sacro de Alconada–. «Es la patrona de 45 pueblos de la comarca. Siglos después de que dos soldados escondieran la talla de manos sarracenas se apareció a un pastor sobre una piedra que estaba justo aquí, donde se levantó el santuario». Con fama de milagrosa, «no hay fin de semana que no venga gente de la zona a rezar a la Virgen y a pasar un día fraterno en la pradera que tenemos alrededor del monasterio», afirma sor Mónica. De hecho, añade, «hay veces que salimos al santuario por ejemplo a colocar flores y vemos a gente rezando con una fe que te tiembla el corazón».
    La tienda anexa, donde venden sus famosos sacristanes de hojaldre y hasta cinco tipos de pastas –su medio de subsistencia ahora que la encuadernación ha caído en picado– «es casi una excusa para mucha gente que, en realidad, quiere llorar contigo, contarte sus alegrías y sus penas».
    Cristina Sánchez Aguilar
    @csanchezaguilar

    Preparación de la receta

    Foto: Monasterio de Nuestra Señora de la Alconada, Ampudia
    Ingredientes
    Para el almíbar:
    • 1,5 litros de agua
    • 300 gramos de azúcar
    • La monda de un limón
    • Dos palos de canela (o al gusto)
    Resto de ingredientes:
    • Un paquete de pan de molde con corteza
    • Doce huevos
    • Un litro de leche
    • Aceite de oliva o girasol en abundancia para freír
    • Mezcla de azúcar y canela molida
    Preparación
    Se prepara el almíbar poniendo a cocer todos los ingredientes durante 15 minutos desde que empieza a hervir. Se aparta del fuego y se deja enfriar un par de horas aproximadamente.
    Preparamos dos fuentes, una con la leche y otra con los huevos batidos. Pasamos las rebanadas de pan por la leche y el huevo. Cuando las tenemos todas comenzamos a freírlas en aceite caliente, con cuidado para que no se nos quemen. Después las vamos escurriendo según las sacamos de la sartén durante un minuto y las mojamos en el almíbar. A continuación las volvemos a escurrir otro minuto y las pasamos por la mezcla de azúcar y canela. Al final, cuando tenemos todas en la fuente para servir, podemos rociarlas con el almíbar que nos ha quedado.
    Dejamos enfriar y… ¡listas!

    EL PAPA EN EGIPTO: DESENMASCARAR LA VIOLENCIA QUE SE DISFRAZA DE SACRALIDAD




    2017-04-28 Radio Vaticana
     
    (RV).- Egipto tierra de civilización y tierra de alianzas. Alrededor de estas dos denominaciones el Papa Francisco desarrolló el primer discurso de su 18º  Viaje Apostólico Internacional, durante la Conferencia Internacional sobre la Paz que se lleva a cabo en Al-Azhar, la más antigua Universidad islámica.
    Tierra de civilización. En primer lugar, de esta Tierra de civilización, “donde la luz del  conocimiento ha hecho germinar un patrimonio cultural inestimable, gracias a las iniciativas de los antiguos habitantes” son necesarias iniciativas para el futuro, que sean de paz y por la paz, porque “no habrá paz sin una adecuada educación de las jóvenes generaciones”. Una educación que se convierte en sabiduría de vida cuando consigue que el hombre, en contacto con Aquel que lo trasciende y con cuanto lo rodea, saque lo mejor de sí mismo, señaló el Papa. Entre otras cosas el Obispo de Roma puntualizó que la sabiduría sabe valorizar el pasado y hacerlo dialogar con el presente, sin renunciar a una adecuada hermenéutica, y está centrada en la dignidad del hombre. De ahí la alusión al llamado común, en el ámbito del diálogo interreligioso, a caminar juntos con la convicción de que el futuro de todos depende también del encuentro entre religiones y culturas, en un diálogo que además puede ser favorecido si se conjugan tres indicaciones fundamentales, que son el deber de la identidad, la valentía de la alteridad y la sinceridad de las intenciones.
    Así fue como en la primera parte de su articulado discurso, la educación fue el cimiento y punto de partida indicado para “dialogar con el otro reconociendo sus derechos y libertades”, y “para construir el futuro”, teniendo presente que  “la única alternativa a la barbarie del conflicto es la cultura del encuentro”.  Y en esa vía, indicó la necesidad del acompañamiento a los jóvenes para que “como árboles plantados” “transformen cada día el aire contaminado de odio en oxígeno de fraternidad”.
    Tierra de alianza. Prosiguiendo con su discurso, el Pontífice puso énfasis en la urgencia de alianzas como la de tierras egipcias, en donde “creencias religiosas diferentes se han encontrado y culturas diversas se han mezclado sin confundirse, reconociendo la importancia de aliarse para el bien común”,  frente a “la peligrosa paradoja que por una parte tiende a reducir la religión a la esfera privada, y por la otra, confunde la esfera religiosa y la política sin distinguirlas adecuadamente”. Es por ello que el Papa afirmó– tal como lo hiciera el Papa Tawadros II en la conferencia islam-cristiana de Al-Azhar en el pasado mes de marzo, que “la religión no es un problema sino parte de la solución”, y que ella nos recuerda que es necesario “elevar el ánimo hacia lo Alto para aprender a construir la ciudad de los hombres”.
    En ese sentido, con la mente en los mandamientos que se promulgaron en el monte Sinaí, el Papa hizo resonar el mandato de Dios «no matarás» (Ex 20,13), recordando que todas las religiones están llamadas a poner en práctica ese imperativo: “Como líderes religiosos estamos llamados a desenmascarar la violencia que se disfraza de supuesta sacralidad”, a “denunciar las violaciones que atentan contra la dignidad humana y contra los derechos humanos”, a “poner al descubierto los intentos de justificar todas las formas de odio en nombre de las religiones y a condenarlos como una falsificación idolátrica de Dios: su nombre es santo, Él es el Dios de la paz”; “rezar los unos por los otros, pidiendo a Dios el don de la paz”, “sin caer - aclaró- en sincretismos conciliadores”. “No sirve de mucho levantar la voz y correr a rearmarse para protegerse, - añadió-, se necesitan constructores de paz, no provocadores de conflictos; bomberos y no incendiarios; predicadores de reconciliación y no vendedores de destrucción”. 
    En los últimos párrafos de su extenso discurso Francisco reiteró los requisitos necesarios para prevenir los conflictos y construir la paz a los que están obligados los responsables de las naciones, instituciones, de la información y de la cultura: eliminar las situaciones de pobreza, de explotación y detener la proliferación de armas que, si se siguen produciendo y comercializando -dijo - tarde o temprano llegarán a utilizarse. “Sólo sacando a la luz las turbias maniobras que alimentan el cáncer de la guerra se pueden prevenir sus causas reales”.
    (Griselda Mutual – Radio Vaticano)
    A continuación el texto y audio del discurso del Papa a los participantes en la Conferencia Internacional sobre la Paz en Egipto
     
    Al Salamò Alaikum! / La paz sea con vosotros.
    Es para mí un gran regalo estar aquí, en este lugar, y comenzar mi visita a Egipto encontrándome con vosotros en el ámbito de esta Conferencia Internacional para la Paz. Agradezco al Gran Imán por haberla proyectado y organizado, y por su amabilidad al invitarme. Quisiera compartir algunas reflexiones, tomándolas de la gloriosa historia de esta tierra, que a lo largo de los siglos se ha manifestado al mundo como tierra de civilización y tierra de alianzas.
    Tierra de civilización. Desde la antigüedad, la civilización que surgió en las orillas del Nilo ha sido sinónimo de cultura. En Egipto ha brillado la luz del conocimiento, que ha hecho germinar un patrimonio cultural de valor inestimable, hecho de sabiduría e ingenio, de adquisiciones matemáticas y astronómicas, de admirables figuras arquitectónicas y artísticas. La búsqueda del conocimiento y la importancia de la educación han sido iniciativas que los antiguos habitantes de esta tierra han llevado a cabo produciendo un gran progreso. Se trata de iniciativas necesarias también para el futuro, iniciativas de paz y por la paz, porque no habrá paz sin una adecuada educación de las jóvenes generaciones. Y no habrá una adecuada educación para los jóvenes de hoy si la formación que se les ofrece no es conforme a la naturaleza del hombre, que es un ser abierto y relacional.
    La educación se convierte de hecho en sabiduría de vida cuando consigue que el hombre, en contacto con Aquel que lo trasciende y con cuanto lo rodea, saque lo mejor de sí mismo, adquiriendo una identidad no replegada sobre sí misma. La sabiduría busca al otro, superando la tentación de endurecerse y encerrarse; abierta y en movimiento, humilde y escudriñadora al mismo tiempo, sabe valorizar el pasado y hacerlo dialogar con el presente, sin renunciar a una adecuada hermenéutica. Esta sabiduría favorece un futuro en el que no se busca la prevalencia de la propia parte, sino que se mira al otro como parte integral de sí mismo; no deja, en el presente, de identificar oportunidades de encuentro y de intercambio; del pasado, aprende que del mal sólo viene el mal y de la violencia sólo la violencia, en una espiral que termina aislando. Esta sabiduría, rechazando toda ansia de injusticia, se centra en la dignidad del hombre, valioso a los ojos de Dios, y en una ética que sea digna del hombre, rechazando el miedo al otro y el temor de conocer a través de los medios con los que el Creador lo ha dotado.
    Precisamente en el campo del diálogo, especialmente interreligioso, estamos llamados a caminar juntos con la convicción de que el futuro de todos depende también del encuentro entre religiones y culturas. En este sentido, el trabajo del Comité mixto para el Diálogo entre el Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso y el Comité de Al-Azhar para el Diálogo representa un ejemplo concreto y alentador. El diálogo puede ser favorecido si se conjugan bien tres indicaciones fundamentales: el deber de la identidad, la valentía de la alteridad y la sinceridad de las intenciones. El deber de la identidad, porque no se puede entablar un diálogo real sobre la base de la ambigüedad o de sacrificar el bien para complacer al otro. La valentía de la alteridad, porque al que es diferente, cultural o religiosamente, no se le ve ni se le trata como a un enemigo, sino que se le acoge como a un compañero de ruta, con la genuina convicción de que el bien de cada uno se encuentra en el bien de todos. La sinceridad de las intenciones, porque el diálogo, en cuanto expresión auténtica de lo humano, no es una estrategia para lograr segundas intenciones, sino el camino de la verdad, que merece ser recorrido pacientemente para transformar la competición en cooperación.
    Educar, para abrirse con respeto y dialogar sinceramente con el otro, reconociendo sus derechos y libertades fundamentales, especialmente la religiosa, es la mejor manera de construir juntos el futuro, de ser constructores de civilización. Porque la única alternativa a la barbarie del conflicto es la cultura del encuentro. Y con el fin de contrarrestar realmente la barbarie de quien instiga al odio e incita a la violencia, es necesario acompañar y ayudar a madurar a las nuevas generaciones para que, ante la lógica incendiaria del mal, respondan con el paciente crecimiento del bien: jóvenes que, como árboles plantados, estén enraizados en el terreno de la historia y, creciendo hacia lo Alto y junto a los demás, transformen cada día el aire contaminado de odio en oxígeno de fraternidad.
    En este desafío de civilización tan urgente y emocionante, cristianos y musulmanes, y todos los creyentes, estamos llamados a ofrecer nuestra aportación: «Vivimos bajo el sol de un único Dios misericordioso. [...] Así, en el verdadero sentido podemos llamarnos, los unos a los otros, hermanos y hermanas [...], porque sin Dios la vida del hombre sería como el cielo sin el sol».‎  Salga pues el sol de una renovada hermandad en el nombre de Dios; y de esta tierra, acariciada por el sol, despunte el alba de una civilización de la paz y del encuentro. Que san Francisco de Asís, que hace ocho siglos vino a Egipto y se encontró con el Sultán Malik al Kamil, interceda por esta intención.
    Tierra de alianzas. Egipto no sólo ha visto amanecer el sol de la sabiduría, sino que su tierra ha sido también iluminada por la luz multicolor de las religiones. Aquí, a lo largo de los siglos, las diferencias de religión han constituido «una forma de enriquecimiento mutuo del servicio a la única comunidad nacional».  Creencias religiosas diferentes se han encontrado y culturas diversas se han mezclado sin confundirse, reconociendo la importancia de aliarse para el bien común. Alianzas de este tipo son cada vez más urgentes en la actualidad. Para hablar de ello, me gustaría utilizar como símbolo el «Monte de la Alianza» que se yergue en esta tierra. El Sinaí nos recuerda, en primer lugar, que una verdadera alianza en la tierra no puede prescindir del Cielo, que la humanidad no puede pretender encontrar la paz excluyendo a Dios de su horizonte, ni tampoco puede tratar de subir la montaña para apoderarse de Dios (cf. Ex 19,12).
    Se trata de un mensaje muy actual, frente a esa peligrosa paradoja que persiste en nuestros días, según la cual por un lado se tiende a reducir la religión a la esfera privada, sin reconocerla como una dimensión constitutiva del ser humano y de la sociedad y, por el otro, se confunden la esfera religiosa y la política sin distinguirlas adecuadamente. Existe el riesgo de que la religión acabe siendo absorbida por la gestión de los asuntos temporales y se deje seducir por el atractivo de los poderes mundanos que en realidad sólo quieren instrumentalizarla. En un mundo en el que se han globalizado muchos instrumentos técnicos útiles, pero también la indiferencia y la negligencia, y que corre a una velocidad frenética, difícil de sostener, se percibe la nostalgia de las grandes cuestiones sobre el sentido de la vida, que las religiones saben promover y que suscitan la evocación de los propios orígenes: la vocación del hombre, que no ha sido creado para consumirse en la precariedad de los asuntos terrenales sino para encaminarse hacia el Absoluto al que tiende. Por estas razones, sobre todo hoy, la religión no es un problema sino parte de la solución: contra la tentación de acomodarse en una vida sin relieve, donde todo comienza y termina en esta tierra, nos recuerda que es necesario elevar el ánimo hacia lo Alto para aprender a construir la ciudad de los hombres.
    En este sentido, volviendo con la mente al Monte Sinaí, quisiera referirme a los mandamientos que se promulgaron allí antes de ser escritos en la piedra.  En el corazón de las «diez palabras» resuena, dirigido a los hombres y a los pueblos de todos los tiempos, el mandato «no matarás» (Ex 20,13). Dios, que ama la vida, no deja de amar al hombre y por ello lo insta a contrastar el camino de la violencia como requisito previo fundamental de toda alianza en la tierra. Siempre, pero sobre todo ahora, todas las religiones están llamadas a poner en práctica este imperativo, ya que mientras sentimos la urgente necesidad de lo Absoluto, es indispensable excluir cualquier absolutización que justifique cualquier forma de violencia. La violencia, de hecho, es la negación de toda auténtica religiosidad.
    Como líderes religiosos estamos llamados a desenmascarar la violencia que se disfraza de supuesta sacralidad, apoyándose en la absolutización de los egoísmos antes que en una verdadera apertura al Absoluto. Estamos obligados a denunciar las violaciones que atentan contra la dignidad humana y contra los derechos humanos, a poner al descubierto los intentos de justificar todas las formas de odio en nombre de las religiones y a condenarlos como una falsificación idolátrica de Dios: su nombre es santo, él es el Dios de la paz, Dios salam.  Por tanto, sólo la paz es santa y ninguna violencia puede ser perpetrada en nombre de Dios porque profanaría su nombre.
    Juntos, desde esta tierra de encuentro entre el cielo y la tierra, de alianzas entre los pueblos y entre los creyentes, repetimos un «no» alto y claro a toda forma de violencia, de venganza y de odio cometidos en nombre de la religión o en nombre de Dios. Juntos afirmamos la incompatibilidad entre la fe y la violencia, entre creer y odiar. Juntos declaramos el carácter sagrado de toda vida humana frente a cualquier forma de violencia física, social, educativa o psicológica. La fe que no nace de un corazón sincero y de un amor auténtico a Dios misericordioso es una forma de pertenencia convencional o social que no libera al hombre, sino que lo aplasta. Digamos juntos: Cuanto más se crece en la fe en Dios, más se crece en el amor al prójimo.
    Sin embargo, la religión no sólo está llamada a desenmascarar el mal sino que lleva en sí misma la vocación a promover la paz, probablemente hoy más que nunca.  Sin caer en sincretismos conciliadores,  nuestra tarea es la de rezar los unos por los otros, pidiendo a Dios el don de la paz, encontrarnos, dialogar y promover la armonía con un espíritu de cooperación y amistad. Como cristianos «no podemos invocar a Dios, Padre de todos los hombres, si nos negamos a conducirnos fraternalmente con algunos hombres, creados a imagen de Dios».  Más aún, reconocemos que inmersos en una lucha constante contra el mal, que amenaza al mundo para que «no sea ya ámbito de una auténtica fraternidad», «a los que creen en la caridad divina les da la certeza de que abrir a todos los hombres los caminos del amor y esforzarse por instaurar la fraternidad universal no son cosas inútiles».  Por el contrario, son esenciales: En realidad, no sirve de mucho levantar la voz y correr a rearmarse para protegerse: hoy se necesitan constructores de paz, no provocadores de conflictos; bomberos y no incendiarios; predicadores de reconciliación y no vendedores de destrucción.
    Asistimos perplejos al hecho de que, mientras por un lado nos alejamos de la realidad de los pueblos, en nombre de objetivos que no tienen en cuenta a nadie, por el otro, como reacción, surgen populismos demagógicos que ciertamente no ayudan a consolidar la paz y la estabilidad. Ninguna incitación a la violencia garantizará la paz, y cualquier acción unilateral que no ponga en marcha procesos constructivos y compartidos, en realidad, sólo beneficia a los partidarios del radicalismo y de la violencia.
    Para prevenir los conflictos y construir la paz es esencial trabajar para eliminar las situaciones de pobreza y de explotación, donde los extremismos arraigan fácilmente, así como evitar que el flujo de dinero y armas llegue a los que fomentan la violencia. Para ir más a la raíz, es necesario detener la proliferación de armas que, si se siguen produciendo y comercializando, tarde o temprano llegarán a utilizarse. Sólo sacando a la luz las turbias maniobras que alimentan el cáncer de la guerra se pueden prevenir sus causas reales. A este compromiso urgente y grave están obligados los responsables de las naciones, de las instituciones y de la información, así como también nosotros responsables de cultura, llamados por Dios, por la historia y por el futuro a poner en marcha —cada uno en su propio campo— procesos de paz, sin sustraerse a la tarea de establecer bases para una alianza entre pueblos y estados. Espero que, con la ayuda de Dios, esta tierra noble y querida de Egipto pueda responder aún a su vocación de civilización y de alianza, contribuyendo a promover procesos de paz para este amado pueblo y para toda la región de Oriente Medio.
    Al Salamò Alaikum! / La paz esté con vosotros.
    (from Vatican Radio)

    ENCUENTRO DEL PAPA FRANCISCO CON LAS AUTORIDADES EN SU VIAJE A EGIPTO




    2017-04-28 Radio Vatican
     
    (RV).- Paz, prosperidad, progreso y justicia para Egipto, es el ruego del Papa Francisco a Dios Todopoderoso y Uno, pidiendo que derrame su Bendición sobre todos los egipcios: ¡Gracias y que viva Egipto!
    Con estas palabras el Papa concluyó su denso discurso a las autoridades en El Cairo, en el que también pidió:
    «Paz para este amado país. Paz para toda esta región, de manera particular para Palestina e Israel, paz para Siria, Libia, Yemen, Irak, Sudán del Sur; paz para todos los hombres de buena voluntad»
    En sus palabras a los miembros del Gobierno y del Parlamento, al Cuerpo Diplomático y a los representantes de la Sociedad civil egipcia, el Papa les reiteró, una vez más, sus deseos de paz y su gratitud por encontrarse en Egipto, tierra de antiquísima y noble civilización, que «representa mucho para la historia de la humanidad y para la Tradición de la Iglesia».
    Tierra mencionada tantas veces en la Sagrada Escritura, donde, como recordó Juan Pablo II, Dios reveló su nombre a Moisés y en el monte Sinaí dio a su pueblo y a la humanidad los Mandamientos, y donde encontró refugio y hospitalidad la Sagrada Familia: Jesús, María y José. Reiteró el Papa para luego destacar que «también hoy», en tierra egipcia «encuentran
    acogida millones de refugiados que proceden de diferentes países, como Sudán, Eritrea, Siria e Irak».
    Tras destacar que Egipto, con su historia y posición geográfica, ocupa un «rol insustituible en Oriente Medio y en el contexto de los países que buscan soluciones a esos problemas difíciles y complejos, que han de ser afrontados ahora para evitar que deriven en una violencia aún más grave», el Papa se refirió a «la violencia ciega e inhumana causada por diferentes factores: el deseo obtuso de poder, el comercio de armas, los graves problemas sociales y el extremismo religioso que utiliza el Santo Nombre de Dios para cometer inauditas masacres e injusticias».
    Con el legítimo anhelo del pueblo a pedir un Egipto donde no falte a nadie panlibertad y justicia social, el Papa Francisco recordó la tarea particular de este país de «reforzar y consolidar también la paz regional». Y uniéndose al dolor de las numerosas familias, algunas de ellas allí presentes, que lloran por la violencia ciega del terrorismo, recordó los atentados en las iglesias coptas, también los más recientes en Tanta y en Alejandría.
    «Desarrollo, prosperidad y paz son bienes irrenunciables» reiteró el Papa
    Animando los esfuerzos en favor de la paz en Egipto y fuera de él el Obispo de Roma reiteró que nadie debe ser excluido o marginado por ninguna razón, recordando los derechos humanos inalienables, la libertad religiosa y de expresión, con especial atención al rol de la mujer, de los jóvenes, de los pobres y de los enfermos.
    Rechazar toda ideología del mal que profana a Dios
    Sin olvidar el escenario mundial delicado y complejo, y lo que él ha llamado «guerra mundial por partes», el Papa hizo hincapié en que «no se puede construir la civilización sin rechazar toda clase de ideología del mal,  violencia y extremismo, profanando el Santo Nombre de Dios. Como ha dicho en varias oportunidades el mismo presidente egipcio, al que invitó a escuchar valorando sus palabras en este sentido.
    La historia no perdona a los que proclaman la justicia y en cambio practican la injusticia
    Todos tenemos el deber de enseñar a las nuevas generaciones que Dios, Creador del cielo y de la tierra, «no quiere nunca la muerte de sus hijos», «ni pide, ni justifica la violencia», sino que la rechaza y la desaprueba», destacó una vez más el Papa para luego añadir «tenemos el deber de quitar la máscara a los vendedores de ilusiones»… «Tenemos el deber de desmontar las ideas homicidas y las ideologías extremistas, afirmando la incompatibilidad entre la verdadera fe y la violencia, entre Dios y los actos de muerte.  En cambio, la historia honra a los constructores de paz, que luchan con valentía y sin violencia por un mundo mejor: «Dichosos los constructores de paz porque se llamarán hijos de Dios» (Mt 5,9)».
    Recordando nuevamente la importancia de Egipto en la región, cuna de tres grandes religiones, el Papa destacó el 70 aniversario de relaciones diplomáticas entre la Santa Sede y la República Árabe de Egipto.
    Abrazando paternalmente a todos los ciudadanos egipcios, el Papa Francisco saludó a los hermanos cristianos: coptos ortodoxos, griegos bizantinos, armenios ortodoxos, protestantes y católicos. Y deseó que San Marcos, el evangelizador de esta tierra, los proteja y ayude a construir y alcanzar la unidad, tan anhelada por Nuestro Señor, subrayando que son un ejemplo para las demás naciones, viviendo juntos en el respeto mutuo.
    (CdM – RV)
    Texto y audio completo del discurso del Papa Francisco
     
    Señor Presidente,
    Distinguidos Miembros del Gobierno y del Parlamento,
    Ilustres Embajadores y miembros del Cuerpo Diplomático,
    Señoras y señores:
    Al Salamò Alaikum / La paz esté con vosotros.
    Le agradezco, Señor Presidente, sus cordiales palabras de bienvenida y la invitación que gentilmente me hizo para visitar su querido País. Conservo vivo el recuerdo de su visita a Roma, en noviembre de 2014, y también del encuentro fraterno con Su Santidad Papa Tawadros II, en 2013, así como la del año pasado con el Gran Imán de la Universidad Al-Azhar, Dr. Ahmad Al-Tayyib.
    Me es grato encontrarme en Egipto, tierra de antiquísima y noble civilización, cuyas huellas podemos admirar todavía hoy y que, en su majestuosidad, parecen querer desafiar al tiempo. Esta tierra representa mucho para la historia de la humanidad y para la Tradición de la Iglesia, no sólo por su prestigioso pasado histórico —de los faraones, copto y musulmán—, sino también porque muchos Patriarcas vivieron en Egipto o lo recorrieron. En efecto, la Sagrada Escritura lo menciona así muchas veces. En esta tierra, Dios se hizo sentir, «reveló su nombre a Moisés»,[1] y sobre el monte Sinaí dio a su pueblo y a la humanidad los Mandamientos divinos. En tierra egipcia, encontró refugio y hospitalidad la Sagrada Familia: Jesús, María y José.
    La hospitalidad, ofrecida con generosidad hace más de dos mil años, permanece en la memoria colectiva de la humanidad y es fuente de abundantes bendiciones que aún se siguen derramando. Egipto es una tierra que, en cierto modo, percibimos como nuestra. Como decís: «Misr um al dugna /Egipto es la madre del universo». También hoy encuentran aquí acogida millones de refugiados que proceden de diferentes países, como Sudán, Eritrea, Siria e Irak, refugiados a los que se busca integrar con encomiable tesón en la sociedad egipcia.
    Egipto, a causa de su historia y de su concreta posición geográfica, ocupa un rol insustituible en Oriente Medio y en el contexto de los países que buscan soluciones a esos problemas difíciles y complejos, que han de ser afrontados ahora para evitar que deriven en una violencia aún más grave. Me refiero a la violencia ciega e inhumana causada por diferentes factores: el deseo obtuso de poder, el comercio de armas, los graves problemas sociales y el extremismo religioso que utiliza el Santo Nombre de Dios para cometer inauditas masacres e injusticias.
    Este destino y esta tarea de Egipto constituyen también el motivo que ha animado al pueblo a pedir un Egipto donde no falte a nadie el pan, la libertad y la justicia social. Ciertamente este objetivo se hará una realidad si todos juntos tienen la voluntad de transformar las palabras en acciones, las valiosas aspiraciones en compromiso, las leyes escritas en leyes aplicadas, valorizando la genialidad innata de este pueblo.
    Egipto tiene una tarea particular: reforzar y consolidar también la paz regional, a pesar de que haya sido herido en su propio suelo por una violencia ciega. Dicha violencia hace sufrir injustamente a muchas familias —algunas de ellas aquí presentes— que lloran por sus hijos e hijas.
    Pienso de modo particular en todas las personas que, en los últimos años, han entregado la vida para proteger su patria: los jóvenes, los miembros de las fuerzas armadas y de la policía, los ciudadanos coptos y todos los desconocidos, caídos a causa de las distintas acciones terroristas. Pienso también en las matanzas y en las amenazas que han provocado un éxodo de cristianos desde el Sinaí septentrional. Manifiesto mi gratitud a las Autoridades civiles y religiosas, y a todos los que han acogido y asistido a estas personas que tanto sufren. Pienso además en los que han sido golpeados por los atentados en las iglesias Coptas, tanto en diciembre pasado como más recientemente en Tanta y en Alejandría. A sus familias y a todo Egipto dirijo mi sentido pésame y mi oración al Señor para que los heridos se restablezcan con rapidez.
    Señor Presidente, ilustres señoras y señores:
    No puedo dejar de reconocer la importancia de los esfuerzos realizados para llevar a cabo numerosos proyectos nacionales, como también por las muchas iniciativas realizadas en favor de la paz en el País y fuera del mismo, con vistas a ese ansiado desarrollo, en paz y prosperidad, que el pueblo anhela y merece.
    El desarrollo, la prosperidad y la paz son bienes irrenunciables por los que vale la pena cualquier sacrificio. Son también metas que requieren trabajo serio, compromiso seguro, metodología adecuada y, sobre todo, respeto incondicionado a los derechos inalienables del hombre, como la igualdad entre todos los ciudadanos, la libertad religiosa y de expresión, sin distinción alguna.[2] Objetivos que exigen prestar una atención especial al rol de la mujer, de los jóvenes, de los más pobres y de los enfermos. En realidad, el verdadero desarrollo se mide por la solicitud hacia el hombre —corazón de todo desarrollo—, a su educación, a su salud y a su dignidad; de hecho, la grandeza de cualquier nación se revela en el cuidado con que atiende a los más débiles de la sociedad: las mujeres, los niños, los ancianos, los enfermos, los discapacitados, las minorías, para que nadie, ni ningún grupo social, quede excluido o marginado.
    Ante un escenario mundial delicado y complejo, que hace pensar a lo que he llamado una «guerra mundial por partes», cabe afirmar que no se puede construir la civilización sin rechazar toda clase de ideología del mal, de la violencia, así como cualquier interpretación extremista que pretenda anular al otro y eliminar las diferencias manipulando y profanando el Santo Nombre de Dios. Usted, Señor Presidente, que ha hablado de esto con claridad muchas veces y en distintas ocasiones, merece ser escuchado y valorado.
    Todos tenemos el deber de enseñar a las nuevas generaciones que Dios, el Creador del cielo y de la tierra, no necesita ser protegido por los hombres, sino que es él quien protege a los hombres; él no quiere nunca la muerte de sus hijos, sino que vivan y sean felices; él no puede ni pide ni justifica la violencia, sino que la rechaza y la desaprueba.[3] El verdadero Dios llama al amor sin condiciones, al perdón gratuito, a la misericordia, al respeto absoluto a cada vida, a la fraternidad entre sus hijos, creyentes y no creyentes.
    Tenemos el deber de afirmar juntos que la historia no perdona a los que proclaman la justicia y en cambio practican la injusticia; no perdona a los que hablan de igualdad y desechan a los diferentes. Tenemos el deber de quitar la máscara a los vendedores de ilusiones sobre el más allá, que predican el odio para robar a los sencillos su vida y su derecho a vivir con dignidad, transformándolos en leña para el fuego y privándolos de la capacidad de elegir con libertad y de creer con responsabilidad. Tenemos el deber de desmontar las ideas homicidas y las ideologías extremistas, afirmando la incompatibilidad entre la verdadera fe y la violencia, entre Dios y los actos de muerte.
    En cambio, la historia honra a los constructores de paz, que luchan con valentía y sin violencia por un mundo mejor: «Dichosos los constructores de paz porque se llamarán hijos de Dios» (Mt 5,9).
    Egipto, que en tiempos de José salvó a otros pueblos del hambre (cf. Gn 47,57), está llamado también hoy a salvar a esta querida región del hambre de amor y de fraternidad; está llamado a condenar y a derrotar todo tipo de violencia y de terrorismo; está llamado a sembrar la semilla de la paz en todos los corazones hambrientos de convivencia pacífica, de trabajo digno, de educación humana. Egipto, que al mismo tiempo construye la paz y combate el terrorismo, está llamado a testimoniar que «AL DIN LILLAH WA AL WATàN LILGIAMIA’/ La fe es para Dios, la Patria es para todos», como dice el lema de la Revolución del 23 de julio de 1952, demostrando que se puede creer y vivir en armonía con los demás, compartiendo con ellos los valores humanos fundamentales y respetando la libertad y la fe de todos.[4] El rol especial de Egipto es necesario para afirmar que esta región, cuna de tres grandes religiones, puede —es más— debe salir de la larga noche de tribulaciones para volver a irradiar los supremos valores de la justicia y de la fraternidad, que son el fundamento sólido y la vía obligatoria para la paz.[5] De las naciones que son grandes es justo esperar mucho.
    Este año se celebra el 70 aniversario de las relaciones diplomáticas entre la Santa Sede y la República Árabe de Egipto, que es uno de los primeros países árabes que estableció dichas relaciones diplomáticas. Estas siempre se han caracterizado por la amistad, estima y colaboración recíproca. Deseo que esta visita ayude a consolidarlas y reforzarlas.
    La paz es un don de Dios pero es también trabajo del hombre. Es un bien que hay que construir y proteger, respetando el principio que afirma: la fuerza de la ley y no la ley de la fuerza.[6] Paz para este amado País. Paz para toda esta región, de manera particular para Palestina e Israel, para Siria, Libia, Yemen, Irak, Sudán del Sur; paz para todos los hombres de buena voluntad.
    Señor Presidente, señoras y señores:
    Deseo hacer llegar un afectuoso saludo y un paternal abrazo a todos los ciudadanos egipcios, que están presentes simbólicamente en este lugar. Saludo además a los hijos y a los hermanos cristianos que viven en este País: a los coptos ortodoxos, los griegos bizantinos, los armenios ortodoxos, los protestantes y los católicos. San Marcos, el evangelizador de esta tierra, os proteja y os ayude a construir y a alcanzar la unidad, tan anhelada por Nuestro Señor (cf. Jn 17,20-23). Vuestra presencia en esta Patria no es ni nueva ni casual, sino secular y unida a la historia de Egipto. Sois parte integral de este País y habéis desarrollado a lo largo de los siglos una especie de relación única, una particular simbiosis, que puede considerarse como un ejemplo para las demás naciones. Habéis demostrado, y lo seguís haciendo, que se puede vivir juntos, en el respeto recíproco y en la confrontación leal, descubriendo en la diferencia una fuente de riqueza y jamás una razón para el enfrentamiento.[7]
    Gracias por la cálida bienvenida. Pido a Dios Todopoderoso y Uno para que derrame Su Bendición divina sobre todos los ciudadanos egipcios. Que conceda a Egipto la paz y la prosperidad, el progreso y la justicia, y que bendiga a todos sus hijos.
    «Bendito mi pueblo, Egipto», dice el Señor en el libro de Isaías (19,25).
    Shukran wa tahìah misr! / Gracias y que viva Egipto.


    [1] Juan Pablo II, Discurso en la ceremonia de bienvenida (24 febrero 2000).
    [2] Cf. Declaración universal de los derechos del hombre. Constitución Egipcia 2014, cap. III.
    [3] «El Señor [...] odia al que ama la violencia» (Sal 11,5).
    [4] Cf. Constitución Egipcia 2014, art. 5.
    [5] Cf. Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2014, 4.
    [6] Cf. Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2017, 1.
    [7] Cf. Benedicto XVI, Exhort. ap. postsin. Ecclesia in ‎Medio Oriente, 24 y 25‎.
    (from Vatican Radio)