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- DESTRUIR LA IMAGEN DEL ADVERSARIO
- 8 COMENTARIOS CARMELO LÓPEZ-ARIAS
- Así se fabrica un apestado: la estrategia de amedrentamiento de la izquierda.
- "No desacreditar a los afines", pedía Ramiro de Maeztu. Sobre todo, cuando ‘los afines’ caen en acto de servicio a consecuencia de una campaña denigratoria lanzada por el enemigo, maestro de la mentira.Destruir la reputación del adversario ha sido una de las constantes de la izquierda desde que el genio revolucionario de Lenin hizo su aparición en la historia. Su obra clave, Materialismo y empiriocriticismo, nueve años anterior a la Revolución de Octubre, es un ejemplo. Más que refutar las doctrinas burguesas (incluido el socialismo no bolchevique), las retuerce para que digan lo que no dicen y, sobre tal base, establecer la superioridad del materialismo dialéctico.El Lenin-activista perfeccionó esta argucia del Lenin-pensador como arma política, y la falta de escrúpulos de la maquinaria comunista multiplicó su eficacia. Manchando a los enemigos más peligrosos, los desactivaba incluso ante sus compañeros, que renegaban de ellos temerosos de ser confundidos con los malditos.La ‘gauche divine’Durante la Guerra Fría hubo uno por excelencia: el senador Joseph McCarthy (1908-1957). Sus denuncias de infiltración en los Departamentos de Estado y de Defensa eran correctas en lo sustancial, como demostraron, al desclasificarse tras la caída de la URSS, los Archivos Venona del contraespionaje norteamericano.
Así que había que destruirle como fuera, aprovechando su facilidad para excederse con algunas intuiciones fallidas. La campaña contra él fue tan feroz y efectiva que la tumba de McCarthy la cavó gustoso el Partido Republicano.Y aunque rezaba el rosario cada día y se fajó contra el mayor enemigo de la Iglesia en el siglo XX, no se leerá su nombre en ningún listado histórico de políticos católicos relevantes, que estará sin embargo plagado de Kennedys.También fue de libro la campaña iniciada en 1960 por Jean-Paul Sartre para impedir que el escritor rumano Vintila Horia (1915-1992) recibiese el Premio Goncourt por Dios ha nacido en el exilio. Todavía hoy la Academia explica en su palmarés que no se entregó “por el pasado político del autor”.Y ¿cuál era ese pasado? Ninguno, salvo que era anticomunista y cristiano, y por eso no podía volver a su país sojuzgado. La izquierda no iba a permitir que el prestigio del premio saliese fuera de la gauche divine, y le atribuyó una falsa militancia en la Guardia de Hierro de Corneliu Codreanu.Vintila Horia jamás recibió los reconocimientos públicos que merecía una de las obras literarias y ensayísticas europeas más portentosas de la segunda mitad del siglo XX. La derecha no se atrevió a hacerla suya.Sambenito de franquistaEn el caso de Charles Maurras (1868-1952), los comunistas tomaron en la posguerra el testigo denigratorio del radicalismo masónico y del catolicismo liberal de la preguerra. Hundieron su honor de francés bajo la acusación de colaboracionismo, a pesar de que había considerado a los nazis una “horda bestial”, se había enfrentado a Pierre Laval y reclamó para los judíos “seguridad, respeto, benevolencia y justicia”.
La mejor cabeza intelectual de la derecha francesa pasó a ser innombrable, y su influencia cultural, decisiva en las décadas anteriores, casi se esfumó en las posteriores, para tranquilidad del PCF de Maurice Thorez... no menos que de los gaullistas.Son tres momentos paradigmáticos de hace medio siglo, pero en nuestros días los hemos vivido parecidos.
Desde la II Guerra Mundial, los dos políticos más conservadores que han formado parte de un ticket presidencial han sido Dan Quayle (vicepresidente en 1989-1993) y Sarah Palin (aspirante en 2008).La ridiculización hasta extremos inhumanos a que fue sometido el primero le robó toda opción a la nominación republicana en 1996. Contra la segunda se ha calcó la estrategia hasta disuadirla de intentarlo en 2012.Pero el problema no es de nombres. El problema es que la creación artificial por la izquierda de malditos desmantela el ideario de la derecha si se deja amedrentar, porque la proscripción de los individuos acaba proscribiendo las causas.Esa fue la motivación de la memoria histórica en España. Lo de menos es qué se piense de Franco. Lo decisivo es el efecto que supone colgarle a cualquier iniciativa el sambenito de franquista, ya sea el respeto a la vida humana no nacida, la defensa de la familia o una educación respetuosa con la verdad, la autoridad y la tradición.Ramiro de Maeztu, un proscrito desde que su vida y su pensamiento viraron en sentido tradicional y católico, aportó como remedio para el combate político-cultural, donde, en última instancia, en cada batalla solo hay dos bandos y una única trinchera en medio: “No desacreditar a los afines”.
domingo, 22 de julio de 2012
MALDITOS SEAN.
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