miércoles, 3 de mayo de 2017

EL INFIERNO QUE MÁS DUELE; POR MODESTO BARRAGÁN













Diario de Cádiz

Ojalá no me falle nunca la memoria y no olvide que uno de los peores males del mundo es el de Alzheimer. Pero si, como desgraciadamente le ha ocurrido a mi padre, cayera en los brazos de este cruel demonio, dejo por escrito parte de las emociones que remueven mi alma para que nunca os invada el olvido.
Me dolió el daño en su memoria cuando más cosas tenía que contarme, me conmovió cuando poco a poco le fue impidiendo andar, sufrí al ver llorar a mi madre en su primer día de paseo en silla de ruedas. No le bastó causar tanto dolor a este demoniaco mal y, lentamente, como todo lo que hace, invalidó sus manos, le aniquiló el control de lo más básico ... y no podía imaginar que aún nos quedaba lo peor. Su infierno nos preparaba un terrible final, una última semana que no olvidaremos jamás ninguno de los que estuvimos a su lado, siete interminables días contemplando impotentes cómo devoraba a un hombre bueno con la mayor de sus crueldades, torturando su ya más que deteriorado cuerpo, deteriorándolo hasta límites inimaginables. Por contra sí que lucharon por su bienestar con insuperable bondad sus cuidadoras María Magdalena Bullón, Joaqui Puerto y Remedios Rodríguez, para siempre ya integrantes de mi familia. Y junto a ellas los profesionales de la sanidad pública del centro de salud de Ubrique, en particular del servicio de emergencias del 061 y su médica Noemí Jiménez del Marco que, más allá de sus obligaciones, ofrecieron lo que más se necesita en estos casos; humanidad y buenas maneras.
Entre tanto infierno ellos sí que han sido la gloria, la misma que se han ganado como nadie mi madre y mi hermana. Así que nadie me hable de otras glorias estos días sino quiere llevarse de un golpe toda la agresividad que acumulo tras más de seis años de degradación humana.
Es el durísimo día a día que padecen solo en nuestro país más de 600.000 enfermos con sus familias y 45 millones de personas en el mundo, las apabullantes cifras alarmantemente in crescendo de la principal causa de demencia conocida.
Este año me quedo sin tus gamones, papá, pero sé que por ti y por tu memoria, me los regalarán por todas partes. Los crujiré con toda la rabia que durante estos días alimentó mi impotencia, la misma de tantos hogares.
Creía que era imposible quererte más pero, tras verte estos días batiéndote extenuado contra el mal, ahora me desborda mi admiración por ti. Te querré hasta el fin de mis días agradecido por tanto amor heredado.

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