lunes, 22 de mayo de 2017

DISCERNIR PARA EVITAR LA CULTURA DEL "ZAPPING"

ZENIT – Espanol


El Santo Padre recibe a las participantes del Capítulo general de las Pías Discípulas del Divino Maestro
Las Pías Discípulas del Divino Maestro con el Papa (Osservatore © Romano)
Las Pías Discípulas Del Divino Maestro Con El Papa (Osservatore © Romano)
(ZENIT – Ciudad del Vaticano, 22 May. 2017).- El habito del discernimiento sirve para evitar la cultura del Zapping, rezando sin cansarse ‘Señor, ¿qué quieres que haga?’, con la auténtica alegría de la evangelización que lleva a salir a las periferias.
Lo indicó el papa Francisco este lunes por la mañana en la Sala del Consistorio del Palacio Apostólico Vaticano, al recibir en audiencia a las participantes en el Capítulo General de las Pías Discípulas del Divino Maestro.
En un gesto muy paternal el Santo Padre inició disculpándose porque la audiencia había iniciado un poco más tarde, pues había recibido a los obispos de Guatemala en visita Ad Limina y la reunión se había alargado. Y bromeó, que “como sucede siempre la pagan las monjas”.
Saludó a la nueva Superiora General y a las nuevas consejeras electas en el Capítulo general, deseando frutos de comunión, “abiertas al Espíritu Santo, el Maestro de la diversidad, Maestro de la  unidad en las diferencias”, cultivando así la aceptación mutua. “Porque las divisiones, las envidias, los cotilleros destruyen una Congregación”, dijo.
Les recordó que tienen en común con la familia Paulina al padre y fundador, don Giacomo Alberione, y en el caso de ellas el servicio litúrgico y el cuidado  de los sacerdotes.
El Pontífice señaló que “el Capítulo es tiempo de escucha del Señor que nos habla a través de los signos de los tiempos, tiempo de escucha mutua y, por tanto, de apertura a lo que el Señor nos comunica a través de los hermanos”, lo que requiere “apertura de la mente y del corazón”.
“En este tiempo  de grandes desafíos, que requieren de los consagrados fidelidad creativa y búsqueda apasionada, la escucha  y el compartir son más necesarios que nunca si queremos que nuestra vida sea plenamente significativa para nosotros y para las personas que encontramos”, les dijo.
Les invitó así a “mantener un clima de discernimiento, para reconocer lo que pertenece al Espíritu y lo que es contrario a él”. Porque la cultura en la que estamos inmersos nos presenta todas como válidas y todas como buenas, pero si no queremos ser víctimas de la cultura del zapping y, a veces, de una cultura de muerte, necesitamos incrementar el habito del discernimiento, formarnos y formar al discernimiento”, para ello rezando sin cansarse: “Señor, ¿qué quieres que haga?”, “¿Qué quieres que hagamos?”.
Les señaló que “el Capítulo también es el momento de renovar la docilidad al Espíritu que anima la profecía”, y en primer lugar, la profecía de la alegría que nace del encuentro con Cristo en una vida de oración personal y comunitaria, en la escucha diaria de la  Palabra, en el encuentro  con los hermanos y hermanas, en una grata vida fraterna en comunidad, inclusiva  de la fragilidad, y en el abrazo de la carne de Cristo en los pobres. Profetas de una alegría que proviene de sentirse amado y, porque amados, perdonados”.
“La alegría es una hermosa realidad en la vida de muchos consagrados, pero también es un gran desafío para todos nosotros”, una alegría que les “llevará a salir a las periferias  participando  en la alegría de la Iglesia que es la evangelización”.
Y que “el diablo dirá: “Somos pocas, no hay vocaciones…” Y así la cara se pone larga, larga, larga. ..y se pierde la alegría, y acabamos estando resignados”. Y exhortó: “No, no se puede vivir así: la esperanza de Jesucristo es alegría”.
“También les animo –prosiguió el Papa– a ser profetas de esperanza, con los ojos fijos en el futuro, allí donde el Espíritu empuja, para continuar a hacer grandes cosas”.
“No se unan a los profetas de desventura, que hacen tanto daño a la Iglesia y a la vida consagrada; no cedan a la tentación del adormecimiento –como los apóstoles en Getsemaní– y de la desesperación”.
Les animó así a fortalecer la vocación de “centinelas de la mañana” para “despertar al mundo, siempre con la sonrisa, con la alegría y la esperanza”.

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