lunes, 2 de febrero de 2026

OVEJA NEGRA

 



A nivel familiar este término se suele usar para definir a las personas que nadan contracorriente, que rompen las reglas transmitidas de generación en generación.

Y a nivel social son todos aquellos que no se adscriben al pensamiento único, a un argumentario definido, al “esto es lo que hay, los que no siguen el paso de los demás sino que razonan con hechos y palabras, que tienen propia opinión y además las transmiten a los demás de forma pública, en definitiva son todos aquellos que son libres, que no entran en patéticas discusiones barriobajeras a través de las respectivas redes sociales, las que siguen su camino, los que son condenados por esta tendenciosa sociedad y los poderes que la manejan a un total ostracismo, porque los quieren apartar de todos los segmentos donde su sola presencia puede hacer daño a los que caminan ciegos, mudos y sin pensar demasiado.

Desgraciadamente ovejas negras existen en todos los ámbitos y sectores. En el trabajo, estudios, amistades, incluso en apostolados y carismas, en todos en general, también el cofrade. Pienso que llevamos muchas generaciones adscritas al pensamiento único y eso hace que los que detentan el poder, el que sea, se vean en posesión de la verdad y los que ellos dicen y dictaminan va a misa o por lo menos así lo creen. En cuanto alguien difiere de esa opinión y además muestra argumentos sólidos se convierte de golpe y porrazo en un apestado o lo que es lo mismo, en una oveja negra.

Asumir que eres un paria en el lugar que has crecido y has pasado muchos años de la vida es realmente difícil pues sientes que las miradas se clavan en ti, intentan hacerse el tonto, que es una forma coloquial, de fingir desinterés y desapego con la persona que esta frente a ellos y solo porque una vez se le ocurrió discrepar de la forma de hacer y actuar de aquellos que hasta ese mismo momento eran verdaderos “amigos y hermanos”. Este tipo de afrentas tienen mucho en común con los pueblos donde las filias y las fobias pasan de generación en generación.

Con el paso de los años, décadas incluso, con los sufrimientos y padecimientos que han ido moldeando el camino existencial de todos sin excepción, la oveja negra piensa que, a lo mejor, pudiera ser, que las palabras y argumentos que ocasionaron tan brutal distanciamiento se hayan diluido como azucarillo en el agua. ¡Para nada! Todo sigue igual. Y es que en definitiva nos sobra soberbia y nos falta humildad para tender la mano, para dar un abrazo sincero donde todo queda perdonado. En cambio, te encuentras que aquél con el que tuviste una discordancia ahora ostenta la máxima responsabilidad y no solo te acoge, sino que despide con su mirada, volviendo la cara en público para que quede constancia de que eres un defenestrado, de que estás condenado a ser la oveja negra por toda la eternidad.

Nos gloriamos de decir que somos discípulos de Cristo, pero nos falta su mansedumbre y humildad para llevar su yugo.

Jesús Rodríguez Arias


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