domingo, 21 de mayo de 2017

* HASTA SIEMPRE PADRE SALVADOR!



La verdad es supe de la gravedad de la enfermedad que aquejaba al Padre Salvador hace unos meses y desde entonces lo he tenido todos los día en mis recuerdos y oraciones. Lo vi al frente de las celebraciones litúrgicas de esta pasada Semana Santa en su Iglesia de San José de Cádiz y ya mostraba bien a las claras que su final se acercaba a pasos agigantado.

Tuve la oportunidad de conocerlo muy en profundidad, de tener una buena amistad, con sus grandes diferencias y similitudes, y por eso justamente, en honor a su memoria he escrito este artículo publicado en exclusiva en INFORMACIÓN en el apartado que dirige y coordina mi buen hermano Pepe Moreno Fraile y que reconozco nunca habría querido escribir.

Hoy todos lloran al Padre Salvador. La mayoría desde un corazón limpio y agradecido y otros por pura "conveniencia" pues le hicieron mucho daño. Ellos saben quienes son y yo también sé quienes son ellos.

Este artículo es una despedida a modo de "hasta siempre".

Jesús Rodríguez Arias 


¡HASTA SIEMPRE PADRE SALVADOR!

La imagen puede contener: una persona, sentada e interior


¡Qué empecinado eres Salvador! Cuando todo el mundo te daba por muerto tú, llevándole la contraria a todos, seguías viviendo para ofrecer el último testimonio del poder de Dios al que servías como buen pastor pues nadie salvo Él es el que tiene la llave de la vida y de la muerte.

Aunque durante varios días y sobre todo el lunes 8 y la madrugada del martes 9 de mayo tu vida pendía de ese hilo que maneja el Señor y habíamos asumido de que más pronto que tarde llegaría esa noticia que no por esperada era menos dolorosa. El Padre te llamó y tú te marchaste cuando las seis y unos minutos de la madrugada. No os puedo negar que guardo un profundo cariño personal por el Padre Salvador Rivera que no solo se ha mantenido sino también reforzado a pesar de las diferencias que pudimos tener en una parte del camino de nuestras vidas. Dicen que no es de bien nacidos el no ser agradecidos y esto último siempre rondará mi corazón cada vez que piense en este buen Cura gaditano que desarrolló un importante ministerio pastoral en San Fernando, primero en la Parroquia de la Sagrada Familia y más tarde en la del Santo Cristo. También ejerció de Arcipreste de la Ciudad y hay que reconocer que su gestión en términos generales fue muy buena pues supo darle su sitio a todos los que no lo tenían.

A nivel personal puedo decir que gozamos de una buena amistad donde la verdad y la sinceridad prevalecieron siempre. Fue el sacerdote y también amigo que me acompañó en mi noviazgo, fue el cura que nos casó presidiendo la ceremonia aquél 1 de septiembre de hace 10 años en la jerezana Iglesia de San Juan Bautista de los Descalzos, tuve el honor de que me eligiera como su presentador en el Pregón de la Semana Santa de 2008 y colaborar con él tanto como catequista de Confirmación o llevando junto a mi mujer la Pastoral Familiar del Santo Cristo. Lo conocí muy bien porque compartimos mucho.

Ese nivel de conocimiento y también de colaboración hizo que gozáramos de una buena amistad y ahora que ya hace un tiempo que ha marchado a la Casa del Padre tengo esa tranquilidad que da la conciencia pues siempre nos hablamos sin dobleces ni medias tintas, cara a cara, como hacen los verdaderos hermanos en una misma Fe. La vida y su discurrir hizo que con el tiempo nos distanciáramos aunque pienso que en verdad nunca nos olvidamos el uno del otro. Todavía recuerdo esa llamada a ese hospital de Madrid interesándose por mi estado de salud tras la operación que me practicaron hace poco más de tres años.

Salvador Rivera Sánchez fue un gaditano que amaba Cádiz, fue un cura de distancias cortas, que se involucraba en todos los lugares que su ministerio apostólico lo llevaba, fue un sacerdote que vivía en modo cofrade pues siempre supo del gran valor que tiene este apostolado en la Iglesia y en la sociedad.

Aún recuerdo como rellenó la hoja de inscripción como hermano de Afligidos delante mía en su despacho del Santo Cristo en medio de una de esas buenas charlas que manteníamos, recuerdo la ilusión que le hizo cuando le designaron Pregonero de la Semana Santa y me llamó a casa para comentármelo y ofrecerme ser su presentador, aún siento el inmenso dolor que le supuso las crueles críticas continuadas al texto de su pregón y aún recuerdo su cara de alegría cuando los hermanos de los Estudiantes reunidos en Cabildo aceptaban por unanimidad esa propuesta que tuve el honor de defender en su momento para que le fuera impuesta la medalla de oro de esta querida corporación nazarena donde cada Lunes Santo Jesús se encuentra con Su Madre en la calle de la Amargura.

No se me cae de la memoria su querida madre Doña Francisca, o Doña Paca como cariñosamente le llamaba, pues esta anciana mujer que se ha entregado por entero por Salvador ha visto como moría su hijo querido antes que ella. Me imagino de su inhumano sufrimiento que solo se puede sobrellevar desde la Fe y la Palabra de Dios a la que se dedicó su hijo toda la vida.

La Diócesis de Cádiz y Ceuta pierde un buen sacerdote que hizo mucho bien y que dejó un testimonio de esperanza en la Resurrección que se hizo más patente si cabe en todas las celebraciones litúrgicas de esta pasada Semana Santa cuando ya muy enfermo no quiso ceder su cayado de buen pastor en su Parroquia de San José.

Hoy escribo un artículo que no quisiera haber escrito y os puedo decir que siento un inmenso dolor por su muerte aunque comparto la alegría porque ya está junto a Dios, porque ya ha llegado a la meta.

Dios nos libre de la hora de las alabanzas, ¿Verdad Salvador? ¡Hasta siempre querido amigo!

Jesús Rodríguez Arias



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