domingo, 3 de marzo de 2013

DESDE VILLALUENGA: 1ª PARTE.


Soy de sueño profundo por lo que no es fácil despertarme. Gracias a mi despertador que cada día acude en mi auxilio puedo llegar a mi hora al trabajo.

En cambio en la madrugada del jueves 28 de febrero una tormenta llegó a despertarme aunque no hizo que mi ánimo se viniera abajo pues sabía, por la información meteorológica, que el jueves no llovería.

Y así fue, el día amaneció claro y frío. Nos despertamos a las ocho de la mañana e hicimos lo que se ha convertido en una liturgia para nosotros. Hetepheres avisa a su madre para llevarla a Misa mientras yo actualizo el blog tomándome un buen café muy cargado.

En medio de dicha actualización, el día daba para mucho porque era el último del Pontificado de Benedicto XVI, recibo en mi móvil un mensaje de mi amigo Berna Barea con una imagen de Villaluenga del Rosario nevada. La noche anterior había vestido de blanco las casas, las calles, la sierra, todo. Me decía: “Buenos días desde nuestro pueblo”. Le contesté que pronto nos veríamos allí pues dentro de un par de horas estaríamos por las calles de nuestro bendito pueblo.

Una vez terminado el blog, me arreglé, dispuse todo lo que tenía que llevarme, Hetepheres también tenía todo preparado, dejamos a Conchi en casa de su hermana y emprendimos viaje hacia Villaluenga del Rosario.

A lo lejos, mientras íbamos de camino, veíamos las cimas de las montañas con una bella capa blanca de la nieve caída durante esa madrugada aunque las carreteras estaban perfectas para circular.

Al llegar a nuestro pueblo nos acogió con los montes nevados así como los tejados guardaban, todavía, un poco de nieve como si hubieran esperado a que  nosotros llegáramos para mostrárnoslo.

Cuando llegamos a casa, desembarco de las cosas que llevábamos y mientras Hetepheres aparcaba yo me encargaba de ir guardando las mismas. En la casa, a pesar de los días transcurridos sin estar allí, se estaba más caliente que en la calle en el que frío era muy penetrante.

Cuando mi mujer llegó se encargó de encender la chimenea y decidimos comer en casa. Mientras ella iba a “La Covacha” a comprar algunas cosas yo me quedé en casa leyendo. Al salir me dijo que le diera el paraguas porque estaba nevando. Pequeños y finos copos de nieve caían del cielo de forma suave y uniforme.

Al llegar a casa ya había parado de nevar y mientras los dos disfrutábamos de la chimenea observamos por el cristal que una todo el horizonte se cubría de blanco y que nevaba con insistencia. Era un placer para la vista, para los sentidos el ver nevar desde la ventana de tu casa que envolvía con su calidez gracias a la chimenea.

Después de almorzar vino Mateo para traernos leña, lo vi muy cansado y nos contó el duro día que llevaba, por culpa de la nieve, con el ganado. Mateo es de esos hombres luchadores, trabajadores hasta el extremo aunque nunca pierde la sonrisa y los buenos modos. Tiene una vida dura aunque él la hace sencilla.

Me dormí, dormí una plácida y acogedora siesta hasta poco antes de la cinco de la tarde que me despertó Hetepheres para ver la salida de Benedicto XVI del Vaticano, de lo que era su despedida como Papa de la Iglesia Católica. Sabíamos que en muchos lugares del orbe mundial, y en España en particular, sonarían las campanas a esa hora como homenaje al Santo Padre, como despedida a Benedicto XVI en lo que  ha sido un magistral Magisterio al frente de la Iglesia Católica. La verdad es que esperábamos escuchar el repique de las campanas en Villaluenga porque el Párroco se había mostrado muy admirador de la figura del ahora Obispo Emérito de Roma aunque las campanas no sonaron de forma extraordinaria, no repicaron sino que dieron la hora como es habitual. Nos sorprendimos aunque  no le dimos importancia. El sábado le preguntaríamos a D. Francisco Párraga  esta inquietud nuestra y digo el sábado porque aunque el jueves es el día de Misa ordinaria en Villaluenga del Rosario el Párroco nos anunció el domingo pasado que por ser fiesta esta Misa quedaba suspendida. La verdad es que no entendimos ese razonamiento porque al ser fiesta era mejor motivo para que no se suspendiera porque habrían muchas más personas en el pueblo. Como así fue.

A eso de las seis de la tarde bajé un rato al Casino. Cuando salí de casa nevaba, pequeños copos de nieve caían del cielo sobre mi cuerpo y cuando llegué al Casino y me quité el sombrero los mismos cubrían parte del mismo. Allí estaba Fernando con su suegro echando una partida de cartas así como Rubi, Berna y todas las mujeres y  novias de todos los buenos amigos de mi querido pueblo. También estaba Alex, como siempre jovial, algún día hablaré de este chico que con sus valores podemos aprender mucho. Los saludé a todos y me puse en la barra. Estuvimos viendo “Andalucía Directo” en Canal Sur porque salía nuestro pueblo a causa de la nevada así como una serie de entrevistas a pie de calle a varios de nuestros vecinos. La primera ronda fue cosa mía, la segunda de Fernando y si hubiera seguido así todavía estaría en el Casino. Una buena copa de brandy de Jerez, un brindis por Villaluenga del Rosario, por nuestro querido pueblo, una buena tertulia con mucho que conversar, más que departir. Risas y buen ambiente así se me pasaron pronto dos horas y media. Más tarde se unieron, entre otros, Pedro, Gabriel y Diego. A eso de las nueve menos cuarto me despedí de todos los presentes y me marché para casa porque mi querida mujer estaba allí , delante del calor de la chimenea, y quería estar con ella. Antes de dirigirme para el hogar necesitaba que el frío puro refrescara mi cara y por eso me di una pequeña vuelta por el pueblo. Empezamos nuestra conversación que duró cerca de hora y media. A la hora que llamó su madre aproveché para darme una cálida ducha para después ver un poco la tele y cenar.

Antes de acostarnos decidimos que al día siguiente haríamos una caminata desde Villaluenga hasta Benaocaz. Caminaríamos cerca de 10 kilómetros, eso si no empezábamos otro sendero que nos encontráramos por el camino, como así sucedió, y con esa intención, nos derrotó el sueño y nos fuimos a la cama. Queríamos leer un poco, pero los ojos se entornaron y solo nos dio tiempo a apagar la luz.

Dormir en Villaluenga del Rosario es uno de los placeres más reconfortantes para el cuerpo que pueden existir porque se une la máxima tranquilidad, con el sosiego y el silencio absoluto.

Así concluyó el primero de los cuatro días que he pasado en Villaluenga del Rosario. El resto lo contaré en siguientes entregas de este apartado llamado "desde Villaluenga".








Villaluenga del Rosario nevada. Las siguientes tres fotos son  de mi amigo Bernabé Barea





No hay comentarios:

Publicar un comentario