domingo, 19 de febrero de 2012

TARDE DE DOMINGO; POR EL PADRE FORTEA.


  • RELIGION
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    El Blog del Padre Fortea por José Antonio Fortea

  • 19FEB 2012
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  • Tarde de domingo
    Tarde de domingo. Un momento perfecto para escribir un post mientras escucho música de Rachel Portman. Una música, como suele ser habitual en la autora, melodiosa, sinfónica y sentimental.
    Esta banda sonora es perfecta para una tarde gris de febrero. Una tarde en la que no tengo ningún amigo con el que pasear. Me gustaría dar un buen y largo paseo. He visto un trocito la película Pactar con el Diablo (Devil´s Advocate). Hace tiempo que no disfruto con una película, como lo hice con ésta. Creo que éste es un sentimiento común a más películas que vi hasta los treinta y cinco años, año arriba, año abajo.
    Eso sí, me consuela la magnífica lectura de La Regenta. El domingo por la mañana me he dedicado a escribir unas líneas de una de esas obras que voy construyendo con los años. Aunque esta obra impublicable no sé si plantearla como una especie de fantasía, de exceso, que pida la indulgencia de los lectores desde la primera línea. Porque esta obra que he acariciado tantos años, ¿cuántos lectores tendrá que lleguen hasta el final? Es una de esas cosas que está en el borde de todo. Una de esas cosas que no sabes si comenzar a escribirla, y si no hubiera sido más prudente abandonarla en sus primeras treinta páginas. Ahora ya es tarde para abandonarla. Siempre habrá lectores entusiastas que se adentrarán en su lectura recorriendo hasta la última cámara del libro.
    Si os digo la verdad, estoy deseando que llegue el verano desde esta tarde de invierno. El verano con sus calores, con sus excursiones urbanas por Madrid con las amistades, con esa querida ciudad, Alcalá, que se ha convertido en parte de mi vida. Alcalá y las amistades, mis paellas, mis sandwiches de salmón, todas esas pequeñas cosas. Las llamadas de fulano y de mengano que prolongo con placer una hora.
    En medio de estos pequeños placeres estivales y de mis labores espirituales parroquiales, habré en mi vida dejado una especie de laberinto literario en su mayor parte inédito, para que miles de personas se pierdan en él en los años siguientes.
    Intereconomía

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