martes, 7 de febrero de 2012

RUBALCABA NO PUEDE DEROGAR LOS ACUERDOS CON EL VATICANO.

Política | La Gaceta



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    Alfredo Pérez Rubalcaba pretende revisar los acuerdos con la Santa Sede. / EFE

    07 FEB 2012 | F.J.F. de la Cigoña

    Son tratados internacionales y para su abolición requieren una mayoría parlamentaria imposible de conseguir. Se suma a la izquierda más radical que no le ha dado votos en las últimas elecciones.

  • Los dos candidatos a la Secretaría General del PSOE aseguraban la repetición del zapaterismo, tal vez desprovista de los rasgos más visionarios y grotescos del anterior presidente pero en la línea de un Gobierno en el que Rubalcaba fue ministro del Interior y vicepresidente yCarmen Chacón ministra de Defensa. No era esperable renovación sustancial de ninguno de ellos y al menos en el anticlericalismo no la va a haber. Rubalcaba, ya con las riendas del poder aunque sea de ese PSOE en liquidación y que obtuvo por tan estrecho margen, aquí los dos patitos van a ser los dos faisanes, ha anunciado como una de las prioridades del partido, al parecer la primera pues ha sido la más concretada, la revisión de los acuerdos con la Santa Sede. Naturalmente en perjuicio de la Iglesia. Con lo que se ganará, todavía más, la animadversión católica
    Se suma así a lo que reclama la izquierda más radical y que no ha dado votos en las últimas elecciones. Ese caladero afortunadamente ya está agotado y hoy no tiene peces. Ni votantes. El propósito de Rubalcaba de denunciar los acuerdos entre el Estado Español y El Vaticano de 1979, acuerdos postconstitucionales, sobre asuntos jurídicos, enseñanza y asuntos culturales, asistencia religiosa a las Fuerzas Armadas y asuntos económicos, no pasa de un engañabobos o de un gesto hacia una galería a la que sólo puede ofrecerle sangre, sudor y lágrimas. El anticlericalismo hoy, afortunadamente, ya no vende. Fue sin duda un leit motiv del Partido Socialista Obrero Español y de ello queda trágica constancia en la historia de España. Las convocatorias recientes de actos o manifestaciones anticatólicas no reunieron ni a cuatro gatos. No hay masas que se movilicen por eso. Como las hubo en el pasado.
    Además, los acuerdos entre la Iglesia y el Estado, como tratados internacionales que son requieren para su derogación una mayoría parlamentaria de dos tercios imposible de conseguir, aun con una victoria del socialismo en las próximas elecciones de 2015, sin la cooperación del Partido Popular que no parece probable. Estamos pues ante una oferta similar a aquella del pleno empleo que ofrecióJosé Luis Rodríguez Zapatero aun con la absoluta certeza de que era de cumplimiento imposible. Y que yo creo que ni engañó a los suyos. Salvo tal vez a un mínimo grupo de analfabetos políticos, absolutamente ideologizados, que suele coincidir con analfabetos en el más propio sentido de la palabra. Suelen ser personas de la tercera edad, del medio rural, y que pese a tanto escándalo económico como se ha visto, con megaenriquecimientos de tanto político socialista, todavía siguen creyendo que ese es el “partido de los pobres”. Pero en cada elección que pasa ese grupo de voto cautivo tiene más claros. Los de aquellos que van dejando este mundo. Que vayan hoy a decirle a la juventud emergente y que no consigue un puesto de trabajo que la solución de sus problemas está en la derogación de los acuerdos entre la Santa Sede y el Gobierno de España. Aunque a una buena parte de esa juventud la Iglesia les importe un rábano.
    A un partido dividido, con muchos de los que hasta hoy habían vivido muy bien a costa de él pero que ya se encuentran en el paro, con unos sindicatos en liquidación y pudiendo llegar la cifra de quienes no tienen trabajo a seis millones de españoles no se le puede ilusionar con la vieja cantinela de lo malos que son los curas. Y parece que, de momento, eso es lo único que se le ha ocurrido a Alfredo Pérez Rubalcaba. Como no aporte más ideas al PSOE la recuperación pretendida no es que penda de un hilo, es que no hay ni hilo.
    Tomemos el exabrupto como necesidad de decir algo tras un día en el que vio que se le escapaba la secretaría general de los socialistas porque medio partido no se fiaba de él aunque enfrente tuviera algo tan endeble como Carmen Chacón. Que a punto estuvo de aguarle la fiesta. Esperemos que cuando asuma su responsabilidad de jefe de la oposición recurra a las ideas y no al grito.  

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