Vengo manteniendo desde hace tiempo que el Partido Popular, que indudablemente es un partido de mayorías en España, vive en una permanente contradicción interna, es un tira y afloja nocivo entre quienes quieren llevar el partido a la izquierda y los que, más conscientes del electorado popular, prefieren mantenerlo en el centro e incluso en el centro-derecha. Y en ambos casos, en un indiscutido liberalismo que le aleje de todo aquello que se pueda identificar con la etapa anterior a la actual democracia.
En ese contexto hemos de enmarcar la polémica de la semana protagonizada por la actual delegada del Gobierno, Cristina Cifuentes, y su propuesta de que el PP retire de su ideario la palabra "cristiano" por razones que, a pesar de haber explicado en distintos medios, no terminan de convencerme. Porque al final, la pregunta que no termina de responder esta señora es: ¿a quién puede hacer daño la palabra cristiano?
Ya sabemos todos que un partido del actual sistema político español, y en especial aquellos con representación parlamentaria, no va a declararse nunca confesional. Y probablemente, no sea necesario. Pero llevar en el ideario el término "humanismo cristiano" no es lo mismo que llevar simplemente "humanismo", por mucho que algunos entiendan que hablamos de lo mismo. El lenguaje no es neutro y el adjetivo "cristiano" tiene connotaciones claras, que no es necesario explicar y que agradan, no tengo duda, a la inmensa mayoría de los votantes del PP.
Ser culturalmente cristiano, sentirse orgulloso de nuestra tradición y de los valores que están en la Historia de España y de Europa, pensar que el cristianismo es la fuente de la que debemos seguir bebiendo para construir una convivencia en paz y libertad, es algo de lo que cualquier partido, y más el PP, debería sentirse muy orgulloso. Nada hay que desdeñar ni limpiar en todo ello; muy al contrario. Siendo fieles a la doctrina social de la Iglesia, tendremos la certeza de no errar y de caminar por el sendero correcto.
Lamentaría que el Congreso Nacional del PP certificase un alejamiento terminológico que, por otra parte, hace tiempo que se empezó a consumar por la vía de los hechos, con decisiones y actitudes que poco tienen que ver con las esencias del cristianismo, y mucho menos del catolicismo. No estoy llamando a la hipocresía..., simplemente creo que ese término, "cristiano", que para muchos puede "quitar votos", lo que da es una referencia, una brújula, que en tiempos revueltos como los actuales puede venir muy bien para no perderse.
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