miércoles, 8 de febrero de 2012

NUESTRO VIAJE.

De entre todos los inventos que han alterado la historia, la rueda debe ser considerada uno de los más importantes. La carretera moderna debería venir a continuación. Sin buenas carreteras, la civilización tal como la conocemos es imposible. Una de las razones de que el Imperio Romano tuviera tanto éxito en mantener la paz a lo largo de sus lejanas provincias fue su extenso sistema de carreteras. 
Las carreteras que utilizamos para trasladarnos no son las únicas carreteras de nuestras vidas. Somos todos peregrinos de un viaje que se inicia al nacimiento y finaliza en la eternidad. La carretera que recorremos en este viaje rara vez carece de dificultades. Para la mayoría de nosotros, está lleno de curvas y badenes, bifurcaciones y atolladeros. A menudo el camino es tan oscuro que apenas podemos ver lo suficiente como para poner un pie delante del otro. Una cosa es cierta, sin embargo. Nunca estamos solos en nuestro viaje. Dios siempre está con nosotros, animándonos en las montañas, refrescándonos en las llanuras, conduciéndonos a través de los ríos. Finalmente, cuando nuestra carrera termine, Dios también estará ahí para darnos la bienvenida al hogar. 

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