Monseñor Fidel Herráez, nuevo Consiliario Nacional de la ACdP
Este es un buen momento para un impulso renovador
Monseñor Fidel Herráez, obispo auxiliar de Madrid, ha sido nombrado Consiliario Nacional de la Asociación Católica de Propagandistas, cuyo carisma se orienta a la promoción y propagación de la fe católica, formando a sus miembros para que tomen parte activa y cualificada en la vida pública. He aquí sus primeas impresiones sobre la Asociación y sus obras:

Monseñor Fidel Herráez, junto al presidente
de la ACdP, don Carlos Romero
¿Cómo percibe la finalidad de la ACdP al servicio de la misión de la Iglesia y cómo ve el momento actual de la Asociación?
La Asociación Católica de Propagandistas acaba de cumplir un siglo de vida. Su rica y fecunda trayectoria de esos cien años, en la sociedad y en la Iglesia, es ampliamente conocida y reconocida, tanto social como apostólicamente. El Espíritu del Señor suscita siempre, en cada momento histórico, los carismas precisos para llevar adelante la misión evangelizadora de la Iglesia. Así nació esta asociación de seglares, con una vocación que se orienta, desde la fe católica, a la acción individual y colectiva en los diversos campos de la vida pública, inspirándose en el Magisterio social de la Iglesia y promoviendo la difusión del Evangelio con la palabra, la actuación y el testimonio. Así percibo ahora a esta familia centenaria, a través de las personas que la conforman y de las muchas y relevantes obras que promueven y llevan adelante, y me incorporo a ella con respeto por su trayectoria, con afecto por el compromiso cristiano de sus miembros y con actitud de servicio por ser la Iglesia quien me envía.
Del momento actual de la Asociación pienso que es un tiempo muy importante y especialmente propicio para retomar el carisma fundacional con toda esperanza y renovado dinamismo apostólico. Vivimos hoy, por una parte, la urgente llamada a la nueva evangelización, con la imperiosa necesidad de la presencia testimonial de los seglares católicos en medio de nuestro mundo. Y, por otra, la celebración reciente en la ACdP de su centenario es una motivación significativa y una oportunidad propicia para retomar las raíces fundacionales, así como para enfocar con nuevo vigor la finalidad de la Asociación y las respuestas cristianas más adecuadas en el momento presente. Sí, me parece que es un buen momento en ella para la escucha del Espíritu y para acoger y secundar su impulso renovador.

Un momento de la intervención de don José Luis
Gutiérrez en la presentación de las Obras completas
del cardenal Herrera Oria y de la Historia de la ACdP,
el pasado 25 de enero
¿Qué diría usted a los miembros de la ACdP para animar su tarea, ahora que empieza su segundo siglo?
En uno de los encuentros que ya hemos tenido, con ocasión de la presentación de los libros Historia de la Asociación Católica de Propagandistas y Obras completas del cardenal Herrera Oria, les ofrecía unas primeras reflexiones, al hilo de lo que voy percibiendo en estos primeros contactos con la Asociación, y de lo que ya conocía del querido cardenal Ángel Herrera Oria, al que sigo admirando y dando gracias a Dios por él. Pienso que la ACdP ha de esforzarse cuanto le sea posible por hacer la necesaria integración del pasado, el presente y el futuro. Y esto, del modo que mejor conduzca a poner a punto su identidad y misión.
Es necesaria la integración del pasado, haciendo memoria del enorme caudal de vida, que ha ido recibiendo, generando y entregando la Asociación en la Iglesia y en la sociedad, desde su nacimiento hasta hoy. Es preciso también evocar la huella espiritual que han dejado sus miembros (algunos en proceso de canonización); son los eslabones de una gran cadena que, para gloria de Dios, llega hasta nosotros como testimonio de servicio filial a la Iglesia y anuncio de la Buena Noticia en nuestra sociedad. Igualmente, hay que aprender de esa gran incidencia social y apostólica que ha tenido la ACdP a través del ejercicio de la profesión de sus miembros, actuaciones y proyectos en los diversos ámbitos de la vida pública, especialmente en el político, intelectual, cultural y eclesial.
Considero que los miembros de la Asociación han de integrar ese pasado en el presente: con agradecimiento a Dios y a quienes lo han vivido con tanta fecundidad evangélica; con fidelidad dinámica para mejor servir a la sociedad y a la Iglesia, en los nuevos tiempos y situaciones; con creatividad para llevar a cabo la misión, recreando los medios más propicios para los destinatarios de hoy; con prudencia, entendida como equilibrio y capacidad de aplicar los principios fundamentales de la ACdP a los cambios y situaciones concretas de la actualidad; con lasabiduría que da la experiencia de lo saboreado, de lo vivido, y la sabiduría que vela para que la sal no pierda su sabor. De este modo, se requiere, desde este presente, ir abriendo surcos de futuro, sabiendo que el futuro es de Dios y de aquellos que, con su ayuda y unidos, lo van construyendo cada día, atentos a los signos de su Espíritu y abiertos a su voluntad.
Es necesaria también la integración de esa historia concreta de la ACdP, que nos presentaban en varios volúmenes hace unos días, en la inmensa corriente de nuestra historia de salvación. Vivir también así, como historia de salvación, cada etapa del aquí y ahora que va recorriendo la Asociación. Abrirnos a Dios, que quiso entrar en la historia humana, para que, dejándonos conducir por Él, esté presente hoy en nuestras vidas y en nuestra historia.
Se necesita, igualmente, la integración del ser y del actuar de la ACdP, viviendo de forma efectiva el diálogo y la búsqueda común de la coherencia entre la identidad y la misión hoy, y tendiendo así al encuentro y complementariedad de las diversas posturas y consiguientes concreciones. Operari sequitur esse: las obras han de brotar de su ser e identidad. Y esto, referido tanto al actuar individual de sus miembros, en los diversos ámbitos de la vida pública, como al funcionamiento de las diversas obras educativas que se impulsan y sostienen según el espíritu de la Asociación. Estas obras tienen su origen, estructura y desarrollo en dependencia del carisma original. De ahí que se manifiesten con su identidad católica y que, como tales, deban llevar a cabo su misión. Así aparece en el amplio decálogo que está en los Principios orientadores de las Obras educativas de la ACdP, donde se acuña el humanismo cristiano que preside su planteamiento educador y evangelizador.

Miembros de la Escuela de Periodismo de El Debate,
con don Ángel Herrera (en el centro, sentado),
en 1926
Ha aludido antes a la nueva evangelización. ¿Cómo entiende que puede contribuir la ACdP, asociación de seglares católicos, a esta llamada concreta que hoy hace la Iglesia al pueblo de Dios?
El Santo Padre Benedicto XVI expresaba recientemente el deseo de que «el Año de la fe pueda contribuir, con la colaboración cordial de todos los integrantes del pueblo de Dios, a hacer a Dios nuevamente presente en nuestro mundo». Entiendo que la ACdP, cuya vocación sitúa a sus miembros en el corazón del mundo, en diversidad de tareas temporales, tiene ahí una singular misión. En este sentido, quiero recordar un texto de Pablo VI en la Evangeli nuntiandi, referido al compromiso evangelizador de los seglares, porque sigue siendo especialmente significativo y orientador para este momento. Refiriéndose a los seglares, dice que su tarea consiste en «poner en práctica todas las posibilidades cristianas y evangélicas escondidas, pero a su vez ya presentes y activas en las cosas del mundo. El campo propio de su actividad evangelizadora es el mundo vasto y complejo de la política, de lo social, de la economía, y también de la cultura, de las ciencias y las artes, de la vida internacional, de los medios de comunicación de masas, así como otras realidades abiertas a la evangelización como el amor, la familia, la educación de los niños y jóvenes, el trabajo profesional, el sufrimiento, etc.» Y continúa el texto: «Cuantos más seglares haya impregnados del Evangelio, responsables de estas actividades y claramente comprometidos con ellas, competentes para promoverlas y conscientes de que es necesario desplegar toda su capacidad cristiana..., tanto más estas realidades estarán al servicio de la edificación del reino de Dios y, por consiguiente, de la salvación en Cristo Jesús».
Me parece que es un buen programa para la ACdP, para quienes están realizando sus obras y para cada uno de nosotros.
Alfa y Omega
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