domingo, 19 de febrero de 2012

LOS CHINOS, MUCHO MÁS QUE TODO A 1 EURO.

Los chinos, mucho más que un Todo a 1 euro
Madrid ha puesto en marcha una capellanía para la atención pastoral de los inmigrantes chinos. También Valencia y Zaragoza han desarrollado iniciativas pastorales para atender a esta población, que cuenta con una pequeña, pero significativa minoría cristiana. El objetivo fundamental es fomentar el acompañamiento espiritual, y también el humano. «La población china en España no es feliz, porque se ve sola», y separada por muchas barreras culturales, advierte el capellán de Madrid, el padre Gao

Foto: Carlos Moreno.
La educación de los chinos de segunda generación,
en los mismos colegios que los niños españoles,
fomenta la integración salvando las barreras del idioma
y del desconocimiento de la cultura de la sociedad
de acogida
«La población china en España no es feliz, porque se ve sola, sin familia, sin amigos, sin apoyo de ningún tipo. Están agobiados, porque, como todos sabemos, realizan un trabajo duro que les provoca angustia, tensiones y desolación. Necesitan ayuda, acompañamiento espiritual, psicológico y humano», cuenta el padre Juan Gao, agustino recoleto de origen chino, sacerdote desde 1997, que trabaja en Madrid para acercar el Evangelio y el amor de Dios a sus compatriotas.
Desde 2007, la comunidad católica china en Madrid ya recibía un tratamiento pastoral especial -también son pioneros en esta labor en Valencia, de la mano del sacerdote don José Verdeguer, y en Zaragoza, con el sacerdote don Esteban Aranaz- en dos parroquias de la capital, Santa Rita -perteneciente a los agustinos recoletos- y Cristo Rey -en el barrio de Usera, donde vive un gran número de inmigrantes chinos-. Pero, desde el pasado 11 de octubre, se instituyó, oficialmente, la Capellanía para inmigrantes chinos en la Provincia Eclesiástica de Madrid, que no existía como tal, y cuya finalidad es «atender a los católicos chinos para que vivan una vida digna, tanto en la dimensión humana como cristiana», según el padre Juan Gao, nombrado capellán, y para llevar a cabo la tarea pastoral y evangelizadora, de modo «que mantengan una fe viva los que la tienen, y los que no, que conozcan la Buena Noticia». Unas 300 personas acuden, hasta la fecha, a recibir atención pastoral a ambas parroquias, «aunque hay muchos más cristianos chinos en Madrid -no se sabe el número exacto- que no pueden venir, sobre todo, por incompatibilidad de horario con sus negocios», explica el padre Manuel Piérola, español que ha vivido en Taiwán 50 años y acompaña al padre Juan en el trabajo de la Capellanía.
Actividad pastoral incansable
Gracias a la labor de capellanías como la de Madrid,
la comunidad católica china puede acudir a Misa
cada domingo y sentirse acompañada
La capellanía china en Madrid busca, a través de diferentes iniciativas, que «los fieles puedan llevar una vida más cristiana y feliz», según el padre Juan. Entre otras actividades, ofrecen la Misa dominical en chino, «núcleo de toda la actividad pastoral, cultural y social», afirma el capellán, y que se celebra todos los domingos a las 18,00 horas en la parroquia de Santa Rita. También ofrecen catequesis para niños y adultos, porque, como señala el agustino recoleto, «la formación de la fe es fundamental para la vida cristiana y para que la comunidad se desarrolle y crezca». También realizan cursos prematrimoniales en lengua china, «para que conozcan la doctrina de la Iglesia sobre el matrimonio, y los recursos que ofrece la sociedad a la familia», continúa el capellán. No se olvidan de la formación cristiana; para ello, «la comunidad edita una revista religiosa trimestral en chino, también para llegar a los que no tienen la posibilidad de participar en la celebración», una preocupación prioritaria en la tarea de la capellanía. El padre Manuel señala que «estamos visitando a muchos chinos en sus casas, porque no tenemos otro modo de llegar a ellos. Ahora, por ejemplo, el padre Juan se ha enterado de que hay algunos chinos en cárceles de Madrid y vamos a ir a visitarlos».
La integración, fundamental
La Capellanía también trabaja de cara a la integración de la comunidad china en la sociedad. El primer obstáculo a saltar es la gran barrera de todo chino en España: el idioma. Por eso, ofrecen clases de español a las horas que ellos puedan recibirlas -tarde, cuando cierran sus negocios-. «Cuando los hombres no saben hablar un idioma común, no pueden llegar a conocerse», afirma el padre.
Si el idioma es la primera barrera, la segunda es el conocimiento de la sociedad de acogida. Desde la Capellanía, organizan dos excursiones al año, «para que tengan tiempo de descansar y compartir tiempo con los amigos», y «para que conozcan las costumbres y la historia española, y visiten el patrimonio tan extenso de este país», señala el capellán.
La atención social también es prioritaria para el padre Juan: «Acompañamos a mis compatriotas al médico, les ayudamos a traducir documentos, a contactar con un abogado que les ayude en la defensa de sus derechos..., y hacemos una colecta para ayudar a quienes más lo necesitan». Pero es un trabajo que no pueden realizar solos: los católicos españoles tienen el deber de apoyar a sus sacerdotes en tareas como ésta: «Aún no he encontrado una cooperación entre chinos y españoles. Mi objetivo es que se llegue a la integración real en las parroquias, incluso en los actos litúrgicos», reconoce el padre Manuel.
Conflicto cultural chino-español
La cultura comercial china arrastra a la comunidad
a trabajar con horarios impensables para alcanzar
la riqueza
Pero todavía el chino es ese gran desconocido, tanto para los católicos como para la sociedad al completo, que tilda de hermética y proclive a formar guetos a la comunidad china. Y eso que fueron de los primeros inmigrantes que llegaron a España y llevan asentándose desde los años 80. Tanto es así, que, según datos del Instituto Nacional de Estadística, a 4 de abril de 2011, había un total de 166.223 ciudadanos chinos con residencia legal, constituyéndose como la sexta nacionalidad más numerosa.
Para Minkang Zhou, nacido en Shangai, profesor y Director del Máster EU-China, cultura y economía, de la Universidad Autónoma de Barcelona y Presidente de la Asociación de residentes chinos en Cataluña, uno de los grandes motivos del «conflicto cultural chino-español», tal y como él lo define, es «la ignorancia total de los habitantes de España sobre la cultura china actual, liderada por la ambición». Otro es, continúa, «la imagen que tienen los chinos del español, al que, generalmente, menosprecian» por su falta de esfuerzo en el trabajo. «Esta falta de entendimiento perjudica a ambas partes», señala el profesor, y pone de ejemplo a Francia, «donde ya se ha superado esta fase y ahora se benefician del respeto mutuo. Por eso, los turistas chinos van siempre primero a Francia», añade.
Esta falta de entendimiento se genera por muchas razones. Una de ellas, de gran peso, es la liberalización de horarios comerciales que han llegado de la mano de los trabajadores asiáticos, lo que supone una fuerte competencia para el resto de pequeños y medianos comerciantes. «Este comportamiento comercial viene de la tradición china, donde ningún establecimiento tiene horario fijo de apertura y cierre, todo depende de la demanda del mercado», explica el profesor. Esta forma de trabajar la aplican también aquí, en España, lo que, para Minkang Zhou, provoca un rechazo por parte de la sociedad española: «Los trabajadores chinos en España están mentalizados de trabajar muchísimo para conquistar la riqueza», razón también por la que aumenta el número de autónomos del país asiático -«el asalariado nunca tendrá la posibilidad de enriquecerse», afirma el profesor-. Según datos facilitados por diversas asociaciones de autónomos, en el primer trimestre del año 2011, dos de cada tres de las nuevas altas de autónomos extranjeros se correspondieron con trabajadores de nacionalidad china.
Primera y segunda generación
Zona de Madrid, en la plaza de Cascorro, copada
por comercios de origen chino
En el proceso de integración, hay una gran diferencia con los chinos de primera generación que viven en España, que llegaron a este país hace más de 20 años y «viven a la manera china, sin entrar en la sociedad de acogida por la barrera lingüística y cultural, e influenciados por el régimen totalitario chino», recalca Minkang Zhou. Pero la segunda generación, los hijos e incluso nietos de los primeros valientes que llegaron a un país completamente ajeno y con un alfabeto distinto, «han aprendido la cultura y el idioma en el colegio, y se sienten más españoles que chinos». Esto, según el profesor, provoca un conflicto en la persona, porque todavía en España «se les mira como a chinos. Por eso, algunos padres envían a sus hijos a recibir la educación en China, a partir de los seis años, para evitar este conflicto». No sólo. «También por la baja calidad de la educación en España, a criterio chino», señala, y pone el acento, por ejemplo, en la educación en Matemáticas recibida en este país, «muy deficiente comparada con la china». Aunque, como reconoce el profesor de Shangai, «los españoles saben mucho más que los chinos en el arte de vivir. El carácter abierto del español contrasta con el carácter chino, más introspectivo».
Fomentar la comprensión
Para el profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona, la solución al problema pasa por «fomentar la comprensión de la sociedad española hacia la comunidad china», y pone ejemplos para conseguirlo, como el de «formar equipos mixtos de trabajo y mediación cultural en las instituciones en materia de inmigración, que fomenten el conocimiento mutuo y ayuden a los chinos a integrarse en la sociedad española -para lo que se necesitaría, también, un grupo de asesores competentes que elaboren y ejecuten medidas eficientes de acceso a la comunidad china en España-».
El padre Juan Gao suscribe esta afirmación, y va más allá: «Los chinos son pacíficos, es fácil acogerlos y conocerlos, pero quienes los acogen tienen que conocer nuestra cultura, costumbres, manera de pensar... Lo ideal es hacer un esfuerzo para comprender al otro, y esto le corresponde, en particular, a la Iglesia local».
Cristina Sánchez

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