domingo, 19 de febrero de 2012

LIBROS QUE LLEVAN A ROMA.



Desde sus días hasta hoy, Chesterton sigue llevando a gente a la Iglesia

«Leer a Chesterton no es como leer a cualquier otro autor; te cambia la vida»: así lo afirma Dale Ahlquist, Presidente de la American Chesterton Society, que en unos días participará, en Madrid, en el Congreso internacional G.K Chesterton. 75 años después de su muerte. Renace el interés literario por Chesterton, pero ese interés va mucho más allá: como le sucedió a Ahlquist, la vida de muchas personas cambió tras leer al genial escritor inglés. A menudo, ese cambio culminó en la conversión al catolicismo

Hace unas décadas, se encontraban libros
de Chesterton de segunda mano por unos peniques.
Hoy, se reeditan continuamente
Hubo una época, en Inglaterra, en la que los conversos -no pocos de ellos escritores- llegaban a la Iglesia católica «de todas partes, como se reúne un ejército de hombres de todas clases». Era el final del siglo XIX y la primera mitad del XX. Así describió el escritor Hilaire Belloc el movimiento que Joseph Pearce ha definido, en su libro Escritores conversos, como el Renacimiento católico de Inglaterra.
Gilbert Keith Chesterton, él mismo escritor y converso, «fue probablemente, después del Beato John Henry Newman, la voz más influyente» de este movimiento.
Chesterton influyó, de forma más o menos directa, en la conversión de C.S. Lewis, autor de Las crónicas de Narnia -en su caso, la conversión fue al anglicanismo-; del padre Ronald Knox; de Graham Greene; de Evelyn Waugh, autor de Retorno a Brideshead; de Maurice Baring; de Dorothy Sayers... La lista sigue hasta nuestros días. Cuando Dale Ahlquist, fundador de la American Chesterton Society, leyó su primer libro de Chesterton -El hombre eterno-, durante su luna de miel, descubrió que «leerlo era distinto a leer a cualquier otro autor. Aunque acababa de graduarme en la universidad, me sentí engañado. Mi educación acababa de comenzar» -afirmó en una entrevista al semanario norteamericano National Catholic Reporter.
La afición por el autor inglés pasó de hobby a profesión. Y, «por el camino, me guió hacia la Iglesia católica». Ahlquist era baptista, y siempre intentaba ignorar que Chesterton había terminado siendo católico. «Con el tiempo, se convirtió en algo cada vez más difícil. Era la totalidad de su pensamiento lo que me había impresionado, y aun así no había aceptado el aspecto más importante de éste, la clave para todo lo demás». El día que descubrió eso, decidió hacerse católico. Entró en la Iglesia en 1997.
El anticatólico racista
Hubo otros muchos que, primero, se sintieron atraídos por las ideas sociopolíticas de Chesterton, para después convertirse. Es el caso del inglés Joseph Pearce, que descubrió la obra de Chesterton a los 19 años. En aquella época, era «un joven enfadado y muy anticatólico», que militaba en el Frente Nacional, partido de extrema derecha. «Yo estaba buscando una visión alternativa a los dos extremos del comunismo y el capitalismo global -reconoce-. El distributismo, enraizado en la doctrina de la Iglesia católica sobre subsidiariedad, ofrecía una tercera vía. Convertirme a las ideas políticas de Chesterton y darme cuenta de que estaban enraizadas en la filosofía política católica, me hizo abrirme por primera vez al catolicismo. Empecé a abrazar el realismo cristiano como filosofía».
De Chesterton, saltó a Belloc, Lewis, J.R.R. Tolkien y santo Tomás de Aquino. Eso sí, necesitó «un largo proceso de desarrollo intelectual y sanación psicológica y espiritual». Seguía implicado activamente en el Frente Nacional. De hecho, a los dos últimos autores los leyó mientras cumplía dos condenas por incitación al odio racial. Durante su segunda estancia en prisión, comenzó a ir a Misa. Cuatro años más tarde, en 1989, fue recibido en la Iglesia católica. En 1996, publicó Sabiduría e inocencia, su primer libro. Era «una acción de gracias a Dios por darme a Chesterton, y a Chesterton por darme a Dios».
Emborrachadora verdad
La influencia de Chesterton no se circunscribe al ámbito anglosajón. En 2009, el escritor don Juan Manuel de Prada afirmaba en nuestro semanario Alfa y Omega: «La lectura de sus libros ha abierto las esplendorosas estancias de la fe para muchas personas que deambulábamos por pasadizos sombríos. Muchos lectores de Chesterton hemos sentido, después de leer uno de sus libros, que en sus delicias paradójicas, en su luminoso afán polemista, en sus piruetas teológicas y en sus malabarismos poéticos se cifraba una emborrachadora verdad que danza y juega, la verdad de la fe cristiana. Y el sabor suculento de esa verdad no nos ha abandonado ya nunca».
Cuando murió Chesterton, el Papa Pío XI envió a su esposa y a su obispo un telegrama en el que lo describía como «hijo devoto de la Santa Iglesia, gran defensor de la fe católica». Aunque su Causa de canonización aún no está abierta, en la diócesis de Northampton se están poniendo los cimientos. De ser elevado algún día a los altares, Dale Ahlquist cree que en la decisión jugará un papel esencial, junto a sus virtudes cristianas, esta faceta de defensor de la fe y evangelizador: «Es un escritor que te cambia la vida. Ha sido una bendición contemplar cómo ha cambiado también la de otras personas».
Ingenio, humildad y caridad
Joseph Pearce recuerda que, cuando descubrió a Chesterton, de joven, pudo conseguir muchas de sus obras, de segunda mano, por unos peniques. Eran las décadas del olvido, durante las cuales «la bandera de Chesterton ondeó gracias a un puñado de incondicionales». Ahora, la reedición y el éxito de sus libros, la organización de eventos y otros indicios demuestran que el interés por Chesterton ha vuelto a renacer. De hecho, «su influencia es mayor ahora que en cualquier otro momento desde su muerte, y quizá es incluso mayor ahora, globalmente, que cuando vivía». Pearce relaciona esto con «un renacimiento de la ortodoxia y del espíritu evangelizador dentro de la Iglesia», gracias a los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI.
Asimismo, considera que Chesterton es un autor ideal para presentar el mensaje de la Iglesia en el momento presente: «En una época de relativismo, es difícil atraer a la gente al nivel de la razón objetiva. También es difícil, cuando el pasado se mira con desdén, atraerlos a una sabiduría de siglos. En una época así, hace falta usar la razón y la sabiduría con ingenio y encanto»; se debe defender la verdad «de forma entretenida y atractiva». Ése era el enfoque de Chesterton.
También se puede aprender de sus otras virtudes, como «su gratitud y su humildad», que eran contagiosas. «Sabía cómo estar en desacuerdo desde la caridad -añade Ahlquist-. Sabía cómo luchar por lo correcto. Sólo atacaba ideas, no personas. Sabía que había una llamada constante a la santidad». De hecho, «se le conocía como el hombre sin enemigos», a pesar de sus constantes polémicas con autores -y amigos- como Bernard Shaw o H.G. Wells. De hecho, este último llegó a decir: «Si voy al cielo -si existe ese lugar-, será porque era amigo suyo».
María Martínez López
Gilbert, un gigante difícil de abarcar
Es difícil que no parezca que se exagera a la hora de hablar de Gilbert Keith Chesterton. Su vida, su pensamiento y su obra son tan inabarcables, como lo era su misma envergadura física. Cada faceta suya es digna de atención: el periodista, ensayista, narrador de viajes y biógrafo; el literato que escribía con la misma soltura poesía, teatro, relatos cortos y sus peculiares novelas, llenas de ironía y onirismo; el ingenioso autor de citas y paradojas; el defensor del sistema económico distributista, que había ideado junto a su gran amigo Hilaire Belloc; y, la más importante de todas, el apologeta cristiano.
No hubo polémica en la que no se batiera y, sin embargo, su principal batalla la libró cuando era un joven estudiante de arte: fue una batalla contra sí mismo y contra el espíritu de su tiempo. Se tomó tan en serio el escepticismo y el subjetivismo, que llegó al solipsismo -pensar que sólo existe el pensamiento-. Ante estas oscuras ideas, estuvo a punto de hundirse en la desesperación, pero se sublevó, y consiguió convencerse de que la mera existencia era algo extraordinario. Este sentimiento de gratitud le acompañó el resto de su vida, y le ayudó a abrazar el realismo cristiano.
En 1908, se consagró como figura literaria cristiana, con la novela El hombre que fue jueves y con su Ortodoxia. En este último ensayo, quiso defender el contenido del Credo, común a todas las Iglesias. Desde entonces, gran parte de la sociedad consideraba a Chesterton ya católico, aunque tuvieron que pasar todavía 14 años hasta que, en 1922, fue admitido en la Iglesia católica.
El cristianismo ortodoxo que defendía era cada vez más católico. Pero Chesterton retrasó su decisión, refugiándose «en la idea, muy común en su época, de que la Iglesia anglicana era parte de la Iglesia universal o católica», explica Joseph Pearce. Llegó a un punto en el que vio que su pensamiento era incompatible con el anglicanismo, pero no dio el paso de la conversión inmediatamente. Quería entrar en la Iglesia junto a su esposa, Frances. Como ella se resistía, finalmente «se vio obligado a dar el paso» solo. Ella le seguiría cuatro años después.
Murió a los 62 años, en 1936, «pero habría sido mucho antes de no ser por su mujer -afirma el experto don Aidan Mackey-. Era totalmente distraído y dependiente de ella. Cuando estaban con más gente, miraba con ansiedad a su alrededor», si no veía a su esposa: «Puedo necesitarla en cualquier momento», afirmaba. No tuvieron hijos, lo que supuso «un golpe muy duro para ellos, porque les encantaban los niños». Seguramente, hoy le consuela saber que fueron muchos los que, agarrados de su mano, dieron sus primeros pasos en la fe.
Congreso, en la Universidad CEU San Pablo
El 14 de junio del año pasado, se cumplió el 75 aniversario de la muerte de G.K. Chesterton. La Universidad CEU San Pablo va a conmemorar esta efeméride con un Congreso internacional dedicado al escritor: G.K. Chesterton. 75 años después de su muerte.
El Congreso tendrá lugar los días 27 y 28 de febrero, y congregará a tres de los mayores expertos internacionales sobre Chesterton: Dale Ahlquist, Presidente de la American Chesterton Society; Aidan Mackey, que ha dedicado 60 años a preservar su legado literario; y Joseph Pearce, escritor inglés y profesor de literatura en la Universidad Ave María, de Florida.
También participarán los profesores don Tomás Albaladejo, de la Universidad de Bolonia, doña Rosario Gutiérrez y don Javier de la Peña, de la Universidad CEU San Pablo, don Salvador Antuñano, de la Universidad Francisco de Vitoria, y don José Ramón Ayllón, de la Universidad de Navarra, así como el periodista don Eulogio López.
Este encuentro es la culminación de toda una labor de varios años: desde hace ya cuatro cursos, la Universidad CEU San Pablo cuenta con un Club Chesterton, que ofrece la oportunidad de profundizar en su figura y en su pensamiento. Además, durante este curso y el que viene, la Universidad está desarrollando un proyecto de investigación más amplio, sobre los literatos ingleses conversos al cristianismo.

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