POR supuesto, no me refiero al honrado, aunque poco apreciado, gremio de sepultureros y afines, sobre el que nuestros sofisticados tiempos han provocado cambios tan llamativos como, a menudo, extravagantes. Dar sepultura a los muertos es la virtud básica y universal sobre la que se funda cualquier posible religión, y así lo han reconocido todas las culturas, ya que, entre otras cosas, sin ella no hay nada que el nombre de cultura merezca. Las empresas de pompas fúnebres asientan su piadosa actividad sobre un hecho biológico que no admite excepciones pero no sobre el crimen, de forma que la clave de su negocio no puede ser objeto de estimulación alguna por su parte ni se les ocurriría pedir la colaboración de la autoridad para incrementarlo. Lamentable inhibición que indudablemente lastra sus resultados.
Porque ninguno de estos absurdos prejuicios atenaza, sin embargo, la dinámica actividad de los verdaderos industriales de la muerte en nuestra avanzada sociedad. Según un informe realizado en la Universidad de Córdoba, sólo en Andalucía y en la década que media entre 1999 y 2008, el negocio del aborto habría facturado más de cien millones de euros. Si multiplicamos por cinco sabremos, poco más o menos, la cifra alcanzada a nivel nacional, y aún nos faltaría por conocer el suculento incremento de estos tres últimos años, en los que nuestros infatigables sacamantecas de bata blanca han logrado ya superar las cien mil criaturas anuales trituradas y desaparecidas por el sumidero. La mayor parte de esos cien millones los hemos pagado entre usted, amable lector, y el que esto escribe, tanto si nos oponemos como si nos encanta el aborto, pues el mismo informa precisa que “Andalucía es la única comunidad autónoma que reconoce la prestación del aborto dentro de su sistema sanitario y garantiza el acceso a la misma a través del concierto con las clínicas acreditadas, ante la mayoritaria objeción de los profesionales de la sanidad pública”. Inmunes a la crisis, más aún, beneficiándose de ella y de las dificultades de tantas mujeres a las que no se les ofrece más alternativa que el abortorio, los ingresos de estos paladines de la libertad y la salud reproductiva crecen a razón de una tasa acumulativa anual de casi el 13 por ciento. Mientras tanto, se niega toda ayuda pública a las asociaciones que se ocupan de esas mismas mujeres si deciden continuar con su maternidad. Antes del 25 de marzo, muchos andaluces querríamos saber qué piensan de todo esto los partidos que dicen necesitar nuestro voto.
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