domingo, 5 de febrero de 2012

A JAVIER ALMAGRO: EL VALOR DE LA HUMILDAD Y LA PRUDENCIA.

Decirte, querido amigo, que aparecer en este blog puede que moleste a alguno por el simple hecho de que somos amigos y eso, al parecer, no está del todo bien visto.

Hace mucho tiempo que te debía este artículo, te debía el dedicarte este blog por el cariño y sincera amistad que nos profesamos. Este blog sirve para mucho, pero también para dar el sitio que merecen mis queridos amigos. Algunos, como tú, que destacas por esa virtuosa prudencia y apabullante humildad que te hace ser una persona extraordinaria.

Tengo la dicha de conocerte hace ya varios años, cerca de cinco años, nos vemos poco; que si una Asamblea en Madrid, que si el Congreso de Católico y Vida Pública y, sobre todo, en el Curso de Verano que se organiza en Santander de donde eres oriundo.

La primera vez que nos saludamos estabas esperando el autobús que llevaba a los que veníamos de toda España desde Madrid a las puertas del Seminario de Monte Corbán. Allí estabas junto a José María y Esperanza. Eráis un equipo perfecto. Todo estaba atado y bien atado. Se notaba vuestras manos en todo, se percibía que la organización del tal evento estaba preparada hasta los más mínimos detalles. ¡Qué buenos los Cursos organizados por José María y por ti! Te puedo decir que no han habido otros como  aquellos y creo que  tardarán mucho tiempo en haberlos. 

Siempre admiré tu capacidad de trabajo desde el silencio, desde la humildad, desde la extrema prudencia. Siempre admiré, te admiré porque eras el tipo de  personas que vale la pena estar con ella porque se aprende todos los días.

Me acuerdo de tu salto de Santander al Consejo Nacional. Te lo merecías y te lo mereces porque eres la voz de los que no la tienen, eres el punto que equilibra, da sensatez, prudencia, moderación. Eres un CONSEJERO en el sentido más amplio de la palabra. Para ti el cargo no es uno como tal sino una labor de ingente servicio a Dios y a la Santa Madre Iglesia desde el carisma que has sido llamado y compartimos.

Cuando dejaste la Secretaría del Centro de Santander me entristecí, no te puedo decir lo contrario, creo que Alfredo lo está haciendo perfectamente y  se adapta, por su juventud, a los tiempos marcados. Tú no, querido amigo, tus tiempos son otros porque los tiempos que nosotros estamos acostumbrados son los que Jesús nos marca y ya sabemos que Él los mide de forma distinta.

Este año, si Dios así lo quiere, nos volveremos a ver en Santander. La forma, no lo sé, el sitio, tampoco, pero esta vez va a ser distinto porque este verano intentaremos quedar, tenemos que hacer un hueco, para brindar juntos por la amistad que nos une, por los caminos que recorremos para llegar al verdadero camino y por todo lo que hemos compartido y tendremos ocasión de compartir.

Mi querido Javier Almagro, mi hermano en la fe. Eres, pese a tu juventud, un claro ejemplo de lo que sería la élite herreriana y fiel seguidor del Padre Ayala, eres, pese a tu humildad y destacado sentido de la prudencia un hombre grande, un laico comprometido con tu fe, un valiente que da cara de día y noche por tus creencias, un católico que tiene el carisma de propagar todo lo que dijo Jesucristo, aunque como dijo en una entrevista nuestro querido Alfredo Dagnino: "A Dios no le hace falta propaganda". Estoy completamente de acuerdo con él, aunque somos nosotros los si necesitemos de forma vital que se nos hable de Él, de que nos llegue sus mensajes, lo referente a la Doctrina Social de la Iglesia así como del Humanismo Cristiano. 

Creo que tú, Javier, eres un auténtico humanista en un mundo deshumanizado. ¡Menos mal que todavía existen laicos comprometidos que son un auténtico referente!

Un fuerte abrazo de tus amigos y hermanos de Jerez,

Jesús y Hetepheres.

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