DOMINGO 12 DE FEBRERO DE 2012
Eder, yo & cía.
Algunas veces me he lamentado aquí por el violento golpe de soledad y edad cuando paso solo junto a un grupo de adolescentes. No ayer. Pasé a través de una pandilla numerosa de chicos y chicas, y ellas con patines, además, con lo que me gustan a mí los patines, y se reían, y eran muchos. Pero hacía cinco minutos, al salir de casa, había encontrado en el buzón un librito de Ramón Eder, titulado La vida ondulante, que está dedicado a un señor de lo más dedicable, a Karmelo C. Iribarren, y que debe su título al recuerdo que Josep Pla hace de Montaigne (trae la cita), y que abrí al azar, dándome de bruces con este oportuno aviso: "Si nos alejamos mucho de una tentación, caemos en la siguiente" y que en su nota de autor enumera como maestros, además de a Renard y a Lec, que son de los míos-míos, a Chesterton y a Borges, que también son de los míos, pero que no escribieron aforismos, con lo que estaba Eder guiñándole un ojo a mi alter ego el Barbero del Rey de Suecia… Parecería solo: iba muy acompañado. Apreté —un apretón de mano— el libro en mi bolsillo, agradecido.
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