sábado, 18 de febrero de 2012

BERZOSA, EL ZP DE LA COMPLUTENSE.


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    Sociedad | La Gaceta
    Carlos Berzosa en el acto de apoyo a Garzón que se celebró en la Universidad Complutense
    EXRECTOR DE LA UCM

    18 FEB 2012 | Sergio Larraín

    De la misma manera que un mal gobernante arruina una nación: ejemplo, Zapatero con España. Con similar talante, también un pésimo rector puede llevar a la quiebra a la mayor universidad de su país: caso de Carlos Berzosa y la Complutense de Madrid.

  • El próximo mes de mayo se cumplirá un año del adiós del profesorCarlos Berzosa Alonso-Martínez del rectorado de la UCM. En aquel momento el catedrático de Economía Aplicada realizó unas sorprendentes declaraciones que causaron pavor en el mundo universitario. “Se ha exagerado la deuda. Creo que dejo bastante bien a la Complutense”, manifestó entonces el barbado profesor. Hoy resultan mucho más que reveladoras aquellas afirmaciones, después de haberse hecho público el informe de la Cámara de Cuentas de la Comunidad de Madrid sobre la Fundación General de la UCM: 11 millones de euros sin justificar en una promoción de viviendas; 3,7 millones también no justificados, en el pago a investigadores; continuos viajes a Atenas por cientos de miles de euros sin justificar y, finalmente, 50 privilegiados con mejoras retributivas en su sueldo por encima de lo estipulado en el convenio.
    Asalto y profanación
    Y lo anterior solamente es la punta del iceberg de la losa deficitaria que arrastra la universidad madrileña. Según los últimos datos reconocidos por el rectorado, se deben más de 180 millones de euros. Tal es el escándalo originado, que la Comunidad de Madrid, a través de su presidenta Esperanza Aguirre, está estudiando llevar a Berzosa ante los tribunales: “Carlos Berzosa tiene que explicar algunas actuaciones suyas en el cargo que parece que comprometen el prestigio de la institución universitaria”.
    Si graves fueron el despilfarro y la quiebra económica generados, peor ha sido el ambiente de degradación, sectarismo y politización que sembró Berzosa, florecido bajo su mandato y que, todavía hoy, sigue dando sus frutos en forma de intransigencia, falta de libertad y envilecimiento institucional.
    El asalto y la profanación de la capilla de Somosaguas por un grupo de estudiantes (algunas de las cuales se desnudaron delante del altar de cintura para arriba); el impedimento para que destacados políticos (como, por ejemplo, Rosa Díez o Josep Piqué) pudieran realizar intervenciones públicas en laFacultad de Ciencias Políticas y Sociología; o la realización de homenajes partidistas (con cargo al presupuesto público) a delincuentes ya condenados por delitos tan graves como el de la prevaricación (caso del acto organizado por CCOO y UGT en homenaje al exjuez Baltasar Garzón) son la demostración más evidente de cómo Berzosa ha convertido la Complutense en el cortijo particular de la izquierda más radical de Europa.
    Republicanismo incívico
    El profesor Berzosa presume de ser miembro de la generación del 68 y, también, de haber militando durante su juventud en la OMLE (Organización Marxista Leninista de España), un partido maoísta al estilo del Sendero Luminoso peruano (eso sí, sin guerrilla y sin su presidente Gonzalo). Berzosa estuvo nada más y nada menos que 14 años al frente del decanato de la Facultad de Económicas y tomó el rectorado de la Complutense gracias a la idea del PP de cambiar el sistema de elección de los rectores de las universidades públicas, llevando el sufragio universal a los campus de toda España. Circunstancia que posibilitó que todos los miembros de la comunidad universitaria, desde las señoras de la limpieza, pasando por los estudiantes, hasta los profesores y eméritos, tuvieran voz y voto ponderado para elegir rector. Resultado: la derecha y los sectores conservadores perdieron el poder en la mayoría de los paraninfos españoles.
    Pero la similitud más importante que existe entre ZP y Berzosa la encontramos en la actuación de ambos como apóstoles de una nueva religión política: la izquierda posmarxista o el también llamado “republicanismo cívico”. Esto es: el combate entre lo que para ellos representa el ‘bien’ (progresismo, laicismo radical, los llamados derechos civiles) contra la encarnación del ‘mal absoluto’ (religión católica, derecha, liberal-conservadurismo).
    Esta instrumentalización de la política como sustituta de la religión es lo que también se ha definido como “la libertad de no dominación”. Una concepción ideológica que sigue considerando la libertad como un otorgamiento estatista propia de la Ilustración: la libertad concedida por el Estado. El nuevo pope de esta religión laica es el filósofo irlandés Philip Pettit, cuyas teorías se suelen englobar bajo los enunciados del “republicanismo cívico” o del llamado “liberalismo republicano”.
    Frente a esta idea totalitaria se hace más que necesaria la defensa de la libertad como valor consustancial a todos los hombres: la libertad que está en la naturaleza del género humano, la libertad ontológica, del hombre. No la concedida por el Estado. Para entender esto, tanto Zapatero como Berzosa tendrían que haber pasado por la Universidad. Pero no, precisamente, por la Complutense.
    Al final de la escapada de sus vidas públicas, Zapatero y Berzosa vieron cómo se divorciaban sus líneas paralelas. El exrector de la Complutense siempre soñó con llegar al Ministerio de Educación. Ángel Gabilondo, que había sido rector de la Universidad Autónoma, se le adelantó por la derecha. La cabra siempre tira al monte, y como venganza tabernaria Berzosa, ya despojado de orla y bonete rectoral, apoyó públicamente a Izquierda Unida en contra del PSOE en las pasadas elecciones del 20-N.

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