Quien escribiera: "Palos y piedras pueden romper mis huesos, pero las palabras nunca pueden herirme", nunca fue objeto de una mentira. El daño infringido por las palabras maliciosas pueden ser tan doloroso y duradero como cualquier herida física.
Tratar de combatir una sucia mentira es como combatir una quimera. Cuanto más fuertemente protestemos, mayor número de gente creerá la falsedad.
Cuando somos víctimas de una mentira, es útil recordar que las acciones hablan más alto que las palabras. En vez de tratar verbalmente de convencer a otros de nuestra inocencia, haríamos mejor en demostrar nuestra integridad viviendo con dignidad, honradez y gracia. Aunque podamos tener la garantía de que nuestros atormentadores se arrepentirán, podemos tener la seguridad de que no nos habremos rebajado hasta su nivel dignificando su difamación con nuestras protestas.
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