
- COMUNISMO
- Pedro García-Luaces.- El histórico comunista, que visitó al sanguinario Kim Il-Sung en los ochenta, quedó fascinado con el sistema tiránico establecido en Corea del Norte.

14 ENE 2012
- Dicen que la misma tarde de la muerte de Kim Jong-Il, cuando su cadáver estaba aún tibio, un ave de color blanco, más grande que una paloma, se posó en una de sus abundantes estatuas y picoteó sobre sus hombros, para liberar de hielo y nieve aquellas espaldas que habían cargado en solitario con el peso de toda una nación. El invierno había sido frío en Corea y aunque el ‘querido líder’ tenía el poder de controlar los elementos, parece que fueron las bajas temperaturas lo que terminó por quebrar su delicada salud. Anunciada su muerte, en la frontera que divide a las dos Coreas relampaguearon destellos azules seguidos de sonoros truenos, como si el cielo, desgarrado de dolor, se retorciera ante una pérdida de tan cósmicas proporciones. En esa misma frontera que llaman zona desmilitarizada pese a ser la zona del mundo con más soldados por metro cuadrado, las máquinas quitanieves alzaban sus palas a un lado del muro, mientras que al otro, los esforzados cabos de guardia arrastraban sus escobas para abrir un paso entre la nieve. Ambas economías no distaban mucho al terminar la guerra de Corea. Desde entonces, Corea del Sur ha cambiado sus calles de tierra por modernos rascacielos, encaminada progresivamente hacia un sistema democrático -que lograría en 1987- y capitalizando el milagro económico de los ‘pequeños dragones’ asiáticos; mientras que sus hermanos del norte navegaban en medio de un engendro ideológico quetomaba lo peor del estalinismo y del maoísmo.El culto demencial. La muerte del ‘querido líder’ norcoreano ha puesto más luz sobre este país en las últimas cuatro semanas que en las cuatro décadas anteriores, si exceptuamos la muerte en 1994 deKim Il Sung, padre de Corea del Norte y presidente perpetuo de la república. Del país que deja esta atípica dinastía dan hoy fe toda clase de testimonios: un territorio cerrado a la comunicación, impregnado de una enloquecida propaganda y de un culto demencial por su líder, militarizado y burocratizado hasta el extremo de necesitar un salvoconducto para cualquier movimiento, pobre y famélico hasta el drama de la muerte por inanición. Un país tan hermético y aislado que parece no haber existido nunca.De ahí que resulte difícil discernir qué lugar fue el que visitó Santiago Carrillo a principios de los ochenta, para confesar sin rubor en sus memorias que la ciudad de Pyongyang estaba “limpia como una patena que parecía un jardín; árboles, césped, amplias calles; tuvimos la impresión de llegar a una ciudad del futuro”. Del ‘gran líder’ Kim Il Sung, “uno de los hombres más leales en la amistad que he conocido”, dijo lo siguiente: “En Occidente no se le conoce; la versión que se tiene de él, un ‘tirano sangriento’, no se corresponde con la realidad; no es así como le ve su pueblo ni como le he visto yo”. Y en cuanto a la relación con su pueblo, dirá más adelante: “Yo he visto a Kim Il Sung en la calle entre su pueblo y no puedo hablar de adhesión y simpatía popular como podemos conocer en Occidente hacia los gobernantes; he presenciado un fervor delirante, volcánico, inaudito, de los que no están montados por encargo, sino que son espontáneos y sinceros”. Y uno se pregunta, ¿no le pareció sospechoso un fervor semejante? ¿Le pareció ‘sincera y espontánea’ la disparatada deificación de un hombre al que se le ponen atributos como ‘luz del género humano’, ‘estrella polar del pueblo’ o ‘cima del pensamiento’?Para Carrillo, el surrealista sistema juché que en la práctica solo sirvió para terminar de acorazar el país contra el exterior “simboliza la decisión de que el pueblo coreano se gobierne a sí mismo, contando ante todo con sus propias fuerzas, sus propias ideas”. Como una democracia, pero mejor aún, parece decir.Al final de su relato, Carrillo afirma que el inicio de la guerra de Corea (1950) viene poco menos que por aclamación popular y que el sur acogió la invasión con extremo triunfalismo hasta el punto de que, al contrario de lo que sucedía en la República Democrática de Alemania, en el caso de Corea era la parte comunista la que atraía a sus vecinos del sur, que escapaban de forma masiva para vivir en el paraíso comunista, lo que obligó a los americanos a levantar un muro para detener la sangría.Carrillo llega a decir que Kim Il Sung propuso el libre tránsito de ciudadanos entre las dos Coreas.En los últimos días, Corea del Norte ha amenazado a sus vecinos del sur con un ataque total de su ejército, si no quitaban su infame propaganda capitalista -un árbol de Navidad- de la frontera, para no perturbar la visión de su amado pueblo. Visto lo visto, del libre tránsito entre países, mejor no hablar.Un millón menosEn Corea se escenificó el primer acto de la Guerra Fría tras la caída de Japón. Los soviéticos tomaron el norte y los americanos el sur, dejando a las Naciones Unidas el encargo de unas elecciones libres que unieran ambas Administraciones. Dichas elecciones nunca se produjeron. El norte se militarizó con rapidez y los americanos, siguiendo el intencionado ejemplo de Stalin, tuvieron que desocupar el sur dejándolo indefenso. Kim Il Sung, antiguo combatiente contra la ocupación japonesa, se erigió en presidente en 1948 y como primera medida de fuerza, quiso lanzarse a la conquista del sur, lo que Stalin no le permitiría hacer hasta 1950. Seúl caería en solo tres días, pero el general MacArthur ya preparaba una respuesta al mando de un contingente de la ONU. MacArthur recuperó Seúl y llegó a tomar también Pyongyang, pero al llegar la refriega al río Yalu, en la frontera con China, despertó el gigante asiático enviando a cientos de miles de voluntarios a equilibrar una guerra que se sostendría durante tres años más y que dejaría las cosas igual que al principio, pero con un millón de coreanos menos.
Este blog se fundamenta en la defensa de los valores del Humanismo Cristiano así como medio de expresión para cualquier persona que quiera defender, con valentía, su fe, sus creencias, sus ideas o su forma de pensar.
sábado, 14 de enero de 2012
CARRILLO EN COREA, ENCANTADO CON LA TIRANÍA.
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