Más que con la inteligencia piensas con el corazón.
Con el corazón miras a las personas y a las cosas. ¡Lo observas todo con el corazón! Las relaciones con los demás dependen de tu corazón. Defiende con toda tu inteligencia y todas tus fuerzas aquello que desea tu corazón. Tu corazón escoge las ideas, la política, el sistema por los que quieres trabajar y luchar a diario.
El corazón oscurece o ilumina la razón. La regla que nunca falla para el corazón es el amor. Si tu corazón está lleno de egoísmo y desconfianza, no encontrarás nunca una senda de paz. Lo demuestra el fracaso de todas las "mesas redondas" y las interminables discusiones sobre la paz del mundo. Los hombres no se aman, y por eso no llegan a un acuerdo.
La paz, la alegría y la felicidad en el mundo no brotan de la razón, son una conquista del corazón. La sociedad llámese como se quiera estará viciada hasta que en el corazón humano no reine en ella, sano de raíz.
Un tarea fundamental para cada persona: ¡El cultivo del corazón!
Y cultivando nuestro corazón estaremos preparando el mejor cobijo donde puede habitar Dios en nuestras vidas.
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