jueves, 17 de abril de 2014

* DE Jesús A JESÚS.



El estar Contigo hay que hacerlo de forma pausada, disfrutando cada segundo, cada instante porque puedo puedo llegar a impregnarme de todo Tu Ser, Jesús. Embeberme en Tu Augusta Majestad hecha a base de pobreza, mansedumbre, humildad y perfecta obediencia.

¡Qué poco obedientes somos los hombres y que poco nos conformamos con los designios de Dios!

No sabemos o no queremos saber que todos tenemos una cruz, más pesada o liviana según el momento de nuestra vida en que estemos, pero cruz necesaria porque por ella podemos llegar a salvarnos. Tu patíbulo fue nuestra salvación, Tu martirio, la Sangre que derramaste supuso el arrastrar nuestros pecados por la vía del Amor.

Hoy es Jueves Santo, hoy hace dos mil años instauraste la Eucaristía y el Sacerdocio ministerial, hoy empezó Tu Pasión que llevaría a la Muerte salvadora y dolorosa hasta el extremo. Es la Eucaristía la antesala a todos los sufrimientos que tendrías que sufrir y en todas las Misas conmemoramos contigo el Martirio de Pasión, de la Muerte y también de la gloriosa Resurrección.

A verte, hablarte, escucharte cuando estás en el Sagrario no se puede, no debe, ir con prisas, con agobios, mirando "la hora" sino sin prisas y con pausas. Una vez delante tuya, Amado Jesús, tenemos que desintoxicarnos de todo lo que nos afecta del exterior, tenemos, como decirlo, que depurarnos y preparar nuestros corazones para hablar, meditar y escuchar al que es Todo Amor y eso no se puede hacer si el reloj marca los minutos y nosotros estamos supeditados a ellos.

Cuando ya te has librado de esa capa que tanto nos aprisiona entonces, y solo entonces, es cuando llega la conversación íntima y serena entre el ser creado y el Ser del que procede toda Creación.

Sé que es difícil de entender si nunca has tenido el honor de poderlo comprobar. ¡Pero es así!

Dios se entrega a diario por medio de Su Bendito Hijo Jesús.

El Jueves Santo después de los oficios, del primer día del Tríduo Sacro, con el que empieza de veras la Semana Santa, es costumbre el visitar los Sagrarios de las Iglesias revestidas en Monumento. Durante toda la tarde-noche de este día santo hasta la mañana del Viernes Santo un sinfín de fieles, como un goteo incesante, visitan al Señor Eucaristía. Para algunos será la única visita del año y por lo menos sentirán de ese gozo que es estar frente por frente a Su Divina Majestad. ¿Quién sabe si muchos de esos que no son asiduos al Sagrario estos días quedan perpetuamente "enganchados" a Dios?

Cómo muchos sabéis estoy desde el Martes Santo en mi querido pueblo de Villaluenga del Rosario. Aquí no hay una esplendorosa Semana Santa, ¡Ni falta que hace! aunque si hay verdadera y profunda devoción por Jesús y Su Bendita Madre, María.

Hoy después de los oficios, en el que he tenido el inmenso honor de participar en el lavatorio de pies, nos hemos encaminados hacia el bello y sencillo Monumento instalado para Mayor Gloria de Su Divina Majestad. He necesitado de ese "tiempo" de purificación, de desintoxicación, de limpieza de alma y cuerpo para hablar, rezar, meditar y escuchar lo que Jesús me quiere decir en forma de susurro al corazón.

He estado cerca de una hora delante del Señor en oración, con lectura meditada ante el Sacratísimo Cuerpo de Cristo que hoy reunido con sus discípulos en la Última Cena los pone en preaviso de todo cuanto le ha de ocurrir, de todo cuanto ha de sufrir por todos nosotros. En esa Cena hoy también hemos participado los que celebramos la Santa Eucaristía, los que hemos comulgado su Bendito Cuerpo y Su Preciosa Sangre. Hoy muchos hemos tenido el inmenso honor de ser testigos directos  de aquella Cena que fue la Cena del Señor.

Quedan muchas horas en los que Jesús estará expuesto a veneración y adoración. ¿De verdad que no vas a ir ni siquiera un ratito para estar con Él, para acompañarlo en estas horas de dolor, de sufrimiento, de padecimientos por nuestra causa? ¿Somos tan egoístas que no pensamos en Cristo Eucaristía que nos espera en el Sagrario y nos dedicamos a otras cosas? ¿Somos de los que solo presenciamos la representación mistérica de la Semana Santa y nos olvidamos del Señor, Presencia Viva que nos da Vida a todos? ¡En ti está toda respuesta!

Esta tarde he tenido el inmenso placer espiritual de conversar de Jesús a JESÚS. Tú también puedes hacerlo. ¿A qué esperas?

Recibe, mi querido hermano en la Eucaristía, un fuerte abrazo y que Dios te bendiga.

Jesús Rodríguez Arias

1 comentario:

  1. El Jueves Santo, ayer, se veía la iglesia un mayor número de personas, estaba todos los bancos casi lleno, pues había espacios vacíos. Todo estuvimos pendiente del sagrado Misterio.

    Más de una hora estuve con el Señor, ya cuando había terminado esta solemnidad del Jueves Santo, me extrañé como hubo personas que no tuvo respeto al Santísimo, y quedar con Él más tiempo, solo hubo muy poquitas personas que continuaba con su oraclón y meditación.

    Hoy Viernes Santo, fui al encuentro del Señor, muy temprano, después de estar un tiempo de meditación, rezar el Santo Rosario, la Coronilla de la Divina Misericordia, luego en comunidad, oramos el oficio de lecturas y laudes, ¡qué maravilla!. Lo cierto es que disfruto cuando rezamos en comunidad nuestras oraciones, la Liturgia de las Horas, ¡todos!, y al decir todos, me refiero los que han puesto su corazón en ello.

    Luego, sobre las doce, salimos para hacer el Vía Crucis por algunas calles, rezando y cantando al Señor, hubo personas que al paso de esta procesión del Santo Vía Crucis, por la calle no le decía nada de nada. Delante de nosotros, había unos niños jugando el fútbol en medio de ese camino, pues íbamos a otra parroquia. Pero se quitaron. No me llevé la cámara de fotos, pues cuando tengo que centrarme en los asuntos del Señor, me dejo todo en caso, excepto, cuando me llevo la Liturgia de las Horas para rezarlo ante el Señor.

    Los que llevaban la cruz, se iban turnando hasta los niños que acompañaba, unos demostraban respeto y seriedad, otros no tantos, Pero al fin al cabo, incluso estos, tuvieron el gozo de llevar la cruz durante un trecho, ¡Qué Dios nuestro Señor llene de muchas bendiciones a los niños y niñas que aman al Señor!

    El sol era tremendo, tan fuerte que todavía tengo dolor de cabeza, ¿yo me quejo? ¿de qué? Pues a Cristo le pusieron una corona de espina, que algunas fueron clavadas en su cabeza tan sacratísima. ¿De qué me quejo?

    Pero me quejo, porque no soy todo lo fiel al Señor que debería serlo. Y esta tarde cuando vaya a los oficios del Viernes Santo, ya tengo la novena a la vista, pues se había quedado entre dos libros, y por eso me despisté.

    Aunque ya hablé esta mañana con Jesucristo, por la salud de mi buen amigo Jesús Rodríguez Arias, que no me he olvidado de el, de todas formas, ya la bondad y la dulzura de Jesucristo nuestro Señor, me ayuda a que me acuerde de él, y del mismo modo, una lista de los otros mis hermanos y hermanas y amigos de Dios, tan entregados al Señor nuestro Dios, que no me puedo olvidar de ellos, porque les veo que están ya delante del Señor.

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