sábado, 19 de noviembre de 2011

EN LA LLUVIA...

Sabéis que no me gusta el otoño ni el duro invierno, pero hoy escuchando y viendo llover me encuentro muy a gusto.

Me he levantado lloviendo, me he tomado mi café de Etiopía, sí, que ya lo sé, que soy algo sibarita, he leído y me he puesto un rato con el blog escuchando y viendo llover. ¡Qué gozada! Hoy sí, hoy necesitaba un día nublado, lluvioso, lleno de melancolía y de bucólicos recuerdos.

Cuando me dijeron que este fin de semana iba a llover copiosamente por esta parte del mundo, sin saber porqué, me alegré, me sentí bien. Era una oportunidad que me ponía Dios para descansar, para borrar todos los "compromisos" de la agenda y dedicarse, simple y llanamente, a estar en casa. ¡Qué bien se está en casa cuando llueve! A mí, se me pasan las horas volando, se me escapan de los dedos como, eso mismo, como gotas de agua. Que si he desayunado, leído la prensa nacional, he revisado el correo electrónico, he empezado a leer el libro de Jesús Maeso, he estado actualizando el blog, este medio que me une a tanta buena gente, he dado de comer a mi gatito "pitufino", he revisado las llamadas telefónicas que tengo que hacer esta tarde... Mi mujer se ha ido con mi suegra, otra madre para mi, a comprar y todavía no han vuelto. ¡Es normal! No hay cosa en el mundo que le guste más a Conchita, así se llama mi suegra, que ir a comprar y sobre todo comida. Es una mujer buena, de corazón de oro, con mucho genio al igual que mi mujer, pero que después son todo corazón y siempre está pendiente de todos, de todo, de que no falte nada, de que todos sean feliz a su lado. Dios la bendiga. Me he puesto sentimental y eso no puede ser.

De la lluvia lo que mejor recuerdo y mejores recuerdos me traen es su olor. ¡Qué me gusta el olor a tierra mojada! Ya sea en el campo o en la sierra. Es un olor fresco, penetrante, que simboliza vida. Es un olor nuevo y lleno de matices. Es como el papel de un regalo que envuelve; envuelve en recuerdos, en melancolías y también en sentimientos llenos de paz.

Mientras estoy escribiendo, ya son las dos de la tarde, oigo llover y veo caer millones de gotitas de agua sobre el jardín, con solo mirar y escuchar: ¡Me siento tan feliz! La felicidad, la auténtica, se consigue. Ni grandes pretensiones y altas metas, se consigue con la compañía de tu familia, de tus amigos, de los que te quieren y, también, se consigue; con una buena lectura, una buena música, en una tertulia tocando mil y un tema, viendo la televisión o en el cine, comiendo y bebiendo, escribiendo en tu blog o simplemente viendo y escuchando llover. La verdadera felicidad está al alcance de nuestras manos, está muy cerca de nosotros que casi nos está rozando. Somos nosotros los que tenemos que tener abiertos los ojos del corazón para percibirla y disfrutar de ella. Buen sábado y sed muy felices.

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