Hoy adelanto la publicación de mi semanal artículo publicado en exclusiva en INFORMACIÓN en el apartado que dirige y coordina mi buen hermano Pepe Moreno Fraile pues como va dedicado a la Virgen del Rocío y todo lo que la acompaña en este especial día que cuando oscurece todos anhelan en el alma ese Encuentro que se produce cada año por Pentecostés.
Pienso que la peregrinación de este año ha sido con grandiosa diferencia la que ha atestiguado ante el mundo la inmensa Fe con la que sus devotos, sus peregrinos y romeros acuden para estar con la Madre de Dios y de la Marisma contra viento, lluvia y cualquier marea.
La Fe, si es verdadera, mueve montañas y sobre todo corazones enamorados de la Madre de Dios que en Pestecostés se llama Rocío.
Jesús Rodríguez Arias
ROCÍO
EN MAYO ES PENTECOSTÉS
Contemplar un amanecer, sea cual sea la época del
año, es una de las experiencias más reconfortantes que existe pues Dios te
acerca la majestuosidad de su obra creadora por medio de los sentidos ya que el
cielo estalla literalmente en colores imposibles, el aire huele a tierra mojada
de ese rocío fresco que refresca nuestras mañanas. Después de contemplar tantos
ya sea con la mirada fija en el mar de mi infancia y juventud o en las montañas
de mi madurez puedo decir sin ningún tipo de exageración que cada día nace en
modo y forma de poesía pues sientes sus versos con solo alzar la vista.
Es el rocío esas sempiternas gotitas que aparecen
en cualquier flor en las primeras horas mañaneras expandiendo su olor más allá
de ellas mismas. Sí, pienso que el rocío es el reflejo más absoluto de la vida
que nos encontramos cada nuevo día si hacemos uso de las viejas costumbres
recogidas en el popular refranero español de que “a quién madruga, Dios le
ayuda”.
Y Rocío en mayo es Pentecostés.
Es camino en el camino, atravesar los dificultosos
arenales donde los pesares se unen a la alegría cantada a modo de plegarias. Es
rosario en medio de la noche con candela en el medio, es Fe que deja huella a
modo de botas camperas, ruedas de coches, pisadas de caballos y de los bueyes
que llevan la carreta donde va el Simpecado al encuentro con la Madre de Dios,
de la Marisma, del corazón de tantos hermanos y devotos peregrinos: La Virgen
del Rocío.
El pasado jueves 5 de mayo me encontraba
justamente con el Hermano Mayor de la rociera e isleña Hermandad, mi querido y
admirado José Luis Cordero, y conversamos unos minutos de todos los
preparativos que lleva el hacer el Camino hacia la Aldea del Rocío. Mil
detalles, mil reuniones, miles de llamadas para tener todo coordinado para que salga como tiene que salir porque no es fácil
poner en marcha un dispositivo tan complejo en que el que están integrados
todos los que tienen que ver con la seguridad, servicios sanitarios, las
distintas autoridades de los municipios que atraviesan o los servicios de
transporte y de comunicación. Esta es la cara fría aunque también real de una
peregrinación que traspasa los umbrales de todo entendimiento y que solo puede
entendida desde la Fe.
¿Qué es lo que tienes Rocío que embelesas y
enamoras a tantos corazones?
Debo confesar que nunca he participado en ninguna
romería e incluso no conozco la aldea a pesar de las reiteradas invitaciones de
mi querido amigo y hermano Antonio Garnarez aunque todos los rocieros o los que
han ido por vez primera me dicen lo mismo: ¡Esto es otra cosa! ¡Aquí se vive en
Hermandad! ¡Se puede tocar la Fe!
Sé que se viven intensos y emocionantes momentos
de oración, de silencios encontradizos con Dios y Su Bendita Madre en medio de
los arenales en la mitad de la noche así
como en esos profundos instantes de la alegría a modo de plegarias salidas de
la voz teniendo como compañía una guitarra y palmas peregrinas que reconfortan
el mismo alma.
Algún día iré a contemplar y rezar ante la Virgen
del Rocío aunque mi encuentro con Ella será en la más absoluta soledad, en la
intimidad de la oración. Reposaré mi alma en sus brazos para que acune un
corazón algo cansado de tantas “cruzadas” contra nuestra fe, nuestras
creencias, nuestra forma de pensar, a las que hay que hacer frente día a día.
Un cuerpo algo deteriorado por los padecimientos y la enfermedad.
A los que hoy la veáis cara a cara os pido que me
tengáis presente en vuestras oraciones pues las mismas son verdaderos
salvoconductos ante Jesús.
Queridos hermanos rocieros, peregrinos de María,
gracias por vuestro testimonio de Fe, de Amor, de entrega más allá de la
entrega. Cada oración, salve, emociones
contenidas o sin contener, cada lágrima derramada nunca olvidad que son
preciadas obras de Amor y Misericordia que impregnan a este terruño llamado
mundo de profunda y verdadera devoción mariana.
¿Qué es lo que tienes Rocío que a todos enamoras?
Jesús Rodríguez Arias
Foto: Manuel Iglesias Pereiras
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