viernes, 12 de diciembre de 2014

"YO SOY EL QUE SOY"; POR MARA HERRERA.




                Desde que muy pequeña vi la película de Moisés, la clásica, no la que han metido ahora a calzador de “Exodus: Dioses y Reyes”,  me gustó la carta de presentación que Adonay hace de sí mismo, simple y sencilla YO SOY EL QUE SOY (Exodo 3, 14). No hay más que decir. Pero con el paso del tiempo ya hemos llegado nosotros para complicarnos la vida y rellenar esas sencillas palabras, porque los humanos tenemos la costumbre de sumar, no de simplificar,  y ahí es donde muchas veces vienen nuestros problemas.

                En una colaboración anterior hablaba del  Espíritu de la Navidad y de cómo las personas ponen como excusa para no celebrar la Navidad el hecho de que faltaran familiares y amigos y eso les entristecía, y ahí fundamenté que eso no es la Navidad, la Navidad es otra cosa, para no repetirme os remito a esa colaboración, pero os recuerdo mi comentario para engancharme con este nuevo que empiezo a desarrollar.

                Una de las “complicaciones” que suele surgir en el ser humano es preguntar ¿por qué siendo el Creador, justo, misericordioso…permite tal o cual desgracia? Siempre surge la vocecita o vozarrón que alega que es que nos pone a prueba…y ahí discrepo. Aunque tenemos en el Antiguo Testamento una buena prueba de esta teoría en el libro de Job yo lo matizaría, que para eso me gusta escribir estas colaboraciones (si, posiblemente penséis que ya son ganas de complicarme yo también la vida, pero recordar; ya lo dije al principio de mis colaboraciones  que soy analista, no lo puedo remediar y me gusta cuestionarme y cuestionarle a las personas sus pensamientos, así se madura y se crece en el conocimiento)

                Soy madre y como “buena” madre, trato de ser también justa, misericordiosa, dentro de mis limitaciones humanas y mi falta de conocimiento como educadora de mis hijos, y digo falta, ya que casi es un continuo día a día, en la que mis hijos aprenden y yo voy un paso por delante de ellos como mucho o por lo menos al lado de ellos. Pero yo no pongo continuamente a mis hijos a prueba a base de desgracias y problemas, más bien las desgracias y problemas vienen solos y somos los padres los que tratamos de ir solucionando esas situaciones, no quitándoles todo el hierro que tiene, porque es una manera de aprender, pero no cargamos las tintas y metemos el dedo en la llaga profundamente.

                 Cuando me encuentro a alguien que “reniega” del Creador, porque piensa que no es justo que haya habido una muerte, enfermedad o desgracia, siempre me da pena, porque aunque trato de explicarle que en realidad las cosas no son así, aquí mi vocabulario y raciocinio se me queda corto, es más sencillo ver y sentir que explicar en esas situaciones. Muchas de las cosas que nos pasan en realidad las hemos buscado nosotros, o las hemos provocado nosotros de una manera consciente o inconscientemente. Todas esas enfermedades que tenemos y sufrimos los seres humanos están muy relacionadas con el mal trato que hacemos de la naturaleza y de nuestra propia naturaleza humana. El Creador no ha mandado el Ébola como tal, está ahí hace mucho y en todo caso nuestro Padre, nos ha puesto ahí con el raciocinio que tenemos y nuestra voluntad para paliar y aliviar esa situación. Muchas de las enfermedades existen porque nosotros hemos contaminado la Tierra en la que vivimos, maltratamos nuestro cuerpo con cosas que comemos y bebemos que no están en condiciones, alteramos genéticamente nuestra naturaleza debido a la contaminación que nosotros mismos hemos introducido en la Tierra, en realidad pienso y tengo la certeza de que la Tierra nos devuelve lo que nosotros hemos hecho mal. Cometemos errores y esos errores nos los devuelve. Ese refrán tan español de “no escupas al cielo que te puede dar en un ojo”

                Esas situaciones que están ocurriendo en nuestra sociedad de violencia, mal trato, guerra, no es algo que nos envíe nadie para poner a prueba nuestra paciencia y santidad, la santidad nos llegaría en todo caso en la forma en que afrontamos esas situaciones y como tratamos por todos los medios de poner un poco de orden en el caos, pero si analizamos en profundidad todas ellas, veremos que muchas por no decir todas, que sería aventurar mucho, son causadas por qué no educamos en valores de respeto y amor al prójimo, somos egoístas y eso lo pagamos.

                Cuando algunas personas ponen al Creador, como inductor de esas situaciones que no nos gustan, me recuerda y perdonad la frivolidad, pero soy muy amiga de  ejemplos extremos, a un capitulo que vi de “Los Simpsons”, en los que el Creador en realidad tenia a la Tierra y a sus habitantes como un juego muy famoso que se llama los Sims, algo que descubre Bart Simpsons y que le hace cabrearse. Nosotros no somos un juego de Dios, no creo que estemos aquí para que Dios nos ponga a prueba de manera textual y a ver como reaccionamos, para mí la vida sigue un curso lógico y libre, como el libre albedrio que se nos dio desde que nacemos y este libre albedrio tiene unas consecuencias, una acción siempre tiene una reacción y viceversa y ahí es donde entra en todo caso el mandato divino…”Amaras a Dios sobre todas las cosas y al Prójimo como a ti mismo” y si actuamos así, no es que nos ganemos el Cielo que ese es otro tema, pero actuaremos según una ética y moral coherente.

                Si el Creador como tal interviniera siempre para bien o para mal, seriamos el juego de los Sims, y también nos sentiríamos molestos porque seríamos manipulados al libre antojo de un ser superior, de igual forma que nos sentimos mal cuando algo sucede en el mundo y provoca sufrimiento y dolor y no comprendemos que eso sea permitido por nuestro Padre.

                Mi reflexión va mas por el derrotero de que si queremos libre albedrio es con todas las consecuencias. Debemos de dar gracias por supuesto por cada célula de nuestra piel y por cada día que respiramos y vemos, pero no debemos ni de pedir “peras al olmo” ni “echar balones fuera”. Pienso que nuestro Creador está más allá y por encima de muchas cosas humanas que si son como son, es por eso mismo, por nuestra imperfecta humanidad.

                Mi imagen de “Padre-Madre” y con la que me siento identificada, siempre ha sido la que conocí siendo muy pequeña cuando fui la primera vez a Santiago de Compostela, ese triangulo con un ojo en el centro que hay en la cúpula del crucero (creo que es allí, y perdonadme si me equivoco, pero de todos modos sabéis a que imagen me refiero). El ojo que todo lo ve, pero deja que cada uno aprenda según su circunstancia, talento, responsabilidad…   El Creador nos ha dado unas normas, ya las he dicho antes, dos fundamentales por medio de su hijo, si fueran los pilares y paredes de nuestra vida, creo que nos iría mucho mejor, y a partir de ahí, somos nosotros solitos los que nos debemos de tropezar, levantarnos, volver a caer y de vez en cuando empujar a algún prójimo, aunque para eso existe el pedir perdón y remediar nuestros errores. Seamos conscientes de que nuestra vida es un “efecto mariposa”, su nombre proviene de la frase “el aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo” (proverbio chino), lo que hagamos aquí, influye posiblemente en muchas personas de nuestro alrededor y mucho más lejos de lo que pensamos, no le echemos la culpa de nuestros males a quien no tiene ninguna.

Mara Herrera






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