Desde
que muy pequeña vi la película de Moisés, la clásica, no la que han metido
ahora a calzador de “Exodus: Dioses y Reyes”,
me gustó la carta de presentación que Adonay hace de sí mismo, simple y
sencilla YO SOY EL QUE SOY (Exodo 3, 14). No hay más que decir. Pero con el
paso del tiempo ya hemos llegado nosotros para complicarnos la vida y rellenar
esas sencillas palabras, porque los humanos tenemos la costumbre de sumar, no
de simplificar, y ahí es donde muchas
veces vienen nuestros problemas.
En
una colaboración anterior hablaba del Espíritu de la Navidad y de cómo las personas
ponen como excusa para no celebrar la Navidad el hecho de que faltaran
familiares y amigos y eso les entristecía, y ahí fundamenté que eso no es la
Navidad, la Navidad es otra cosa, para no repetirme os remito a esa
colaboración, pero os recuerdo mi comentario para engancharme con este nuevo
que empiezo a desarrollar.
Una
de las “complicaciones” que suele surgir en el ser humano es preguntar ¿por qué
siendo el Creador, justo, misericordioso…permite tal o cual desgracia? Siempre
surge la vocecita o vozarrón que alega que es que nos pone a prueba…y ahí
discrepo. Aunque tenemos en el Antiguo Testamento una buena prueba de esta
teoría en el libro de Job yo lo matizaría, que para eso me gusta escribir estas
colaboraciones (si, posiblemente penséis que ya son ganas de complicarme yo
también la vida, pero recordar; ya lo dije al principio de mis colaboraciones que soy analista, no lo puedo remediar y me
gusta cuestionarme y cuestionarle a las personas sus pensamientos, así se
madura y se crece en el conocimiento)
Soy
madre y como “buena” madre, trato de ser también justa, misericordiosa, dentro
de mis limitaciones humanas y mi falta de conocimiento como educadora de mis
hijos, y digo falta, ya que casi es un continuo día a día, en la que mis hijos
aprenden y yo voy un paso por delante de ellos como mucho o por lo menos al
lado de ellos. Pero yo no pongo continuamente a mis hijos a prueba a base de desgracias
y problemas, más bien las desgracias y problemas vienen solos y somos los
padres los que tratamos de ir solucionando esas situaciones, no quitándoles
todo el hierro que tiene, porque es una manera de aprender, pero no cargamos
las tintas y metemos el dedo en la llaga profundamente.
Cuando me encuentro a alguien que “reniega”
del Creador, porque piensa que no es justo que haya habido una muerte,
enfermedad o desgracia, siempre me da pena, porque aunque trato de explicarle
que en realidad las cosas no son así, aquí mi vocabulario y raciocinio se me
queda corto, es más sencillo ver y sentir que explicar en esas situaciones.
Muchas de las cosas que nos pasan en realidad las hemos buscado nosotros, o las
hemos provocado nosotros de una manera consciente o inconscientemente. Todas
esas enfermedades que tenemos y sufrimos los seres humanos están muy
relacionadas con el mal trato que hacemos de la naturaleza y de nuestra propia
naturaleza humana. El Creador no ha mandado el Ébola como tal, está ahí hace
mucho y en todo caso nuestro Padre, nos ha puesto ahí con el raciocinio que
tenemos y nuestra voluntad para paliar y aliviar esa situación. Muchas de las
enfermedades existen porque nosotros hemos contaminado la Tierra en la que
vivimos, maltratamos nuestro cuerpo con cosas que comemos y bebemos que no
están en condiciones, alteramos genéticamente nuestra naturaleza debido a la
contaminación que nosotros mismos hemos introducido en la Tierra, en realidad
pienso y tengo la certeza de que la Tierra nos devuelve lo que nosotros hemos
hecho mal. Cometemos errores y esos errores nos los devuelve. Ese refrán tan
español de “no escupas al cielo que te puede dar en un ojo”
Esas
situaciones que están ocurriendo en nuestra sociedad de violencia, mal trato,
guerra, no es algo que nos envíe nadie para poner a prueba nuestra paciencia y
santidad, la santidad nos llegaría en todo caso en la forma en que afrontamos
esas situaciones y como tratamos por todos los medios de poner un poco de orden
en el caos, pero si analizamos en profundidad todas ellas, veremos que muchas
por no decir todas, que sería aventurar mucho, son causadas por qué no educamos
en valores de respeto y amor al prójimo, somos egoístas y eso lo pagamos.
Cuando
algunas personas ponen al Creador, como inductor de esas situaciones que no nos
gustan, me recuerda y perdonad la frivolidad, pero soy muy amiga de ejemplos extremos, a un capitulo que vi de “Los
Simpsons”, en los que el Creador en realidad tenia a la Tierra y a sus
habitantes como un juego muy famoso que se llama los Sims, algo que descubre
Bart Simpsons y que le hace cabrearse. Nosotros no somos un juego de Dios, no
creo que estemos aquí para que Dios nos ponga a prueba de manera textual y a
ver como reaccionamos, para mí la vida sigue un curso lógico y libre, como el
libre albedrio que se nos dio desde que nacemos y este libre albedrio tiene
unas consecuencias, una acción siempre tiene una reacción y viceversa y ahí es
donde entra en todo caso el mandato divino…”Amaras a Dios sobre todas las cosas
y al Prójimo como a ti mismo” y si actuamos así, no es que nos ganemos el Cielo
que ese es otro tema, pero actuaremos según una ética y moral coherente.
Si
el Creador como tal interviniera siempre para bien o para mal, seriamos el
juego de los Sims, y también nos sentiríamos molestos porque seríamos
manipulados al libre antojo de un ser superior, de igual forma que nos sentimos
mal cuando algo sucede en el mundo y provoca sufrimiento y dolor y no
comprendemos que eso sea permitido por nuestro Padre.
Mi
reflexión va mas por el derrotero de que si queremos libre albedrio es con
todas las consecuencias. Debemos de dar gracias por supuesto por cada célula de
nuestra piel y por cada día que respiramos y vemos, pero no debemos ni de pedir
“peras al olmo” ni “echar balones fuera”. Pienso que nuestro Creador está más
allá y por encima de muchas cosas humanas que si son como son, es por eso
mismo, por nuestra imperfecta humanidad.
Mi
imagen de “Padre-Madre” y con la que me siento identificada, siempre ha sido la
que conocí siendo muy pequeña cuando fui la primera vez a Santiago de
Compostela, ese triangulo con un ojo en el centro que hay en la cúpula del
crucero (creo que es allí, y perdonadme si me equivoco, pero de todos modos
sabéis a que imagen me refiero). El ojo que todo lo ve, pero deja que cada uno
aprenda según su circunstancia, talento, responsabilidad… El Creador nos ha dado unas normas, ya las
he dicho antes, dos fundamentales por medio de su hijo, si fueran los pilares y
paredes de nuestra vida, creo que nos iría mucho mejor, y a partir de ahí,
somos nosotros solitos los que nos debemos de tropezar, levantarnos, volver a
caer y de vez en cuando empujar a algún prójimo, aunque para eso existe el
pedir perdón y remediar nuestros errores. Seamos conscientes de que nuestra
vida es un “efecto mariposa”, su nombre proviene de la frase “el aleteo de las alas de una mariposa se
puede sentir al otro lado del mundo” (proverbio chino), lo que hagamos
aquí, influye posiblemente en muchas personas de nuestro alrededor y mucho más
lejos de lo que pensamos, no le echemos la culpa de nuestros males a quien no
tiene ninguna.
Mara Herrera

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