Han caído ya siete meses desde que Benedicto XVI visitara España para asistir a la XXVI Jornada Mundial de la Juventud. Atrás quedan las largas y coloridas colas de peregrinos, los doscientos confesionarios del Retiro, el escenario de Cuatro Vientos, y el trabajo incansable de los miles de voluntarios que pusieron todo su empeño para que la gran cita de la juventud católica fuera un éxito. Atrás quedan también los balances urgentes de los días posteriores, la discusión política sobre los beneficios de la JMJ, las anécdotas de rabiosa actualidad y la imagen de un histórico despliegue informativo internacional en la ciudad de Madrid.
Hoy, siete meses después de aquel huracán que removió el corazón de la Iglesia en España y en todo el mundo, todavía siguen latiendo los efectos beneficiosos de la JMJ. Todavía surgen historias, se conocen conversiones o se fraguan vocaciones, a la luz de aquellas intensas jornadas de oración, penitencia y catequesis, y de cercanía al papa Benedicto XVI.
Elena es cordobesa y tiene 21 años. Asegura que la JMJ comenzó mucho antes del mes de agosto, incluso antes de que la cruz de los jóvenes -que recorrió España anticipando las jornadas- llegara a su diócesis en Córdoba. Su particular JMJ comenzó en su interior, cuando decidió que iría a Madrid con el papa, que no faltaría a la llamada de la juventud católica. Y así corrió a decírselo a su novio: “Quiero ir a la JMJ”. Ambos son responsables del Grupo Scout La Salle en Córdoba y aquello fue el comienzo de una gran ilusión: “proponer a un grupo de chicos de entre 14 y 17 años ir a Madrid a ver al papa y a dejarnos seducir por el atractivo de Cristo”, explican.
La primera... y la última
La JMJ los reunió con toda la Iglesia y, por supuesto, con otros grupos scouts católicos. “Todos recordaremos siempre pequeños gestos”, cuentan, “como la sonrisa de una chica que, con solo 16 años y un brillo en la mirada de los que no se olvidan, dijo que esta era su primera y última JMJ. En dos meses, ¡iba a entrar en un convento de clausura! Verla allí y así, era todo un testimonio nuevo de que se puede vivir así y Él seguía entre nosotros”.
José Manuel, de 21 años, fue voluntario en la localidad madrileña de Pinto, donde colaboró en la acogida de cientos de peregrinos de la JMJ. A la hora de volver la vista atrás, la primera gran fotografía que le viene a la mente es la de la plaza de Cibeles, donde miles y miles de jóvenes esperaban la llegada de Benedicto XVI. “El calor no conseguía aplastarnos y cada vez que nos decían que se aproximaba, saltábamos y cantábamos con más energía”, recuerda, “todos corríamos de un lado para otro intentando buscar un hueco para poder verle más de cerca, ¡como aquellos que se agolpaban para ver de cerca a Jesús!”.
“En el Vía Crucis conseguí un buen sitio en primera fila, deseando poder cruzar mi mirada con la del papa”, cuenta José Manuel; “cuando pasó, puede verle a unos dos metros de distancia, extendí mis brazos como si quisiera alcanzarle, nos miró y en ese momento pude sentir esa llamada de: ‘¡Ven y sígueme!’. Era la mirada de Jesús invitándome a seguirle, fue algo precioso”.
Este joven estudiante madrileño da “gracias a Dios” por la JMJ y reconoce que “el Señor ha sacado grandes frutos de esta maravillosa acampada”. “De mí puedo decir que ha sacado muchísimos porque solo se puede vivir plenamente si permanecemos arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe”, añade, repitiendo las palabras del lema de la Jornada Mundial de la Juventud 2011.
A Laura María lo que más le impresionó de la JMJ fue encontrarse con otros millones de jóvenes que comparten su fe, sin complejos, con valentía, con ilusión. Confiesa que compartió “alegría, ilusiones, esperanza, y amor” en aquellos días en Madrid, un cúmulo de sensaciones que hoy no es capaz de describir con palabras. Fue una de las víctimas del odio de un pequeño grupo de violentos, pero ni siquiera el recuerdo de ese miedo puede empañar su particular fotografía de la JMJ. Al contrario, contempla hoy serenamente esa persecución, buscando el espíritu de tantos cristianos hostigados a lo largo del mundo y de la historia.
Persecución
“Hubo momentos que no fueron tan bonitos”, explica Laura María, “ya que me sentí perseguida por un grupo de individuos que no han conocido el amor de Dios, pero… también me di cuenta de que los que sí conocemos a Dios, los cristianos, hemos sido perseguidos durante siglos, y seguiremos siendo perseguidos por la incomprensión de los que no han encontrado aún a Dios”.
Laura María, José Manuel, Elena son solo algunos de los testimonios de jóvenes voluntarios de la JMJ que estos días están siendo publicados en la web shareyourexperiencewyd.com. El proyecto reúne anécdotas de todos los colores y en todos los idiomas, de voluntarios participantes en la JMJ de Madrid, contando su experiencia, y cómo aquel gran encuentro cristiano cambió sus vidas.
En un vistazo a las decenas de testimonios que ya recoge esta web, encontramos dos elementos comunes. La palabra “entrega” es la más utilizada por los jóvenes voluntarios para explicar cómo las palabras del papa y el espíritu de la JMJ han calado en su corazón. Todo ellos reconocen haberse entregado más a Dios desde entonces, y algunos incluso, cuentan de qué manera han concretado ese ofrecimiento, respondiendo afirmativamente a una vocación. Y el otro aspecto llamativo es que casi todos los testimonios terminan con una entusiasta mención a la próxima Jornada Mundial de Juventud, animando a todo el mundo a viajar a Brasil y participar en este nuevo encuentro con el papa Benedicto XVI. No en vano, este proyecto web se ha puesto en marcha a 500 días de la JMJ de Río de Janeiro 2013, sirviendo de nexo de continuidad entre ambas citas.
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