- 18 MAR 2012 | Carlos Dávila
Esta no es mi 'Pepa'- Mañana hará 200 años que una tribu de aguerridos y patriotas asambleístas aprobó en la iglesia de San Felipe Neri de Cádiz (hasta hace poco el templo estaba hecho un asco, hoy parece felizmente restaurado) la primera Constitución Española. Aún hay historiadores que mantienen que en el pasado, o sea antes de 1812, ya existían –tácita o expresamente– textos que alumbraban una Norma general para todo el país. Estos historiadores, más o menos de creer, son, en buena parte, los que están quitando mérito al texto de Quintana, Argüelles, Diego Muñoz Torrero y compañía, o porque tienen una inquina antigua contra todo lo que signifique el término “liberalismo” o porque no guardan la menor intención de reconocer que aquella Constitución, sin duda llena de defectos, consagró de forma efectiva y literal algo que hoy está permanentemente discutido: la existencia de la Nación Española.La Pepa, ya se sabe, padeció diversos avatares; fue un documento espasmódico que en principio duró dos años, que fueron los que tardó el Rey más nefasto, más traidor de la Historia de España, en volver en andas a un país que, estúpidamente, le había reivindicado como un salvador. Luego la Pepa tuvo –a sabiendas de que el término no es académicamente muy aceptable– dos vigencias más, pero terminó más bien vilipendiada en el siglo más convulso de la Historia de la Hispania antigua.Peregrinos adosadosReivindicar ahora esta entrañable Pepa causa un poco de vergüenza. En primer lugar, porque durante muchos años ha sido olvidada a derecha e izquierda, y, en segundo, porque produce arcadas que la izquierda de este país, que es lo más opuesto a la liberalidad que proclamaron los doceañistas en periódicos tan significativos como, por ejemplo, El Conciso, se esté apuntando a la conmemoración que mañana mismo se realiza –¿dónde si no?– en Cádiz. Tras aquella Constitución han gobernado muchos socialistas; los últimos, los de Zapatero. Este, sin ir más lejos, ha dinamitado la soberanía nacional para cederla con toda felonía a un par de autonomías al borde ya de la escisión.
La izquierda ni ha creído ni cree en otro de los principios nucleares de aquella Constitución: la libertad. Hoy, sin embargo, en Cádiz se moverá mezclada con no más de un centenar de auténticos liberales. El resto de los peregrinos serán adosados, aprovechados que ni saben lo que la Pepa supuso, en definitiva, para la soberanía del pueblo español ni tienen otra virtud que haber sido convocados festivamente por un Consorcio que, desgraciadamente, ha ignorado todo lo que hicieron en los primeros y segundos años de la Transición los pocos liberales que en España se oponían a los socialistas del intervencionismo repugnante (algunos de ellos están hoy en Cádiz) y a los demócratas sociales (ellos se suelen denominar así) que relegan la libertad al cuarto o quinto lugar de sus aspiraciones.Y es que en nuestro país suele suceder que cuando las fiestas se institucionalizan, se cuelan de rondón personajes que no le tienen afección alguna al patronazgo. Me temo que esto es lo que sucede exactamente en esta ocasión. Cuando había que proclamar los principios –todos los principios– de la Pepa, apenas se movilizaba en España un puñado de fogosos, pero también sospechosos liberales. Hoy gobierna un partido que defiende (eso es obvio) bastantes de las intenciones y objetivos de esos “iluminados”, como los llamó el prócer socialista, entusiasta de la libertad, Pablo Iglesias. Fueron aquellos “iluminados” los que comenzaron a redactar la Constitución en casa de Quintana, que luego empezaron a marchar desde Sevilla y que finalmente, dicho sea al paso, se encomendaron a Dios, para redactar un texto que repugnó a todos los inquisidores y a los absolutistas que hicieron de la España de Fernando VII un rey para borrarlo de la Historia. Muchos, muchísimos, de los que hoy se agolpan hoy en la tópica “Tacita de Plata” tienen que ver con el liberalismo tanto como Mourinho con la educación. Forman un conglomerado de recién llegados que, primero, no se han leído una sola vez lo escrito en aquella Constitución y, segundo, ni siquiera defienden la idea patriótica que fue el germen, la clave de la entrañable Pepa.Un feroz ataqueA 24 horas de la conmemoración, nos estamos ocupando no ya de cómo sacar este país económicamente adelante, que también, sino de cómo impedir que la Nación de nuestros doceañistas vuele por los aires. Es tan pésima la situación que nos ha legado el miserable y villano Gobierno de Zapatero, que ahora mismo ni siquiera tenemos asegurado nuestro futuro como Nación. Probablemente a algunos biempensantes, con certeza bastante abundios, les resultará apocalíptico presumir el panorama antinacional que se nos avecina. Aquella Nación, incluso panhispánica, está hoy hecha jirones. En Gerona (¿qué es esa imbecilidad de “Girona”?, ¿o es que en español hablamos de New York?) el ayuntamiento, auspiciado por los socialistas y los independentistas de Convergència, se ha declarado en rebeldía fiscal. Pregunto: ¿tendrá h... la Agencia Tributaria para proceder a su embargo como si se tratara de cualquier contribuyente que se negara a pagar? ¿A que no? Y por ahí empezamos, pero es que en apenas dos meses Madrid, capital de España que consagró la Pepa, se quedará invadida por una tribu, un tsunami de independentistas vascos y catalanes que, con la disculpa de una Copa de fútbol, van a montar un aquelarre secesionista en el que no faltará de nada: ni provocación a los ciudadanos de la capital que se sienten radicalmente españoles ni insultos al jefe del Estado ni un clamoroso abucheo a nuestro himno nacional.
Otra pregunta: ¿podemos tomar eso como un anécdota? El que sea lo suficientemente estúpido que se lo tome así, solo o con sifón; yo denuncio que estamos ante uno de los episodios más graves contra la unidad de España que se hayan producido en mucho tiempo. El presidente de la Generalitat, representante del Estado, o sea, y aunque él lo desprecie tan profundamente como lo desprecia, representante de España en Cataluña, acaba de declarar legal la secesión y la forma de llevarla a cabo en consulta. En el País Vasco, un lehendakari singularmente aprehendido por el nacionalismo feroz, está dispuesto a recibir con honores de casi héroes a todos los asesinos que durante cinco décadas han matado, extorsionado y perseguido a cualquier ciudadano español.Nuestra NaciónMañana, día de la Pepa, debería ser una fecha adecuada para proclamar una nueva fe en nuestra Nación. No será así. Actos folclóricos, disertaciones de personajes que, en su mayoría, tienen de liberales lo que un servidor de peludo orangután, y poco más. O lo que es peor, o menos. Mucho boato, eso sí, mucho consorcio de nuestras mocedades políticas, y un sinfín de recitales festivaleros sin vocación alguna de trascendencia nacional. Lo que ocurrirá en horas me recuerda a lo que sucedió con ocasión de la boda de nuestro Príncipe heredero. Allí acudieron enjalbegados individuos ajenos absolutamente a la propia significación de la Corona y de la propia dinastía.
Ahora ya constatamos cómo respiran, y cómo ni siquiera respetan educadamente a quien fue su anfitrión. ¿Hay que dar la lista de ganapanes invitados a aquel ágape monegasco? No. Esta Pepa de 2012 poco tiene que ver con la de 1812. ¿O es que, díganme, a alguien se le ocurrirá reivindicar el principio inicial, clave de aquella Constitución? ¿Que cuál fue? Nada menos que la existencia indiscutible de la Nación Española. Por eso, y por lo que se avecina, escribo con toda responsabilidad: esta no es mi Pepa, la Pepa que estuvimos celebrando tantos años, 30 hace ya de sus inicios, unos pocos, muy pocos españoles. Liberales.
domingo, 18 de marzo de 2012
ESTA NO ES MI "PEPA"; POR CARLOS DÁVILA.
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