Las centrales sindicales y organizaciones de izquierda están usando pintadas y carteles en las calles de ciudades y pueblos para llamar a la huelga general. Cuando los ayuntamientos luchan contra los grafitis, estas organizaciones se dedican a ensuciar las paredes de los edificios y los escaparates de las tiendas para difundir lo que ellos denominan "lucha sindical". Ante el gasto que supone para la mermada economía de los ayuntamientos la limpieza de las pintadas, algunos consistorios están estudiando en sus gabinetes jurídicos la posibilidad de repercutir este gasto a los sindicatos.
Las organizaciones sindicales utilizan otra vez un método propagandístico antiguo, desfasado, que nos recuerda a la época de la Transición, cuando no existía ni internet, ni por supuesto las redes sociales.
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