Todos hemos encontrado personas que no pueden pasar delante de un espejo sin arreglarse ni contemplarse. Pero una cosa es ir bien arreglados, y otra estar tan preocupados por nuestro aspecto que se convierta en la cosa más importante de nuestra vida.
Los diseñadores de modas desearían hacernos creer que a menos que renovemos nuestros armarios cada año, nos volveremos parias sociales. Tratando de convencernos de que necesitamos tener los últimos estilos, la industria se ceba en nuestra inseguridad y en nuestro deseo de conformarnos. Sin embargo, el mensaje de los santos es el opuesto directo a la conformidad. En vez de acomodarnos a la multitud y seguirla, los santos nos dicen que dejemos las convenciones. Nos recuerdan que Dios no nos ama porque encajemos en el molde. Dios nos ama porque diseñamos nuestros propios moldes.
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