domingo, 18 de marzo de 2012

CARLOS ROBLES PIQUER: "EL CAMBIO DE SISTEMA POLÍTICO ES SIEMPRE TRAUMÁTICO".

Cultura | La Gaceta 



  • Carlos Robles Piquer. Jesús Maqueda
    CARLOS ROBLES PIQUER, DIPLOMÁTICO Y EX MINISTRO

    Carlos Robles Piquer: 'El cambio de sistema político es siempre traumático'

    18 MAR 2012 | A. CASTILLEJO
    El veterano embajador y político publica 'Memoria de cuatro Españas. República, guerra, franquismo y democracia'.

  • Licenciado en Filosofía y Letras y en Ciencias Políticas y Económicas, además de miembro de la Carrera Diplomática, Carlos Robles Piquer (Madrid, 1925), ha sido secretario de Embajada en Bogotá, cónsul en Nador y embajador en Libia, Chad, Italia y Malta. Además, entre 1962 y 1968 fue director general de Información y de Cultura Popular y Espectáculos. También fue ministro de Educación y Ciencia en el segundo Gobierno de Arias Navarro y posteriormente, con los de Suárez y Calvo-Sotelo, secretario de Estado de Asuntos Exteriores, director general de RTVE y presidente del Instituto de Cooperación Iberoamericana. Ahora acaba de publicar sus memorias, con el título de Memoria de cuatro Españas. República, guerra, franquismo y democracia. Unas memorias que, en palabras del académico Luis María Anson, son “imprescindibles para entender la historia española de los últimos 80 años”.
    -Usted que vivió “las cuatro Españas” que dan título a su libro, ¿cómo explica el cambio de la Monarquía a la República?
    -Aquel cambio llegó por cansancio. A la Monarquía le costó adaptarse a una época nueva en la que la voz de la masa se escuchaba más que nunca. Esto está al margen de los méritos personales de Alfonso XIII, que los tenía, pero no tuvo la capacidad de intuir la profundidad del cambio que se estaba operando.

    -Y llegó la República...
    -La república fue una calamidad y una catástrofe. Estuvo dirigida por gente poco responsable en su conjunto, hasta el punto de que fue incapaz de sostener la paz, la estabilidad y el orden público, lo cual llevó a gran parte de la población española de 1936 a desear acabar con aquello.

    -Aquello acabó en la Guerra Civil...
    -El cambio de un sistema a otro es siempre muy traumático y la sociedad no suele quererlo, pero llega un momento en que es inevitable porque lo que funciona, funciona mal, y la república funcionó muy mal. Sólo consiguió retrasar el conflicto durante cinco años. La república se encargó de dar razones más que suficientes a los que estaban de acuerdo con la guerra.

    -Y después, el franquismo...
    -Un larguísimo periodo que la gente juzgará más adelante con cierta objetividad. Fue un periodo que dio a España dos cosas muy importantes: estabilidad –no se cambiaba de Gobierno, de sistema y de gente cada día– y, a la larga, prosperidad, porque la España que Franco deja cuando muere es mucho más sólida, más industrial y moderna que la que encontró. En ese sentido el balance es positivo, aunque es verdad que se hizo sin disfrutar de las deseables libertades democráticas, pero empezaron a abrirse camino algunas libertades que preparaban el país para una cierta democracia.

    -Una democracia que finalmente alcanzamos...
    -Así es, aunque al principio con ciertas restricciones autoimpuestas, derivadas de la conciencia que tienen los españoles de que con ciertas ideas o ciertos principios más vale jugar poco, o no jugar.

    -Usted repasa en el libro su vida de entrega al trabajo y sus éxitos, pero también sus fracasos...
    -No me gusta hablar de mis éxitos; en estas memorias sólo cuento lo que he hecho y si hay quien lo considera como éxitos, yo se lo agradezco mucho. Pero sí enumero los fracasos, dos o tres cosas que se me presentaron como probables pero que no salieron. Por ejemplo, cuando recibí la oferta para ser director general de la Unesco. El organismo vivía un momento de crisis y Estados Unidos se había retirado de la organización y condicionaba su regreso a mi llegada a la misma. Yo trabajaba con Manuel Fraga en el partido y al final aquello no cuajó, en parte a causa de mi compromiso con Fraga y también porque había gente que pensaba de otra manera. Por eso lo considero un fracaso, igual que cuando me ofrecieron ser miembro del Consejo de Estado y yo acepté, pero finalmente no salió, en este caso porque entró en juego la política.

    -¿Cómo fue su paso por RTVE?
    -Fue un paso breve, porque esos cargos son bastante efímeros y porque hubo mucha resistencia de los mandos medios de la televisión en contra de mi nombramiento. En el Gobierno de UCD había una enorme irritación por el tratamiento que las gentes de RTVE daban al partido gobernante. Fue el presidente Calvo-Sotelo, al que siempre me unió una profunda amistad, quien tomó la decisión de relevar al director general, al que se acusaba desde algunos sectores de que, a pesar de ser un hombre de UCD, había dejado el control de radio y televisión –sobre todo de la televisión– en manos del PSOE, y me nombró a mí en su lugar.

    -¿Cómo fue su participación en la génesis del PP?
    -El partido empezó primero con el nombre de Alianza Popular y yo en aquel momento no estaba muy implicado porque era embajador en Roma y, aunque ahora todo eso ha cambiado mucho, pensaba que los diplomáticos no debíamos tener una militancia política, sino que estábamos al servicio del conjunto de España. De hecho no me afilié, aunque mi mujer sí lo hizo. Pero sí es cierto que yo estaba, como lo he estado toda mi vida, muy cerca de mi cuñado, Manuel Fraga, y me di cuenta de que una personalidad de su categoría tenía que dejar una huella. No era un personaje para sumarlo a algo preexistente. Él sabía que una parte muy importante de la Nación compartía sus ideas. Ahora se ha demostrado que es verdad, porque lo que él proponía, lo que hizo poco a poco, desde la primera fórmula de AP hasta su transformación en PP, acaba de triunfar, y muy bien, en las elecciones. Esto prueba que tenía razón, pero esa razón requería un tiempo para salir a la luz y mantenerse como lo ha hecho ahora, de manera muy satisfactoria para los que estamos convencidos de que era necesario.

    -Resulta emocionante ver en el libro el prólogo escrito por Manuel Fraga cuando aún hace tan poco tiempo de su muerte... 
    -Creo que quizás ese prólogo fue lo último que escribió. Yo siempre se lo agredeceré, como le agradezco la confianza que en todo momento tuvo en mí. Sobre todo por el argumento que dio cuando fui nombrado director general de Información y dijo en el acto de toma de posesión: “Para que lo sepan todos antes de que se hable de eso en los pasillos, nombro director general a mi cuñado. Pero no lo he nombrado por serlo, sino a pesar de serlo”. Era una persona inigualable.  

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