viernes, 13 de junio de 2014

"HAY EXPERIENCIAS INTENSAS Y GOZOSAS EN LAS QUE TE ENCANTARÍA TENER A TU GENTE CERCA".

Obispado de Cádiz y Ceuta


Manolo cumplirá medio siglo de vida haciendo lo que más le gusta, de misionero. Regresa a la República de Honduras, donde ya estuvo tres años sirviendo entre 1993 y 1996 con Juventudes Marianas Vicencianas. Es su cuarto destino tras un tiempo en Bolivia y Mozambique.
A este gaditano de la barriada de la Paz, de la parroquia de San Vicente de Paúl, le esperan en Barra del Patuca, perteneciente a la diócesis de Trujillo, en La Moskitia. Mientras aguarda el momento de su vuelta a Centroamérica sigue trabajando en La Línea de la Concepción, donde lleva los dos últimos años colaborando con el Centro JMV Contigo y con la parroquia del Carmen, en el barrio linense de la Atunara.
Con motivo de este envío le entrevistamos para nuestra web diocesana.
- Manolo, qué te motiva para regresar a la misión...
La primera experiencia fuerte que tuve como misionero en Honduras. Recuerdo cuando me contaban cómo vinieron a la primera Santa Misión en la diócesis de San Pedro Sula, que aún llevan los Padres Paúles de la provincia canónica de Barcelona, sacerdotes, laicos y religiosos de todas las partes del mundo. Aquella misión duró seis meses y yo no pude ir, porque estaba en el último año de carrera. Pero al año siguiente, en el noventa y dos, el año de la expo, sí que fui a la repetición de esta Santa Misión en una parroquia tremenda, vastísima, que podría ocupar prácticamente la mitad de una de nuestras grandes ciudades, como Cádiz.
La experiencia me llenó tanto, acababa de terminar la carrera, que hice el CAP (Curso de Actitud Pedagógica) y en enero, después de una preparación en la Escuela de Misionología San Pío X, nos enviaron a un grupo de cuatro personas a San Pedro Sula en una comunidad de vida y misión de laicos que trabajaba junto a los presbíteros de aquella diócesis. Y, desde entonces, hasta la pascua de 1996 estuvimos trabajando en otra experiencia diferente en la Cordillera del Merendón, que nacía prácticamente en la ciudad de San Pedro Sula,  donde había una realidad totalmente diferente, campesina, perteneciente a otra de las parroquias de los paúles de la ciudad, la de San Vicente. 
- Dónde surge tu vocación misionera…
En la parroquia, hablo del año 1981. Yo andaba por los grupos de pastoral juvenil y me había confirmado a los diecisiete años. Entre los jóvenes que nos habíamos confirmado – éramos un porrón de gente, unos doscientos jóvenes- nos unimos al centro juvenil que habían puesto en marcha los Padres Paúles y en el que los líderes eran los catequistas de confirmación además de algún que otro joven que había por allí. Por aquel entonces no existía JMV y este centro juvenil andaba cerca, pero sin pertenecer, del movimiento juvenil salesiano Cristo Vive.
Mi grupo de post-confirmación, que recuerdo se llamaba “caminante”, se planteó que quería una cosa un poquito más sistemática en la formación de la fe, más madura. Buscábamos la formación donde podíamos. Íbamos a las librerías religiosas de los salesianos, cuando aún existía, o a la del obispado y comprábamos algún tipo de catequesis juvenil para formarnos. Y uno de los sacerdotes paúles nos invitó a tres o cuatros chavales a ir al Colegio Huerta de la Cruz de Algeciras para participar en un encuentro pascual juvenil. Fuimos, un poco engañados porque no nos había dejado muy claro de lo que trataba, y después de vivir aquella experiencia pascual de Jesús de aquella manera, me transformó y me cambió por completo. Yo vine a Algeciras sin saber muy bien a lo que iba y salí para Cádiz con los esquemas totalmente trastocados.
Propuse a los jóvenes de mi grupo que nos incorporáramos a aquella asociación y en verano nos invitaron a participar en un encuentro nacional en Torre de Benagalbón (Málaga) con más de dos mil jóvenes. Cuando el grupo experimentó aquello decidió incorporarse a Juventudes Marianas Vicencianas. Desde entonces el grupo de la parroquia se vinculó a JMV. Con todas estas experiencias mi vocación se fue poco a poco acrecentando, pero el toque de fuerza lo dio que tuviéramos estas experiencias en el verano de ir fuera, “ad gentes”. Así fue como logré tener mi primer contacto con la misión. Pero previamente hubo un gran trabajo de servicio con los pobres, de pascuas rurales, misiones populares, de formación y de maduración en la fe.
Ya por aquel entonces íbamos también por la delegación de pastoral juvenil de la diócesis y por la delegación de misiones, con José Luis Sibón. En fin, que la vidilla nuestra estaba siempre muy ligada al mundo de le evangelización ya fuera aquí en España o por ahí fuera.
- ¿Encuentras inquietud misionera en los jóvenes de ahora?
Se ve muy poca juventud en las parroquias. Y la poca que puede haber está en algún grupo de post comunión a la espera de la confirmación, pero muy poca.
Pero esa inquietud misionera la percibo más a través de los colegios de religiosos y en la misma delegación de misiones. Sí que existen jóvenes con inquietud y que buscan tener esa experiencia misionera. Y, sobre todo, preguntan especialmente los niños en los colegios a donde vamos para dar testimonio.
- Entonces, de La Línea regresas a Honduras…
Sí, pero marcho a un destino nuevo para mí. En el sentido de que nunca he estado como misionero en la Moskitia. Porque, aunque pasé varias semanas cuando mi primera misión en Honduras, he trabajado más en la ciudad de San Pedro Sula y en el bosque tropical que la rodea.
Aún no sé qué haré allí. Sé que tienen un centro de salud, que hay alguna escuela y no estoy seguro si tienen un internado. Cuando vaya a la Asamblea de MiSeVi (Misioneros Seglares Vicencianos) este fin de semana a Salamanca, me informarán. Lo que sí que me han anticipado ya es que voy a trabajar fuerte pastoralmente en la parroquia local; con la visita a las comunidades, a los delegados de la Palabra, las catequistas. En fin, para apoyar todo el trabajo que hace la parroquia y sus distintas comunidades a lo largo de los ríos que están cerca de Barra del Patuca, que es la localidad donde voy a estar enclavado.
- Con ganas y las fuerzas renovadas…
Sí, voy con muchas ganas. Lo que pasa es que la salida aún no es inminente porque tengo que esperar todavía los resultados de unas pruebas médicas que me estoy haciendo. Para ver si he terminado de machacar alguna piedra en el riñón que me quedaba ahí (risas), y que me ha tenido dos meses por el camino de la amargura. Pero vamos que, si Dios quiere, en septiembre ya estoy marchando para allá.
- Qué echas de menos en cada sitio…
De Cádiz, a parte de algún pescadito y algún gazpachito, echo de menos a la familia y a los amigos. Porque hay experiencias intensas y gozosas en las que te encantaría tener a tu gente cerca para que las viviera contigo. Porque, por mucho que intentes luego explicarlo por teléfono o por cartas – por aquel entonces no estaba ni el internet-, no logro transmitirles todo lo que he experimentado.
A veces, cuando las cosas no van tan bien, también te gustaría tener a la gente con la que tienes más confianza o más intimidad, para poder compartir esos momentos difíciles aunque luego los pongas ante Dios en la oración. Pero bueno, para eso está también la comunidad, porque nosotros vivimos la fe y la misión con un estilo laical pero en comunidad, para lo bueno y para lo malo.
Cuando vuelvo a España se echa de menos todo lo de la misión. Las experiencias de Iglesia también. En Honduras son radicalmente diferentes en cada sitio. Es Iglesia, sabes que una, celebramos la misma Eucaristía, los mismos sacramentos, pero la forma en que se vive la espiritualidad está lógicamente marcada por la idiosincrasia propia y la cultura de ser o de expresarse. Por ejemplo, la intensidad, la viveza, el baile y la espontaneidad que te encuentras en Mozambique difícilmente te la encontrarás en España. No tienen nada que ver, son dos realidades diferentes y cada una la expresa a su modo.
En Mozambique, la misa que dure menos de dos horas –como decía la gente- no vale. “Esa misa ha sido corta, la ha dicho mal, no ha estado bien, hay que volver a escucharla” (risas).También hay que pensar que la gente que venía a la Eucaristía en esos sitios tardaban hasta tres horas caminando para poder participar del Domingo. Y después se come y se comparte con las amistades, porque para ellos el Domingo sigue siendo el Día para el Señor y se preparan nada más que para eso.
En Honduras me llenaba absolutamente descubrir esa experiencia de Iglesia vivida a través de experiencias familiares, de una iglesia que si no la llevan los laicos no se lleva, porque no hay sacerdotes. Para una población de dos millones de personas, mayoritariamente rural, que no pasaban de ochenta sacerdotes –los padrecitos, los tatas- era imposible sin los laicos. Las parroquias funcionaban como centros de formación permanente para sus agentes de pastoral y se preparaban a los ministros de la Eucaristía, a los que llevaban el viatico con la Eucaristía a otras comunidades y a los delegados para la celebración de la Palabra.
Los laicos eran realmente quienes llevaban la Eucaristía porque, recuerdo, había comunidades a los que el sacerdote llegaba para poder celebrar la Misa dos veces al año, como mucho. En ese momento, cuando llegaba el padrecito se aprovechaba para celebrar todos los sacramentos posibles, todo en el mismo día. Porque el día que llegaba el sacerdote al pueblo era una fiesta, se celebraba todo.
Esa experiencia de Iglesia con los laicos, al principio te zumbaba mucho. Pero allí es lo normal y te decías a ti mismo “ah, pero la Iglesia puede funcionar de otra manera en ausencia de los sacerdotes”. Y te estoy hablando de gente muy comprometida, que eran padres de familia o campesinos que se quitaban de su poco tiempo libre para dedicarlo todo los días a la Iglesia.
- Y con esa experiencia, cómo entiendes la Nueva Evangelización…
Primero, la nueva evangelización tiene que partir de un compromiso personal de fe. Y desde el convencimiento de que, desde el bautismo, estás llamado por Jesús a la misión con la fuerza del Espíritu Santo para poder hacerlo. Lo que pasa es que eso no lo hemos descubierto la mayoría de los fieles. Si una buena parte de los bautizados fueran conscientes de esto, otro gallo cantaría quizás.
La concienciación del laicado de que, si ellos no se pringan difícilmente va a poder hacer nadie nada más. Es decir, que en la Iglesia tiene que haber un despertar del laico. Yo no sé si está despertando o no, sí que ves movimientos eclesiales que empiezan a hacer algo. Si no hay un despertar y un compromiso activo, siempre vamos a malentender que el papel del laico es el que está al lado del cura, y no es ese. Si los laicos no hacen lo que ellos tienen que hacer, y que pueden hacerlo, nadie lo va a hacer por ellos. Se está quedando una riqueza dormida para la Iglesia. esto en Latinoamérica, por una necesidad imperiosa, ya se hace desde hace muchos años.
En España nos tenemos que poner las pilas, porque la Iglesia no es cosa de monjas y religiosas, la Iglesia es cosa de todos los bautizados. Esta conciencia no existe en España ni en el resto de Europa, en general.
- Qué le pides, como MiSeVi, a tu diócesis de origen…
A la diócesis, seguir habilitando y dinamizando procesos de formación y de participación del laicado. Es la base. Que permita abrir hacia el laicado posibilidades que existen. Hacer un llamado urgente y expreso de que necesitamos de los laicos. Porque los “padrecitos” y las religiosas no pueden hacerlo todo solos. Ser un poco humildes.
Y esto en Latinoamérica funciona a pesar del empuje y ataque frontal de las sectas. En España tenemos el laicismo militante y el agnosticismo pero allí te encuentras mucho el tema de las sectas milenaristas, evangélicas, con un carácter anti ecuménico, desunidas entre ellas, y con una característica común que es el ataque salvaje a lo católico.  Sin embargo, la Iglesia Católica ahí está y las comunidades siguen funcionando.
Estas sectas evangélicas hacen mucho daño y es una jugada políticamente calculada. Piensa que durante muchas décadas la Iglesia Católica ha sido la defensora ante las injusticias y ante la fuerte explotación militarista y dictatorial que maltrataban, también a catequistas, sacerdotes y religiosos que denunciaban las injusticias o que criticaban los abusos y explotaciones. Por lo tanto, vieron que la Iglesia era un enemigo para los intereses de esos sectores oligarcas movidos por las macro economías que se salían de los intereses de la propia nación. Y la forma que tenían para atacar a la Iglesia no era precisamente con tanques y ejércitos sino metiendo “religiones en lata” que intentaban disgregar la unidad de la fe.
- Qué le dirías al joven que se plantea o que tiene inquietud misionera…
Primero le diría que  no tenga miedo. Que hagan caso a esa inquietud, si es que la tienen, y que no la apaguen. Que le den campo porque más tarde o más temprano tendrán la oportunidad de irse fuera. Que aprovechen lo que tienen alrededor, si están en algún colegio religioso o en su parroquia que se acerquen y pregunten. Que se pongan en contacto con la delegación de misiones que tienen gente super acogedores y bien preparada que les van a facilitar toda la información y formación misionera que necesitan.
Que no se acongojen ni se amilanen por las dificultades o resistencias que se puedan encontrar a su alrededor, entre su propia familia o amigos. Van a encontrar oposición, claro que sí, pero que no se echen atrás por eso. Es una locura sana.
- La parroquia del Carmen hace unos días y ahora te envían en Salamanca…
Sí. Durante el próximo fin de semana, 14 y 15 de junio, marcho a Salamanca  para la Asamblea Nacional de MiSeVi donde harán el envío oficial durante la Eucaristía de clausura. Entre los enviados se encuentra una pareja que se va a casar en septiembre antes de marchar en octubre para Bolivia, a dos o tres personas que se van varios años a Mozambique, un matrimonio con niños que es enviado a Barcelona como primera experiencia de misión “ad intra” en España y a dos que vamos a Honduras.
- Manolo, gracias por este tiempo que nos has dedicado y cuenta con nuestra oración desde Cádiz y Ceuta.
Pues muchas gracias, Antonio.
Qué es MISEVI
Manolo es miembro fundador de MiSeVi, acrónimo de Misioneros Seglares Vicencianos. Es una asociación laical vinculada a la Familia Vicenciana e inscrita como entidad religiosa católica en el ministerio de Justicia desde 2004 y perteneciente también a la AECID, Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, desde 2005.
MiSeVi gestiona la presencia de misioneros laicos vicencianos en distintos países; da cobertura material, espiritual y de acompañamiento a los misioneros; organizan actuaciones encaminadas a recoger fondos; realizan un Plan de Formación Misionera anual y facilitan el trabajo de los misioneros durante y después de su servicio en la misión.
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