viernes, 13 de junio de 2014

EL ALBA SE ASOMA A MI ORACIÓN; POR JOSÉ ANTONIO SIGLER.

EL ALBA SE ASOMA A MI ORACIÓN: "Oigo en mi corazón: «Buscad mi rostro.» Tu rostro buscaré, Señor". (Salmo del día). Una llamada y una súplica. Una escucha y un anhelo. En la oración —y no es ninguna utopía—, Dios nos habla. Por ello debemos aprender a orar (a escuchar) y a dialogar, no con el oído o la boca, sino desde nuestro corazón. Este pasaje es muy hermoso. Cuando tú a otro le hablas de alguien, lo primero que te dice es ¿tienes una foto?, y no te pide una foto del pie o de la espalda. El rostro es lo que te identifica más nítidamente. El diálogo del pasaje está lleno de ternura.  El deseo de Dios es que lo reconozcamos como es. ¿Pero Dios tiene rostro? El rostro de Dios es lo paternal, la ternura, la bondad y todo aquello que nos acerca al amor. Dios va a lo sencillo, lo cotidiano,  no se embrolla. La lectura de Laudes nos avisa de los desvíos: "No os dejéis arrastrar por doctrinas complicadas y extrañas". El rostro de Dios no lo vamos a encontrar en la new age, lo arcano, videncias, yoga y todas las prácticas esotéricas y orientales. Ahí encontraremos otros rostros. Dame, Señor capacidad de descubrir tu buen rostro y discernimiento para rechazar lo que, sibilamente, ladinamente y astutamente nos ofrece el mundo y donde, ingenuamente, caemos. Dame deseo de buscarte, mi Dios. Santa María, Virgen de la Luz, ruega por nosotros.

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