sábado, 19 de enero de 2013

BRITA Y LOS NIÑOS; POR JAIME ROCHA.

Diario de Cádiz


LA QUINTA COLUMNA

brita y los niños

JAIME / ROCHA | ACTUALIZADO 19.01.2013 - 01:00
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Está realmente indignada, como no la he visto nunca. Me dirige una pregunta con aires de acusación: "¿Qué esperáis para acabar con esta utilización sistemática de los niños en manifestaciones públicas, para eliminar los programas de violencia en horario infantil, para el adoctrinamiento político en colegios..? ¿Es que no os dais cuenta de la sociedad que estáis formando?" 

El problema, le contesto, tiene muchas aristas, no es fácil. Empezando por los propios padres, que en una terrible confusión de excesivo proteccionismo y dejación, les consienten y admiten comportamientos y actitudes que deberían ser corregidos y reprimidos de forma inmediata y eficaz. Padres que nos les enseñan y exigen el respeto a sus docentes, que les permiten el uso abusivo y sin control de Internet y redes sociales, sin preocuparse de lo que ven y con quien se relacionan. Son unos malos padres, unos padres cómodos que no se toman la molestia de educar, en toda la extensión de la palabra, a unos seres humanos de los que son responsables. 

En una reciente encuesta, en España, el 54 % de los jóvenes contesta que la violencia es necesaria. Es el resultado de lo que continuamente ven en las televisiones, sin control paterno, ni cumplimiento por parte de las cadenas, de las leyes que existen para que, según que programas, no sean emitidos en horario infantil. 

"¡Jaime!", casi me grita, "¿De qué sirven las leyes si no se cumplen? ¿De qué sirven los horarios protegidos si los niños se acuestan tardísimo o tienen televisores y ordenadores en sus habitaciones cuyas programaciones nadie controla, si en algunos colegios se preocupan más del adoctrinamiento que de la educación, sin que a los padres parezca preocuparles, más bien lo consienten?" Doy la razón avergonzado, porque yo también me siento responsable, como todos los que somos padres, de esta sociedad que hemos creado con nuestra indiferencia, nuestra dejación de responsabilidades, nuestra carencia de valores humanos que transmitir a nuestros hijos, nuestro desaforado egoísmo. 

El único valor que hemos logrado transmitir a estas generaciones es el de 'Tanto tienes, tanto vales'. Aunque nuestra esperanza está en las excepciones.

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