miércoles, 23 de mayo de 2018

MALAS RAÍCES; POR ENRIQUE GARCÍA-MÁIQUEZ



El problema del problema de Irene Montero y Pablo Iglesias es que es inmobiliario. En el sentido etimológico de inamovible. Casi cualquier otro escándalo, con un poco de tiempo se olvida porque suelen ser sobre bienes muebles o fungibles o intangibles, pero los bienes raíces tienen eso, raíces, que se agarran al suelo con firmeza de cimientos y no se sueltan tan rápido. Si el bien ha resultado un mal, estará invertido, pero tendrá las mismas raíces. En este caso, hundidas en la tierra de Galapagar y con el abono de unos principios hechos detritus orgánicos.

Hay bastantes que piensan que estamos ante un escándalo más de la era 2.0 y que, como las moras antiguas, su mancha se quitará con la mora verde del primer caso de corrupción que llegue. Que Zaplana lo aplane y lo zanje. Sugerir eso es otro error de comunicación porque esos supuestos no juegan en la misma liga: la corrupción va por lo penal y Galapagar sólo por lo político. Lo del chalé va a tener una esperanza de vida parecida a la hipoteca de la Caja de Ingenieros. Pablo e Irene podrán no ser coherentes, pero la realidad lo es, como la dureza de sus materiales. ¿La casa no es de piedra? 

Afecta a la construcción del discurso. El pilar de Podemos era la dialéctica entre los de arriba y los de abajo. Será difícil que Igleisas haga un encendido ataque a la casta a partir de ahora sin que nos tambaleemos por la risa floja. Esto ha carcomido la viga de su retórica. Ha dejado al aire cuánto había de envidia mimética en su discurso contra el sistema. Ha puesto un espejo delante de su gente que es un juego de espejos: "Ahora nos molesta lo del chalé de Irene y Pablo, pero ¿porque somos alternativos o porque, como ellas, nos gustaría hacernos con uno bueno con piscina y huerto ecológico?" Esos espejos convexos no hay quien los perdone ni partido igualitario que aguante tales dudas de conciencia.

La burbuja inmobiliaria de Podemos es una burbuja ideológica. Qué desesperados tienen que estar para convocar una consulta convalidante que no convalidará nada. La única salida sería estallar la burbuja: asumir el error y volver a Vallecas como el hijo pródigo: "Proletario, he pecado contra el celo y contra ti". Eso empoderaría a su electorado. El resto es hipoteca. Pero resulta curioso que no se hayan planteado esa posibilidad táctica. No quieren ni pensarla. Tampoco deben de ser muy de parábolas evangélicas, Irene y Pablo.

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