martes, 27 de enero de 2015

UNA MUJER PARA TODOS LOS TIEMPOS.





Escrito en: Jan 27, 2015
Por Juan Jurado Ballesta (Economista). Grupo Baco.
Publicado en el diario ABC de Sevilla 22.01.2015
El próximo 25 de marzo se cumplirán los quinientos años del nacimiento de Teresa de Cepeda y Ahumada (1515-1582) en Ávila, más conocida como Santa Teresa de Jesús, la primera mujer doctora de la Iglesia. Una mujer de su tiempo y del nuestro, fundadora de las carmelitas descalzas y gran escritora.
Teresa de Cepeda fue una mujer protagonista, personaje principal, de su tiempo. Una mujer que no se conformó con ser espectadora de la sociedad en que vivió, sino que trabajó por cambiar su entorno, mejorando ella misma. Su vivencia personal de Jesús, su experiencia íntima en la oración personal (“sólo Dios basta”), no le aisló, ni frenó su vocación transformadora, al contrario, le impulsó a ello con la fuerza arrolladora de un río de alta montaña. Así lo refleja en los primeros versos de su conocido poema: “Vuestra soy, para vos nací: ¿Qué mandáis hacer de mí?”.
En ese impulso creativo, Teresa de Jesús fundó quince monasterios para sus carmelitas. Uno de ellos, en Sevilla (1576). Su constancia es ejemplar: con “una grande y determinada determinación de no parar hasta llegar, venga lo que viniere, suceda lo que sucediere, trabaje lo que trabajare, murmure quien murmurare, siquiera me muera en el camino, siquiera se hunda el mundo”. Teresa contagia la alegría a sus hermanas carmelitas, y quiere que se cultive en los momentos de recreación en el convento. Es la misma alegría, y humor fino, que se nota claramente al instante cuando uno se dirige a la madre tornera de un carmelo. Cada convento es una auténtica casa de convivencia en amor fraternal sin medida, en medio de una sencillez evangélica
En su faceta literaria, Teresa de Jesús es una autora imprescindible del Siglo de Oro español y de la literatura universal. En su poesía y en su prosa vuelca, superando toda timidez, sus vivencias, y consigue, con la mayor naturalidad, que sus lectores participen intensamente de ellas. En Libro de la Vida, que ella denomina de las misericordias del Señor, encontramos esa autobiografía que “engolosina” al lector, en su propia expresión. En Camino de Perfección, en Libro del Castillo interior o Las Moradas y en Las Fundaciones, descubrimos auténticos tratados de crecimiento personal con una profundidad que sitúa a Santa Teresa entre los grandes maestros de espiritualidad. Y a ellos se añaden otras publicaciones, innumerables cartas y poesías, que completan una gran creación literaria y de pedagogía mística.
A lo largo de su vida, Teresa de Ávila nos dejó innumerables detalles de valentía, de esfuerzo personal, de sentido común y de humanidad. Proceder de una familia de judíos conversos, o ser mujer con gusto por la lectura y criterios propios, fueron quizá las razones para que tuviera que soportar, en ocasiones, duras investigaciones inquisitoriales. Tensiones a las que se enfrentó con el valor que procede del convencimiento de un recto pensar y actuar, y con el sentido común de una inteligencia extraordinaria. Sin duda, era eso lo que le llevaba a repetir, una y otra vez, en sus libros expresiones como “me han tanto importunado les diga algo de ella (la oración) que me he determinado a las obedecer, (…). Y si fuere mal acertado, el padre presentado, que lo ha de ver primero, lo remediará o lo quemará, y yo no habré perdido nada en obedecer”.
Hay muchas lecciones en la vida y en la obra de Santa Teresa, cuya consideración nos ayudaría a mejorar nuestra sociedad actual. Cuando nos dice “Nada te turbe, nada te espante…”, descubrimos que tenemos mucho que aprender de aquella mujer en esta sociedad convulsa y miedosa del siglo XXI. Una sociedad dominada por la inmediatez, la urgencia, la aceleración, en la que cuesta mucho pararse a reflexionar en ideas como la eternidad o, dicho al modo de Teresa de Ávila, “para siempre, siempre, siempre…”. Esas grandes ideas que nos permiten volver a vivir el día a día con más intensidad, con más generosidad, con más compromiso e, incluso, con más eficacia.
Dos mujeres, hijas de Santa Teresa, más próximas a nuestro tiempo, son Teresa de Lisieux (Francia, 1873-1897) y Edith Stein (Alemania, 1891-1942), ambas santas carmelitas: son dos claros ejemplos de la universalidad y de la actualidad de la obra y del espíritu de nuestra santa abulense.
Teresa de Lisieux, conocida como Teresa del Niño Jesús, que, a pesar de su vida tan corta, es doctora de la Iglesia y, a pesar de haber vivido en un convento de clausura, es patrona de las misiones. En su libro “Historia de un alma” deja claro su magisterio espiritual cuyo camino atrae hoy a tantos discípulos.
Edith Stein, o Teresa Benedicta de la Cruz, es co-patrona de Europa, filósofa discípula de Husserl. Nacida en una familia judía, a los treinta años se convierte al catolicismo tras la lectura de la autobiografía de Santa Teresa de Jesús, y continúa publicando obras de filosofía. Once años después decide ser carmelita descalza hasta que muere, en el campo de exterminio de Auschwitz, víctima del odio del nazismo dominante.
Hoy día más de once mil monjas carmelitas continúan viviendo en casi cien países por todo el mundo, al estilo de Santa Teresa. Su nombre está presente en infinidad de rótulos de calles, plazas, institutos, empresas y cooperativas, recordándonos su enorme personalidad.
Ahora, cuando en las primeras páginas de los periódicos destacan cada día el desánimo, el miedo, el humor blasfemo y la violencia, ojalá aprovechemos las celebraciones del quinto centenario del nacimiento de Teresa de Jesús para humanizar nuestra sociedad, subrayando la importancia del esfuerzo, el valor, el amor y la alegría.

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