jueves, 26 de diciembre de 2013

¿LOS JÓVENES SON MÁS FÁCILMENTE CAPTABLES POR LAS SECTAS?

InfoRIES
 

 

A las 10:48 AM, por Luis Santamaría 
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General
¿Los jóvenes son más fácilmente captables por las sectas? El portal católicoAleteia ha publicado la respuesta de Luis Santamaría, miembro de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES). Según él, la religión es poco valorada por los jóvenes… pero les atraen la espiritualidad, la superstición y lo oculto. Resumimos su artículo a continuación.

La preocupación por los jóvenes y las sectas, ¿responde a la realidad?
Aunque el fenómeno sectario siga siendo bastante desconocido en general por la sociedad, hay una preocupación especial por la captación de los jóvenes. En la década pasada, por ejemplo, un sondeo del Centro de Investigaciones Sociológicas mostraba que para los padres españoles el que su hijo “perteneciera a una secta” constituía algo más preocupante que su posible consumo de drogas, sus relaciones sexuales, su rendimiento escolar o su participación en grupos juveniles de identidad muy marcada.
Cuando se habla de las sectas en los medios de comunicación, en muchas ocasiones se acentúa la incidencia de este fenómeno en la juventud, por las características propias de ésta. Esta apreciación no va desencaminada, y también los organismos públicos han puesto un especial cuidado en este sector de población, en principio más vulnerable al proselitismo sectario.

También la Iglesia católica se hizo eco de esta preocupación, cuando en el documento de la Santa Sede sobre las sectas y nuevos movimientos religiosos se decía, en el año 1986, que “los grupos más vulnerables en la Iglesia, especialmente los jóvenes, parecen ser los mayormente afectados”. Entonces, se trata de una realidad.

Un terreno abonado
Según los estudios sociológicos, hay un importante descenso en la identificación católica de la población juvenil española, sobre todo en los que afirman ser “católicos practicantes”. En el informe Jóvenes españoles 2010, de la Fundación Santa María, se afirma que “la religión sigue ocupando uno de los últimos lugares en una escala de valoración de las cosas más importantes para los jóvenes”.
En este mismo estudio se observa un importante componente de individualismo y subjetividad en la identificación y búsqueda religiosa, que prima la propia experiencia o el bienestar sentido por encima de la racionalidad de las propuestas espirituales, en una situación de “religión a la carta”. Por ejemplo, en el apartado de creencias se dice que el 19,8 % de los jóvenes españoles cree en la reencarnación… ¡un punto por encima de los que dicen aceptar la resurrección de los muertos! Es un detalle muy significativo.
Cuando se les pregunta a los jóvenes sobre su concepto de Dios, aparecen como comúnmente aceptadas respuestas muy impersonales. También es muy interesante lo que ofrece este informe en torno al esoterismo y las paraciencias. Consultados sobre si “hay o podría haber algo de verdadero” en los horóscopos y astrología, en las diversas formas de adivinación, en los curanderos o sanación por poderes y en la comunicación con el más allá, se constatan unos porcentajes nada desdeñables.
Además, por parte de algunos se vive la espiritualidad como consumo. Los antropólogos Mar Griera y Ferrán Urgell publicaron hace una década un estudio muy interesante sobre la difusión que tienen entre el público juvenil la gran variedad de ofertas espirituales más o menos identificadas como tales y que englobamos dentro de la Nueva Era. las características principales de las nuevas formas de religiosidad –y de su éxito entre los jóvenes– son las siguientes: la ausencia de dogmatismo y ortodoxia, el carácter abierto y amistoso (concretado en la relativización pluralista de todas las religiones y en la cercanía con la ciencia), el énfasis en las vivencias y en lo emocional, el individualismo, la salvación inmanente e inmediata, y la configuración según el mercado y el consumo. 

Factores de vulnerabilidad y situaciones de riesgo
En primer lugar hay que hablar de las características propias de esta edad, en la que se va configurando la personalidad, se produce una importante maduración, se buscan referentes (y se rompe con otros anteriores), etc. Además, hay una cierta inadaptación social connatural al período juvenil.
También hay algunos rasgos de personalidad determinados que influyen notablemente en la permeabilidad a la captación sectaria: carácter introvertido, solitario o depresivo; dificultades sociales, relacionales y de comunicación; inseguridad ante el futuro, confusión vital, inmadurez afectiva o autoestima baja.
Por otra parte, hay situaciones puntuales de crisis que afectan hondamente al joven, ligadas a experiencias que se viven de forma traumática en el ámbito que sea: afectivo, familiar, laboral, etc.
Es fundamental el papel de la familia, que puede favorecer o dificultar la acción de las sectas sobre sus miembros más jóvenes. Algunos rasgos negativos son su fragmentación, los extremos del rigorismo y la laxitud, la carencia de afecto, la debilidad de los vínculos, los malos tratos, etc.
La búsqueda de espiritualidad, sobre todo cuando no ha habido una normal socialización religiosa o está totalmente ausente, y la necesidad de trascendencia del ser humano, es un elemento fundamental a tener en cuenta, dado que el hombre es un ser religioso. Si esto no se ha llenado, siempre habrá quien quiera ocupar el hueco.
Junto a lo anterior hay que tener en cuenta la falta de cultura religiosa, que hace que los jóvenes no estén equipados de datos y criterios para el discernimiento de las ofertas que les llegan en el entorno de lo espiritual. Esto, añadido al relativismo ambiental según el cual todo vale, y todas las creencias y opiniones merecen el mismo respeto.
Por último, hay que señalar el interés por lo oculto y lo misterioso, que se constata en la popularidad que tienen algunos temas, productos audiovisuales y contenidos que siguen atrayendo a la población en general y al público joven en particular.

¿Dueños de su propio destino?
Después de todo lo dicho, puede parecer contradictorio que, por un lado, se afirme que los jóvenes rechazan en su mayoría una configuración institucional de lo religioso, tendiendo más bien al individualismo que elabora una “religión a la carta” y, por otro lado, se prevenga contra el riesgo de que los mismos jóvenes sean más fácilmente captables por las sectas. ¿Personas tan celosas de su autonomía pueden caer en grupos que atentan contra su libertad y acaban manipulándolas en mayor o menor grado bajo la forma de patologías de la religión?
Parece contradictorio, pero no lo es en realidad. En primer lugar, porque la nueva religiosidad está tomando formas cada vez menos grupales –sociológicamente hablando–, y ya no se dan tantos casos de vida comunitaria, aislamiento físico en lugares recónditos o reclusión querida en el entorno cerrado de la secta. Ahora el control de las personas se hace fácilmente sin excesivo contacto personal, a través de actividades puntuales, clases y talleres, lectura de libros, acceso a las doctrinas y prácticas espirituales por Internet…
Y además, porque el engaño es el mismo de siempre, el más antiguo: el “seréis como Dios” del Génesis o el intento de robo del fuego divino del mítico Prometeo. Los jóvenes, ansiosos de una libertad verdadera, son convencidos en el ámbito de las sectas y de la nueva religiosidad de que allí podrán vivirla en plenitud, de que serán dueños de su propio destino, cuando en realidadestarán poniendo su vida en manos de una doctrina irracional que en el fondo los esclaviza y aparta de su autorrealización y felicidad.

El artículo completo, con todos los datos numéricos, citas y referencias, en Aleteia.

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