sábado, 10 de febrero de 2018

* MI PREGÓN A LA ESPERANZA: ESPERANZA EN LA FE...



Han pasado casi dos meses desde que un sábado 16 de diciembre pronunciara mi particular Pregón de la Esperanza en la Iglesia Vaticana y Castrense de San Francisco de Asís en San Fernando justamente después de que mi buen hermano Manuel Bouza Montilla me cediera el testigo y la palabra tras realizar una extraordinaria presentación que rompió con todos los cánones preestablecidos.

Allí la Santísima Virgen de la Esperanza fue depositaria de mis palabras escritas y pronunciadas a corazón abierto, allí a los pies de Nuestra Madre y Señora quedó depositada mi Esperanza, la que me sustenta y hace que me levante cada día de mis días.

Esta Esperanza que se fundamenta en cinco pilares: En la Fe, en el Amor, en el Perdón, en la Caridad, en la Esperanza...

En estos próximos cinco sábados iré publicando el texto de mi pregón.

Hoy comparto el preámbulo y las palabras que he dedicado a la Esperanza en la Fe.

No espero que os gusto sino que simplemente os pueda servir.

Un abrazo fraterno,

Jesús Rodríguez Arias


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“La Esperanza es la virtud que empuja a todos a compartir el viaje de la vida


Con la Venia del Santísimo Sacramento del Altar.

Mi querido Cura-Párroco de esta de San Francisco de Asís y Arcipreste de San Fernando, Padre Gonzalo, Hermano Mayor, Junta de Gobierno y hermanos de esta señera y antigua Hermandad del Silencio, dignísimas autoridades, representaciones, hermanos y amigos todos: ¡Gracias por estar hoy aquí!
En estas palabras que pronunciara el Santo Padre en su catequesis general del pasado 27 de septiembre está el fundamento, la base, que he querido dar a este Pregón de la Esperanza.

Solo espero que no hayáis puesto muchas ilusiones en este humilde pregonero que siendo de esta Bicentenaria Ciudad cada día que pasa se considera más de pueblo. Espero que mis palabras no os desilusionen porque no vengo a superar listones de los extraordinarios exaltadores de años anteriores. No, no es esa mi intención.

Ni esperéis que realice apología en ningunos de los sentidos, no hallaréis en mí a ningún abanderado. No os ilusionéis que utilice esta privilegiada tribuna para hablar o hacer política pues pienso que esta tiene su particular atrio donde se desarrollan tales parlamentos. No esperéis que desde estos micrófonos me erija en autoridad para aconsejar no sé qué línea ni para criticar a la Iglesia a la que guardo fidelidad desde el convencimiento de que actúa como Madre.

No esperéis bellas poesías encadenadas a tu texto lleno de florida escritura. No, yo he venido aquí para pregonar la Esperanza que para mí tiene nombre de mujer y se llama María.

Esperanza no es un color, pero yo la pinto de verde, no es una sensación aunque no puedo vivir sin ella, no duerme conmigo aunque me levanta todos los días, no es una imagen concreta aunque la veo reflejada en tantas miradas...

Esperanza es ese necesario aldabonazo de cada día que hace que no nos apaguemos en el pesaroso hastío, la lánguida apatía o la negrura que envuelve nuestros propios pensamientos.

Esperanza es esa meta, ese cercano horizonte, esa espera a lo que ha de venir y vendrá.

Por eso mi Esperanza tiene nombre de mujer y se llama María.

Mujer que esperaba con Fe que se cumpliera en ella todas las promesas, que no dudó ni un solo instante, que se entregó al ciento por uno a la voluntad de Dios que es también Señor de la Esperanza.

Esperanza en la Fe, en el Amor, en el Perdón, en la Caridad, en la Esperanza.

Madre, eres ejemplo de Fe y Amor en la Esperanza. Fe entregada, Fe vivida. El ángel de Dios te anunció que eras la Elegida para que trajeras en tus entrañas a nuestro Mesías y Salvador, el que el Padre había dispuesto desde el principio de los tiempos para redimir a este mundo tan perdido entonces y tan perdido ahora. Fuiste el primer Sagrario de nuestro Redentor y a Él te entregaste en cuerpo y alma a pesar de cualquier pesar.

Sé que lo que voy a decir mirándote a tus inmaculados ojos está fuera de toda lógica pero déjame que comparta contigo esta reflexión hecha en voz alta. ¿Te imaginas María, que en vez llevar a cabo la voluntad de Dios te hubieras rebelado contra Él? ¡Inimaginable! ¿Verdad?

Sí, Tú una joven, virgen, que siente nacer una criatura en su ser, que sabes viene directamente del Padre Dios pero eso no lo sabe el “mundo”, que hasta tu marido José te quiere repudiar en secreto pues no entendía nada, que podrías pensar que esto te cambiará la vida para siempre y que sentirías ese miedo natural que sentimos todos cuando nuestro “mundo” se viene para abajo.

Si fueras una joven de hoy en día hasta los más cercanos te aconsejarían que abortases, que eliminaras al niño, que tendrías mucha vida por delante, que...

Los designios del mundo son los que son y en demasiadas ocasiones están muy distantes al mismo Dios.

Sí, María, te aconsejarían que abortarses, que mataras al hijo de tus entrañas, para tener una vida que en verdad es un continuo sin vivir y eso tan solo lo saben y conocen las mujeres que han abortado pues no solo muere el feto, al cual no se le ha dado ninguna oportunidad, sino que también lo hace la madre, que lo será por siempre, porque sentirá en lo más profundo de su alma ese desgarro.

¿Cuántas buenas personas, valiosos profesionales, extraordinarios dirigentes, inmejorables vecinos y entregados hijos han muerto en un abortorio? El mundo se va convirtiendo poco a poco en una porqueriza cuando con nuestras leyes, nuestro apoyo y nuestros silencios estamos permitiendo este genocidio de la raza humana por medio del aborto.

Pero en Tí María la Fe se hace Esperanza.

Esperanza para mí tiene nombre de Virgen con manto verde. María la madre de Jesús, que es ese niño que tenía que nacer y nació, nunca le faltó la Fe y la Esperanza, no sucumbió a la duda, al dolor, a renegar de nada ni nadie porque Ella sabía que lo prometido se cumpliría palabra a palabra, hecho a hecho.

En la Fe de María quiero perderme para volverme a encontrar.

Y aquí en esta Isla de nuestros quereres la Esperanza se viste de verde cuando la noche se hace noche y Jesús Expira en la Cruz.

Muchas veces me he preguntado cuando la noche se hace madrugada en esta Isla que Expira en Silencio que sentirán sus cargadores, los que llevan a Jesús de la mirada perdida buscando al Padre, con ojos suplicantes de Fe, con esas lágrimas que lo acercan a la muerte mientras nos perdona a todos; a justos e injustos, a buenos y malos, a quienes nunca lo abandonaron y esos a los que el miedo los ha vencido así como los que con sus dedos han decidido que Él tenía que ser condenado, quienes lo ajusticiaron en vida y con ojos henchidos en gozo ven como muere quien tanto nos Amó y nos sigue amando.

Sí, muchas veces me he preguntado y reflexionado con el corazón lleno de emociones porque debajo del paso van unos jóvenes cargadores porque joven es cada corazón aunque los años no pasen en balde. Muchas veces me lo he cuestionado y hoy os lo pregunto porque sois los únicos que sabéis la respuesta, porque cada Jueves Santo se obra de nuevo tan bonito milagro.

¿Cuánto pesa la Esperanza?

Llevadla despacito,
a la Madre dolorosa,
que ve partir a su Hijo,
crucificado de tantas cosas.

Y es su último suspiro,
que aquí todo se acaba,
llevadla muy despacito,
a la Madre de la Esperanza.

Silencio de noche eterna,
penumbra de calle antigua,
recuerdos, vivencias,
de Jueves Santo en La Isla.

Esperanza también es Gracia de María, de eterna enamorada, de Madre que lo cuida, desde el pesebre en esa gruta, hasta el patíbulo que lo martiriza, en su regazo que huele a hijo muerto, es contemplar el sufrimiento y la muerte del que ha sido su vida.

Vida de Tu Vida, Madre…

Esperanza, no te puedes quejar del amor de tus hijos, los hermanos de esta querida y señera Hermandad que se hace antigua cofradía que cada noche de Jueves Santo se hace madrugada en Monte Calvario.

Son siglos a base de devoción y de Amor a esta Virgen guapa que corona su pesar a base de Esperanza, la del manto y palio verde, la de andares elegantes, que sigue a Jesús que muere nuevamente en la Cruz.

De hermanos que han dejado más que su vida ofreciéndole cuanto tenían que es su incondicional Amor y Entrega que es el Patrimonio más rico que puede atesorar tan insigne corporación nazarena y mira que atesora un grandioso y antiguo patrimonio...

Como isleño, como cofrade, como hombre de fe, os doy las gracias a todos los que lleváis prendidos al cuello y al alma la verde venera de la Esperanza así como a la Junta de Gobierno que preside mi querido hermano en la Fe y en tantas cosas, David Gutiérrez pues no resulta para nada fácil el llevar como lleváis este esencial carisma, este apasionado apostolado, pues nos dais lecciones de lo que es ser buenos y coherentes cristianos-cofrades, mantener una línea, un estilo propio que significan y dignifican a quienes pertenecen a esta ilustre corporación. Gracias por ser depositario de esa clase de Esperanza que solo puede venir de la Madre y Señora.

Contemplándote, María, me acuerdo de mi madre aquí en la Tierra. Hace cinco meses que la tienes a ti pegadita y seguro que es Feliz a tu lado.

Mi madre María del Carmen me enseñó con su vida el valor esencial de la Esperanza. Vivió sufriendo y murió en Paz gracias a Tu Hijo que estuvo a su ladito a la hora de expirar. Mujer fuerte y correosa que le tocó bregar con cuatro niños pequeños cuando a mi padre lo llamasteis demasiado pronto. Mujer que supo sacar fuerzas de tantas flaquezas y siempre con Fe e incondicional Amor en Cristo.  Mujer que se quedó huérfana de madre siendo muy pequeña y en Ti encontró a la Madre de sus alegrías y sus penas.

Sí, mamá, hace cinco meses que te fuiste y te tengo muy presente cada día de mis días y sobre todo cuando detengo la mirada en los ojos de nuestra Madre de la Esperanza.

¿Cuántos besos no te he dado?
¿Cuantos abrazos sin darte?
¿Cuántas vivencias que contarte?
Ahora no puedo, ya te has marchado.

Pero vives en mí, en tus hijos,
Vives en la forma de amarte,
Vives Feliz y te lo digo,
Vives en la Fe que me inculcaste.

Esperanza en la Fe es entregarse por completo a Dios tanto en los buenos como en los peores momentos. Es ver a Cristo con ojos de dolor, de sufrimiento, de enfermedad...

Madre, todas las mañanas me preguntas con una sonrisa: ¿Cómo estás hoy Jesús, hijo de mi vida?

Pues ya sabes Esperanza, me levanto todos los días, ilusionado con ese amanecer que tu me regalas cuando abro la ventana y en el cielo mis ojos se fijan. ¿Dolores? Podría decirte que es lo que alguna vez no me duele, pero caminando con la ayuda de Dios, cogidito a su mano que nunca me deja, paso a paso, que aquí ya se acabaron las prisas, los agobios, las preocupaciones que mueren a la vuelta de la esquina. Si algo tengo que agradecerle a la enfermedad con la que el Señor me ha bendecido, el que me haya ofrecido esta segunda oportunidad, es saber tomarme todo a “mi manera”, concibiendo cada día como un regalo único y diferente.

¡Me alegro, tienes hoy mejor semblante!

Gracias Madre, pero tú aun en los peores momentos me has visto bien porque no miras a los ojos que al final se cierran para no abrir sino que lo haces directamente al alma y esa es la que actúa con el solo objetivo de que se haga en mí según la voluntad del Padre que es el eterno Señor de la Esperanza.

¡Ánimo hijo, no ves a Jesús lleno de heridas, crucificaito y expirando en la Cruz! Murió lleno de dolor y cada gota de sangre fue abono para nuestra salvación. Murió porque tenía que morir, porque este no era su sitio, como tampoco es el tuyo, pero resucitó como estaba escrito y hoy está en la Gloria a la derecha del Padre donde a cada instante redime a vivos y muertos porque su reino nunca tendrá fin. Está allá donde quiera que esté eso que llamamos Cielo y está aquí en ese pequeño Sagrario, ese precioso Tabernáculo, que contiene a quién es Vida más allá de la vida.

¡Ánimo hijo, que tú puedes, con la ayuda de Jesús que no te abandona, haré que cada día de tu vida sea un motivo para la Esperanza!

Gracias, María, bien sabes no temo a la muerte porque ansío sobre todas las cosas  ganarme la Vida por medio de la santificación que es cosa de cada instante de la propia vida. ¡Qué importa el sufrimiento o la enfermedad, la persecución, el martirio, la humillación, si estoy contigo!

Por eso comprendo y defiendo tanto a los cristianos que son perseguidos por su Fe en esos países donde ser de Cristo significa muerte asegurada, significa persecución, destrucción, expulsión, así como en este primer mundo tan avanzado, tan progresista, tan “iluminado” que quiere implantar a la criatura como un dios al servicio del supremo interés donde algunos ganan y los demás perdemos.

Sí, también aquí en el mundo desarrollado ser de Cristo se paga con la vida, con la persecución, con la expulsión, con la humillación, con un ostracismo que intenta hacerte desaparecer del “mapa” porque Jesús molesta a los fariseos de siempre porque desgraciadamente el mundo, como la vida, sigue siendo igual.
Me alegro que así pienses, que así vivas, y no olvides que Jesús camina contigo y yo te llevo cogidito de la mano para que nunca te falte la Esperanza.

Gracias Madre, vida de mi vida, Fe hecha Amor.

Esperanza en la Fe es tenerla aún cuando todo esto termina y la oscura muerte nos dice de forma tajante que hasta aquí hemos llegado, que aquí quedaron los besos, los abrazos, los que dimos o los que nunca fueron dados. Esperanza es también saber, porque lo sientes en el corazón, que la muerte no es el final sino el principio de la Vida y que a pesar de los emocionados sentimientos no hay que estar tristes de expirar a este mundo cuando nos espera contemplar cara a cara la sublime mirada de Dios. No hay Paz y Felicidad más completa que los que abandonando este mundo son abrazados y recibidos como hijos pródigos en la Casa del Padre que a cada instante hace una fiesta por cada uno de nosotros “pues estábamos perdidos y hemos sido hallados, estábamos muertos y hemos resucitados”.  La Esperanza de ver que hay Vida tras la muerte es la mayor Esperanza...

Foto José Moreno Fraile (Información San Fernando)

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