lunes, 24 de marzo de 2014

PARA MEDITAR.

Nadie desea equivocarse, pero todos lo hacemos a veces. Ocasionalmente, nuestra equivocación es grave, con consecuencias de largo alcance. Puede ser inconveniente; puede crearnos situaciones de apuro, pero no es el fin del mundo y  no deberíamos tratarla como tal. 
Cuando reconozcamos que hemos cometido un error, podemos y debemos tratar de rectificarlo, pero cuando la corrección sea imposible, el mejor curso será simplemente el de admitirlo y seguir adelante. Regañarte, condenarte y hundirte a ti mismo no cambiará la equivocación, pero te cambiará a ti. Erosionará tu confianza en ti mismo y te hará más proclive a cometer un error en el futuro. 
Cuando descubras que estás en un error, date un respiro. Date permiso para unirte a la raza humana, propensa a las equivocaciones. 

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