
Después de una introducción al mundo de los iconos he podido leer algunos iconos muy significativos como la Santísima Trinidad de Andrëi Rublev, el Bautismo del Señor, la Resurrección de Lázaro, el Cristo de San Damián y el Anástasis o Descenso a los infiernos del Resucitado. Digo leer porque el icono no se pinta, se escribe y se lee. Algunos no conocían absolutamente nada acerca de ellos, otros habían aprendido a escribirlos, algunos conocían algo, todos hemos salido sorprendidos del misterio de Dios que se nos revela. Son auténticas ventanas abiertas a lo divino, un asomarse a la ventana del Jardín de Dios dejando que el corazón se transfigure, pero al mismo tiempo una fuerte llamada a la conversión y al compromiso apostólico. La experiencia de Dios siempre es difícil expresar, porque Dios siempre es más. Tan solo puedo decir: «¡Gracias, Dios mío, por regalarnos en este fin de semana tanta belleza!».
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