"Una amistad de 400 años". Ese es el lema que ha escogido la comunidad de padres agustinos para conmemorar los cuatro siglos de su llegada a la ciudad, que se cumplen este 2017. Con esa frase, los religiosos quieren poner de relieve le especial relación que han mantenido en Cádiz durante estos cuatro siglos; y, al mismo tiempo, el trato que la ciudad le ha dispensado.
Y esto teniendo en cuenta que el inicio no fue acogedor, sino todo lo contrario. El agustino José Manuel Morales hace un repaso por la historia de la orden de San Agustín y Cádiz. Y cuenta que en 1593 ya intentaron los agustinos establecerse en la ciudad, y cuando todo estaba prácticamente hecho, hubo que renunciar por circunstancias de la vida -"vamos a dejarlo ahí", dice al respecto Morales-. No sería, por tanto, hasta el año 1617 (un 23 de noviembre) cuando los agustinos se establezcan en la ciudad. No en la plaza de Candelaria que tenían previsto inicialmente, sino en la plazuela de Pedro Vidal (hoy San Agustín).
A partir de entonces se inicia esa relación de amistad que los agustinos quieren poner de relieve este año 2017. Una amistad que quedó testimoniada en episodios históricos tan curiosos como el de la guerra contra los franceses en el año 1810, cuando según cuenta José Manuel Morales los agustinos (que sólo contaban con el convento de Cádiz en toda Andalucía) "se desprenden de toda la plata y objetos valiosos y los transforman en sumas considerables para sostener al Gobierno y a los ejércitos nacionales". Y no sólo eso, sino que el convento se convierte en lugar de alojamiento de "oficiales, autoridades y soldados del Rey", que duermen "en colchones prestados o en el santo suelo". "No se cierra el convento ni de día ni de noche. Se respetan los cultos. Los agustinos más ancianos asisten al coro y cumplen sus obligaciones monacales. Los demás trabajan en obras del servicio público". La implicación de los agustino llega a tal calibre que los estudiantes "sirven en la artillería de los ejércitos nacionales", explica Morales.
Otro episodio que atestigua la amistad forjada llega con la Desamortización de Mendizábal en 1835. Entonces contaba el convento con 38 agustinos (23 jóvenes y cinco profesores de Teología), que tuvieron que trasladarse a Valladolid, pasando la titularidad de la iglesia a manos del obispo. Pero de esta historia, Morales destaca lo que ocurrió con el Cristo de la Buena Muerte, "joya agustiniana 'labrada' por orden del padre Alonso Suárez, en el priorato de Miguel de León". El Crucificado fue también expropiado por el Gobierno, y fue vendido, como otros muchos bienes, en subasta pública; resulta que en este caso fue una familia gaditana, de apellido Casanova, la que adquirió la imagen, devolviéndolo posteriormente a los agustinos "sin pedir un centavo".
La amistad con la ciudad se ha forjado también a través de la enseñanza, compartiendo la orden su convento con el Instituto Santa María del Rosario durante 91 años, hasta que cerró en 2006. "Gentes de aquellas generaciones se alegran hoy de saludar con simpatía a los agustinos que se recuerdan y reconocen como antiguos profesores. Una estampa entrañable", destaca el sacerdote José Manuel Morales.
Años más tarde (en 1965) los agustinos aceptaban el encargo del Obispado de hacer de San Agustín una parroquia nueva en el casco histórico, lo que ha fortalecido esa relación de amistad.
"Hoy más que en otros tiempos, una orden religiosa ni se entiende ni tiene futuro sin el afecto, la colaboración y la integración de los laicos", valora este agustino, que recuerda también cómo Cádiz sirvió "de refugio, de casa que acoge y recibe" cuando la orden de San Agustín decidió extender su acción a Filipinas y estableció en el convento gaditano el punto de embarque y regreso de los religiosos, que estudiaban en Cádiz el cuarto año de Teología, hacían un cuarto voto "de ir a Filipinas si los prelados de la orden así lo decidían" y finalizaban su período formativo en los barcos camino del otro continente.
Así se ha forjado, en definitiva, la amistad de un convento, una iglesia y una orden con una ciudad en la que conviven desde hace 400 años.

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