sábado, 22 de julio de 2017

JOSÉ LUIS MÚZQUIZ: ABRIENDO CAMINOS










Entrevista con el historiador John Coverdale sobre José Luis Múzquiz, cuya causa de canonización inició el cardenal Sean O'Malley en Boston.
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Don José Luis, uno de los primeros miembros del Opus Dei, colaboró en los inicios del trabajo apostólico en los Estados Unidos. Murió en Boston hace 34 años, el 21 de junio de 1983. John Coverdale es autor de varios libros sobre la historia de la Obra, entre los cuales se encuentra “Echando raíces. José Luis Múzquiz y la expansión del Opus Dei”.
¿Quién era don José Luis Múzquiz?
Don José Luis fue el primer sacerdote del Opus Dei en ir a los Estados Unidos y fue también uno de los tres primeros sacerdotes de esta realidad de la Iglesia católica. Desempeñó un papel clave en su desarrollo, tanto en este país como en muchos otros.
Era, además, una persona extraordinaria, muy cercana a Dios. Gozaba de mucho talento, era inteligente y tenía buen humor: aprovechaba sus capacidades y las ponía completamente al servicio de lo que Dios le iba pidiendo.
Todos los santos tratan de poner sus talentos al servicio de Dios. ¿Qué destacaría de don José Luis?
LAS DOS CARACTERÍSTICAS PRINCIPALES DE DON JOSÉ LUIS FUERON SU EXTRAORDINARIA DILIGENCIA Y SU PREOCUPACIÓN REAL POR CADA PERSONA
Por un lado, vivió el espíritu del Opus Dei —el que san Josemaría le había transmitido—, que lleva a la gente a buscar la santidad en las tareas ordinarias. En ese sentido, no era diferente de otros fieles del Opus Dei. Tal vez lo hizo con más generosidad y fervor, pero no hacía nada inusual. Desde un punto de vista personal, creo que las dos características principales de don José Luis fueron: primero, su extraordinaria diligencia, un fuerte espíritu de trabajo, la capacidad de rendir mucho; y, en segundo lugar, una preocupación real por cada persona.
En el libro usted habla sobre el primer encuentro de don José Luis con el fundador del Opus Dei. ¿Podría describir esa reunión?
Era un estudiante, le faltaba un año para terminar la carrera de ingeniería, y un amigo lo invitó a conocer a un joven sacerdote, san Josemaría Escrivá. Don José Luis dice que acudió por simple cortesía y por curiosidad. Don Josemaría era ya entonces algo famoso entre los estudiantes, se hablaba de él, pero fue a verle sin ninguna expectativa especial. A los pocos minutos de charla le golpearon estas palabras: “No hay mayor amor que el Amor”. Más tarde dijo de san Josemaría: “Yo conocía a muchos sacerdotes, pero nadie me había hablado así”.
Don José Luis junto a san Josemaría.Don José Luis junto a san Josemaría.

¿Cómo fue admitido en el Opus Dei?
Su incorporación al Opus Dei se vio considerablemente retrasada por la guerra civil española. Conoció a san Josemaría muy pronto, en 1935 o a finales de 1934, en torno a Navidad. Comenzó a asistir a clases de doctrina cristiana y a dirigirse espiritualmente con san Josemaría. Cuando estalló la guerra, perdió el contacto con el sacerdote y con los demás miembros del Opus Dei durante más de un año. No pidió la admisión sino hasta poco después de que terminara el conflicto, a principios de 1940.
Creo que un elemento clave en su decisión fue el hecho de que san Josemaría sobreviviera a la brutal persecución de sacerdotes que hubo en Madrid, y lograra escapar de la capital y cruzar los Pirineos para llegar a la otra parte de España, donde los sacerdotes no eran perseguidos. Lo veía como algo providencial y determinó, en buena medida, su convencimiento de que el Opus Dei era algo que Dios deseaba y de que Dios quería que él mismo formara parte.
Cuando don José Luis comenzó a estudiar para ser sacerdote, ni siquiera estaba claro, según la legislación de la Iglesia, cómo sería posible ordenarse en el Opus Dei. ¿Cuál era el obstáculo?
La dificultad consistió en encontrar un modo según el marco legal que existía entonces en la Iglesia para poder ordenar sacerdotes. La Iglesia es muy atenta en lo que se refiere a la ordenación de presbíteros. No es suficiente que alguien diga: “Me gustaría ser sacerdote”. Tienes que ser llamado por alguien con la autoridad para hacerlo, normalmente un obispo diocesano o el superior de una orden religiosa.
LA ESPIRITUALIDAD DEL OPUS DEI CONSISTE EN SANTIFICARSE EN EL MUNDO, A TRAVÉS DE LAS CIRCUNSTANCIAS ORDINARIAS
Obviamente, el Opus Dei no es ni una diócesis ni una orden religiosa. En el núcleo de la espiritualidad de las órdenes religiosas está la idea de renunciar al mundo para dar testimonio de su carácter pasajero. La espiritualidad del Opus Dei consiste en santificarse en el mundo, a través de las circunstancias ordinarias. Así que el Opus Dei no podía encajar en ninguna de las dos formas que la Iglesia reconocía para tener el derecho de llamar a la gente al sacerdocio. San Josemaría estaba convencido de que el Opus Dei debía tener sus propios sacerdotes, que eran necesarios, pero no sabía cómo se podía hacer. Sin embargo, estaba tan convencido de que esto se realizaría que le preguntó a don José Luis y a otros de los primeros miembros del Opus Dei si estaban dispuestos a ser ordenados. Ellos dijeron que sí y comenzaron a estudiar para el sacerdocio basándose en la convicción de que, de alguna manera, esto saldría adelante.
Imagen de la Virgen María que san Josemaría regaló a los primeros fieles del Opus Dei que fueron a los EE.UU.Imagen de la Virgen María que san Josemaría regaló a los primeros fieles del Opus Dei que fueron a los EE.UU.

¿Qué significó para él marcharse en 1949 a los Estados Unidos para difundir el Opus Dei?
Fue muy difícil. Ninguno de los que vinieron —don José Luis y Sal Ferigle—sabían mucho inglés. Literalmente, no tenían casi dinero. No conocían a casi nadie y, lo que es más importante, entre los católicos de los Estados Unidos se pensaba que, si uno se sentía llamado a servir a Dios, debía ser sacerdote o monja. La idea de buscar seriamente la santidad en el medio del mundo en medio de la profesión, hizo que algunas veces les tacharan de locos.
Encontraron muchos obstáculos, pero don José Luis y los demás no se dejaron intimidar. Tenían una fe tan firme de que el Opus Dei era obra de Dios que estaban convencidos de que, a pesar de los obstáculos, seguirían adelante, como así fue.
DON JOSÉ LUIS TENÍA UNA FE DE HIERRO: SABÍA QUE, SI SOMOS DÓCILES, SIEMPRE SUCEDE LO QUE DIOS QUIERE
¿Cómo se manejaron sin saber el idioma?
Poco después de su llegada, recibieron una carta del fundador, san Josemaría, en la que decía: “Supongo que hablaréis inglés entre vosotros”. Sal Ferigle contó luego que desde ese día don José Luis no le habló nunca en español, excepto cuando en la conversación participaba alguna persona que no conociera el inglés. Imagino que sus primeras conversaciones debieron de ser bastante divertidas, porque ninguno sabía mucho inglés ni tenía gran facilidad para los idiomas.
Don José Luis llegó a Chicago casi sin dinero, pero rápidamente logró iniciar una residencia estudiantil. ¿Cómo lo logró?
Don José Luis tenía una fe de hierro: sabía que, si somos dóciles, siempre sucede lo que Dios quiere. También era audaz y pedía a la gente que le ayudase. Un agente inmobiliario les mostró una gran casa cerca del campus de la Universidad de Chicago, muy adecuada para hacer allí una residencia universitaria. El agente estaba tan impresionado por la fe y confianza en Dios de don José Luis que donó su comisión como pago inicial para la casa. Don José Luis repitió otras tres o cuatro veces la osadía de comprar casas sin tener dinero a disposición.
John Coverdale, autor del libro "Putting Down Roots: Fr. Joseph Muzquiz and the Growth of Opus Dei".John Coverdale, autor del libro "Putting Down Roots: Fr. Joseph Muzquiz and the Growth of Opus Dei".

Hábleme de Richard Riemann, la primera vocación estadounidense del Opus Dei.
Richard Riemann fue la primera persona en pedir la admisión y perseverar en el Opus Dei en los Estados Unidos. Estaba trabajando en Chicago y había una feria junto al lago de la ciudad sobre la historia del transporte. Él trabajaba allí como jefe de las unidades montadas, las diligencias, los jinetes y el pony express. Un sacerdote le sugirió que conociera a don José Luis, así que Dick —como llamamos a Richard— lo llamó, se vieron y le dijo que estaba interesado en hacer un retiro espiritual. Don José Luis le respondió: “Precisamente estamos organizando un retiro”. Dick Riemann señaló que, en ese momento, trabajaba siete días a la semana. Don José Luis consideró que aquello era un problema secundario: “Cuando acabe el trabajo, en lugar de volver a casa por la noche, venga a dormir a la residencia; por la mañana tendremos Misa, oración y desayuno: ese será su retiro”. Dick siguió su consejo durante unos días y, al acabar, decidió irse a vivir a la residencia. Un mes o dos más tarde se convenció de que Dios lo estaba llamando al Opus Dei.
Además de los Estados Unidos, ¿en qué otros países trabajó apostólicamente don José Luis?
DON JOSÉ LUIS SE DEDICÓ A HACER APOSTOLADO CON TODA CLASE DE PERSONAS, DESDE GRANDES TERRATENIENTES HASTA MUCHACHAS GITANAS
También estuvo en Canadá, Japón y Suiza. Lo que me llama la atención es que, cuando tenía 50 años (y estaba muy cansado), san Josemaría le pidió que regresara a España y se convirtiera en capellán de un centro de retiros espirituales que el Opus Dei tiene fuera de Sevilla, en el sur de España. Él aceptó alegremente ese trabajo relativamente humilde, cuando prácticamente toda su vida adulta había sido alguien “relevante” en el Opus Dei. Y ahora estaba allí, trabajando como capellán, en una casa situada en medio de la nada. Don José Luis se dedicó a hacer apostolado con toda clase de personas, desde grandes terratenientes hasta muchachas gitanas cuyas familias no tenían dos centavos para sobrevivir. Se hizo amigo de mucha gente de una cercana base militar estadounidense, en Rota, incluso de los capellanes protestantes. También hizo amistad con todos los sacerdotes diocesanos de la zona. Un año, en Navidad, escribió a san Josemaría diciendo que había visitado aproximadamente a un centenar de sacerdotes en las últimas semanas, y eso que aquella era una zona en la que los sacerdotes estaban dispersos, repartidos en pequeños pueblos, a menudo con caminos muy malos. Había ido de un pueblo a otro para estar con los sacerdotes durante esas fechas.
Don José Luis en una tertulia con el beato Álvaro, pocas semanas antes de su fallecimiento.Don José Luis en una tertulia con el beato Álvaro, pocas semanas antes de su fallecimiento.

Cuénteme cómo murió don José Luis.
Estaba viviendo en Boston en ese momento, y era capellán de un centro del Opus Dei, pues había regresado a los Estados Unidos.
El día de su muerte estaba en una casa de retiros del Opus Dei situado en las afueras de Boston, llamada Arnold Hall. Era el capellán de un curso de doctrina cristiana dirigido a mujeres jóvenes que estudiaban teología. Una mañana estaba dando clases y empezó a sentirse enfermo. Se excusó, fue a su habitación, y luego volvió a dar clase de nuevo. Pero se sintió mal otra vez y tuvo que excursarse. Una de las asistentes era médico y le aconsejó que fuera a un hospital cercano. Al principio, don José Luis estaba muy alegre, e incluso charló preguntó al doctor por la familia. Cuando le hicieron un electrocardiograma, el médico no creía lo que veía: el paciente estaba sufriendo un ataque cardíaco masivo. En seguida, lo trasladaron a un hospital más grande. “Ey, ¡estás conduciendo muy bien!”, bromeó con el conductor de la ambulancia. En el hospital lograron estabilizarlo, pero a las dos de la mañana no pudo superar otro ataque cardíaco masivo y falleció.
¿Conoció personalmente a don José Luis?
Sí, poco después de entrar en contacto con el Opus Dei, hace más de 50 años. Estuve con él con bastante frecuencia a lo largo de los años. Evidentemente era un hombre santo, de buen humor, muy inteligente.
¿Qué se siente al saber que se ha abierto la causa de canonización de alguien con quien ha convivido?
Es realmente maravilloso. He sido bendecido, pues me ha ocurrido con diversas personas. Trabajé junto a san Josemaría y pude estar en su canonización en Roma. También colaboré con su sucesor, Álvaro del Portillo, que recientemente ha sido beatificado. Don José Luis es, por tanto, la tercera persona con fama de santidad con la que he vivido. Es muy bonito saber que alguien que me conoce está viendo a Dios y rezará por mí.

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