Detrás de todo el tumulto estaba él aunque nadie se fijaba. Era mucho el ruido, la música, el estruendo y los cañones de luces que adornaban todo profiriendo al lugar de un toque mágico aunque no sobrenatural.
Allí detrás de ese "espectáculo" se encontraba alejado de la mirada de todos cuando en realidad todas las miradas deberían girar en torno suyo.
Era tan pobre, tan sencillo, tan humilde, que nadie quería echarle cuenta.
Antes fueron unos ahora son otros y siempre la misma historia: ¡Acabar con el principal protagonista!
Herodes en su momento lo intentó y ahora son sus secuaces lo que intentan rematar haciendo lo mismo aunque de otro modo, de otra manera: Asesinar la fe abandonándola en el último rincón.
Y allí sigue oculto porque ya muchos se han encargado personalmente de que esté bien tapado nuestro Portalillo que cobija al más humilde, más sencillo, más pobre de todos: El Niño Jesús.
Pero no olvidéis que por mucho prodigio de luminotecnia, muchos altavoces que suenan ferozmente, por imponente tribunas que podáis poner anulando ese pobre y sencillo Portal de Belén nunca podréis con la grandiosidad, la majestuosidad, lo sublime que representa ese pequeño que allí espera, sigue haciéndolo en estos momentos, que alguien se acuerde de Él y vaya a verlo porque no olvidemos que cuando nació todos los pastores y sabios recorrieron kilómetros para adorar a Jesús porque es el Hijo de Dios que nació como un bebé para salvarnos a ti, a mi, a nosotros por mucho ruido y distracciones que pongan los de siempre para alejarnos de quien es el verdadero Amor.
Y allí sigue junto a María y José cobijadito en ese apartado Portalillo.
Es curioso que siendo Jesús el principal protagonista de la Navidad lo quieran relegar a mero figurante.
Tú, no me llores,
y no te pongas triste,
que nade estorbe,
a Ser tan sublime.
Jesús, eres mi todo,
y la vida te entrego,
otros se quedan el oro,
y yo, con lo eterno.
Y nuestro particular Portalillo sigue escondido en el último rincón.
Jesús Rodríguez Arias

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