Hoy es de esos días que parecen presagiar multitud de sentimientos encontrados, de esos que sientes que el aire se vuelve más denso y en ocasiones irrespirable. Una sensación de profunda tristeza inunda mi corazón que hace que mi ánimo esté cabizbajo y esto me produzca un atroz cansancio.
Es verdad, cuando sientes el corazón como se desgarra ante un acontecimiento que podrías incluso esperar, un hondo vacío envuelve todo porque la tristeza del adiós de un ser tan querido, tan admirado, tan respetado hace tambalear todos los sentimientos que anidan en nuestras almas.
Hoy nos ha dejado una mujer excepcional en el sentido más amplio, una mujer entregada al cien por cien a su Familia, a sus seres queridos, que eran todos, a su bendito pueblo. Hoy ha emprendido su marcha a la Gloria Eterna Ana Barragán, matriarca de una Familia extraordinaria, buena, sencilla, entregada y derrochadora de Amor.
Hoy, jueves 23 de octubre, Villaluenga del Rosario llora en cada rincón, por cada esquina porque ha muerto una de sus más queridas vecinas, una predilecta hija de este bendito lugar. Hoy el Caíllo se ha convertido en un inmenso pañuelo que acoge lágrimas de dolor, tristeza e inmensa gratitud por una persona que ha sembrado durante su vida de verdadera bondad.
La Familia Franco-Barragán son un ejemplo de pundonor, de coherencia de vida y de fe, de servicio a los demás, de trabajo bien hecho, de entrega desmedida, de saber estar, de elegancia, educación, lealtad, honor...
Tanto su marido, Diego Franco, como Ana Barragán han hecho en torno a sí una auténtica Familia llena de los valores y de las virtudes que dignifican al ser humano. Trabajadores incansables para sacar a sus hijos adelante y que han recibido la mejor herencia que pueden recibir unos hijos de sus padres: Su testimonio de vida.
El testimonio de vida que tanto Diego como Ana Mari ejercen a diario y que el primero junto a su mujer Victoria Benítez han esparcido en sus hijos Diego y Gabriel. Sé que Diego y Ana quieren a su Familia con desmesura y que están muy orgullosos de sus nietos porque son el ejemplo fehaciente de jóvenes cuya ejemplaridad es el mayor tesoro que pueden ofrecer a sus abuelos y padres.
Hoy cuando mi querido y buen amigo Antonio Benítez me ha comunicado la triste noticia del fallecimiento de Ana me ha caído como una loza encima y un cansancio agotador me ha llegado a vencer. Quiero de verdad a esta extraordinaria Familia y he sido correspondido con su cariño y amistad. Cuando he visto y he conversado con Ana en la cocina de su casa junto a su extraordinaria hija he tenido los mismos sentimientos, la misma calidez de estar haciéndolo con mi propia familia porque así es como los considero a todos ellos: ¡Parte de nuestra Familia!
A Dios gracias mi madre, ya muy anciana y llena de achaques, me vive y también disfruto día a día de la compañía de Hetepheres, mi mujer, que es mi vida en todos los sentidos y por eso cuando pienso en Diego, Ana Mari, Victoria, Diego, Gabriel se me pone la carne de gallina por el inmenso dolor que estarán soportando por el fallecimiento de una persona de vital importancia en sus vidas. Aunque os diré que mi mente se para en la persona del patriarca de la Familia: Diego Franco y entonces un escalofrío me recorre por entero porque él, aún teniendo el amor de sus hijos y nietos, se le ha ido su mujer, la mejor compañera de viaje, su media naranja, sus pies y sus manos, en dos palabras: ¡Su vida!
Hoy Villaluenga llora, lloramos, de tristeza y dolor porque se ha marchado para el Cielo un verdadero ángel que ha custodiado hasta el final a su Familia, a las personas que ha querido así como a todos los que, de una manera u otra, son y nos sentimos de este bendito pueblo.
Y aunque nosotros estemos inmensamente tristes y acompañemos, de la forma y el modo que sea, a su Familia en este profundo momento de dolor sé que ella ya está disfrutando junto a nuestra Madre la Virgen del Rosario que la ha recibido con los brazos abiertos y mientras la besaba le ha dicho: ¡Ya te estaba esperando Anita, anda y ven que juntas tenemos mucho que hacer aquí en el Cielo!
Con este artículo lleno de dolor, de profunda tristeza y también de la esperanza que nos da la fe en Cristo y Su Bendita Madre del Rosario quiero transmitir a la Familia Franco-Barragán nuestro sentido y sincero pesar por tan importante pérdida así como a toda sus seres queridos, amigos y convecinos de este bendito lugar llamado Villaluenga del Rosario que llora a cada rincón, en cada esquina, la muerte de Ana Barragán.
Elevo una profunda oración a Jesús y la Virgen del Rosario, que tanto quiso y amó en vida, por su alma y para que ya esté gozando en esa Villaluenga Celestial que está más allá de las montañas, en el limpio Cielo.
Recibid, mis queridos hermanos, un fuerte abrazo y que Dios y la Santísima Virgen del Rosario os bendigan.
Jesús Rodríguez Arias

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