

La peregrinación a Santiago ha sido un regalo de Dios en cada detalle. El 23 de julio comenzamos nuestra andadura: hicimos noche en Cantalapiedra, en donde pudimos visitar a las monjas Clarisas que nos dieron un impactante testimonio; el 24 fuimos acogidos en Finisterre, en donde no olvidaremos aquella cena movidita, amenizada con cantos de una consagrada gallega mientras los andaluces acompañábamos con palmas. ¡Todo un cuadro!
Comenzamos en la mañana del 25 de julio nuestra peregrinación a pie, encomendados al apóstol Santiago, cuya fiesta celebrábamos ese día. Primero fuimos al faro de Finisterre en donde pudimos quedar sobrecogidos ante la grandeza de la creación de Dios. Aprovechamos para hacernos muchas fotos y para ofrecer el día y el camino al Señor por medio del apóstol. D. Rafael nos dirigió unas palabras de ánimo y aliento, nos habló del sentido de la peregrinación, de los peregrinos y del camino de Santiago.
Desde allí, los autobuses nos llevaron hasta las cascadas de Ézaro: este sería el punto inicial de marcha. Protegidos por la Protección Civil de Carnota comenzamos a caminar a lo largo de la Costa da Morte.
¡Qué bonito es ver la acogida que las personas de los pueblos nos brindan a nuestro paso! Muchos de ellos nos abren su casa para ir al servicio, otros nos ofrecen agua fresca, algunos nos refrescan con su manguera... ¡Todos nos saludan y nos felicitan por peregrinar!
Es un testimonio ver a los jóvenes de la diócesis entrar cantando, dando testimonio de la alegría del Evangelio, del gozo de seguir a Cristo; es impactante ver en un carril a los jóvenes y en el otro a los sacerdotes con la estola morada, confesando constantemente a los jóvenes que se acercan; es precioso para el pueblo que nos acoge que nos unamos a su comunidad parroquial para celebrar la Misa.
Según iban pasando los días, el cansancio se iba notando, pero también la entrega de cada uno: en tender la mano para ayudar al más débil, en ofrecer el poco agua que a uno le queda, en cantar cuando uno no puede más o contar un chiste malo para animar a los peregrinos... Como dijo D. Rafael en uno de sus tweets, peregrinar es rezar con los pies, y así lo hemos experimentado: cada kilómetro, cada paso ha sido motivo de encuentro con Dios, de encuentro con los hermanos, con la Iglesia joven y viva.
La entrada a Santiago fue realmente memorable, alegre, emocionante y ungida. Quién más quién menos, las lágrimas no podían contenerse de la emoción y de la acción de gracias a Dios por tanto bien recibido. D. Rafael, que caminó todo el camino con nosotros, dirigió la oración al Señor y al Apóstol: cantamos, oramos, pedimos... en definitiva, entregamos nuestra vida a Dios.
Ya en Santiago, pudimos tener, además de tiempo libre, un rato largo de oración ante el Santísimo expuesto, quien nos bendijo y habló por medio de su Palabra.
Y cuando parecía que ya no nos quedaba más por vivir, la Virgen nos regaló la guinda de la peregrinación: ir a verla a Fátima. ¡Qué regalo la Misa en la Capelinha! ¡Qué regalo el Rosario de antorchas! Es impresionante ver cómo gente de sitios tan distintos y lejanos acuden a la protección maternal de la Virgen, desde los cristianos de la vieja Europa, hasta los hermanos perseguidos de países asiáticos y árabes.
Realmente, a nosotros nos hace replantearnos de qué manera estamos viviendo nuestra fe. También fue impactante ver cómo varios jóvenes de la peregrinación se unieron al camino penitencial que muchas personas ofrecen, andando de rodillas, por su conversión, la de alguna persona, en acción de gracias o como ofrenda de vida al Señor.
¡Gracias, Señor, por tantas cosas como nos permites vivir y los regalos que nos dejas ver en el corazón de los jóvenes!
La próxima actividad con la que comenzaremos el curso será la peregrinación a la Virgen de los Santos (Alcalá de los Gazules) del 10 al 12 de octubre. ¡Allí nos vemos!
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