martes, 5 de agosto de 2014

PARA MEDITAR.


Ser una persona íntegra es una meta que todos quisiéramos alcanzar, y es que la integridad supone un proceso de evolución que ya se ha recorrido antes de llegar a ella. 
La integridad es el equilibrio de la autenticidad; el hombre íntegro, el hombre que tiene una personalidad definida y recia, es aquel que sabiendo bien lo que debe hacer, y saliéndole desde adentro, no se deja llevar de las fluctuaciones circunstanciales. 
Ser íntegros es no solamente caminar, sino caminar sabiendo hacia dónde se va; al fin y al cabo, cuando un hombre sabe a dónde va, el mundo se aparta para darle paso. 
Ser íntegro es potenciar nuestra personalidad poniéndola al servicio de los demás, pero viendo en ellos la imagen de Cristo, que nos lleva a Dios. 

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