lunes, 30 de julio de 2018

* ¿JARCHEAMOS?








Hoy mi artículo publicado en mi semanal tribuna de Información San Fernando va de critiqueo, de chismorreo, de jarchear, para que nos vayamos entendiendo...

Hoy mi artículo en Información San Fernando es una crítica no a la crítica sino al critiqueo que abunda demasiado en nuestra sociedad...


668 palabras para describir lo que conocemos por "jarchear".


Jesús Rodríguez Arias



¿JARCHEAMOS?



Existir existe como dicen que también las meigas y además va desde lo jocoso, lo anecdótico, lo hilarante, lo increíble así como lo grotesco, grosero, hiriente e incluso amenazante. La crítica o el critiqueo por estos lares también se le puede llamar “jarchear”  o chismorrear y se diga cómo se diga a todos sin excepción nos gusta darle a la sin hueso. Cuando la crítica no es sino un modo de chufleo del bueno porque no lleva intencionalidad se convierte en algo ciertamente apetecible pasas un buen rato pues si no se habla de personas en concreto sino de anécdotas la verdad es que cada uno recuerda un momento vivido desde prismas diferentes y siendo como somos, con nuestra particular idiosincrasia, el resultado puede hacer llorar de risa hasta al más taciturno.

Esto es más jarchear que criticar  pues no lleva esa preparada bomba de relojería que hace explote contra la línea de flotación del prestigio de fulanito o menganito que en ese momento se tenga en la mente mientras se escupe por la boca todo lo malo que se le puede decir e incluso inventar pues el critiqueo mal intencionado es simplemente asesino.

Criticar lo que se dice criticar lo hacemos todos sin excepción pues si algo nos caracteriza a los españolitos de a pie es mostrar nuestro particular punto de vista desde esa vertiente tan especial de ahí que ningún gobierno, ya sea el de España, los autonómicos, provinciales o municipales, se libran del juicio objetivo o no, que a diario hacemos. Esa es una condición muy nuestra pues siempre nos gusta despotricar del que tiene en su momento el poder.

Ya sea del equipo de fútbol y su directiva,  en las diversas asociaciones así como en el mundo cofrade donde los respectivos hermanos mayores y miembros de juntas de gobierno no se libran del jarcheo correspondiente donde todos y sobre todo los que les gustan chismorrear desde la barra del bar o desde cualquier mentidero físico o virtual la labor de esos hermanos que están trabajando desde su punto de vista, desde sus capacidades, por su hermandad. De las críticas a los diferentes consejos locales de hermandades ni os cuento...

Puede haber crítica maledicente, esa sin duda alguna es la peor, que es capaz de inventarse lo haga falta para desprestigiar-asesinar el honor de la persona o institución en cuestión. Los criticones abusan de esa potestad porque parece que hablan desde el saber, desde el conocimiento de causa, con la libertad que da el que la persona que está recibiendo sus puñaladas llenas de mentirosa traición es al final el último que se entera y cuando lo hace pocos recursos tiene para restaurar el daño infringido. También está la crítica inteligente, la que utiliza ese doble sentido que tenemos muy arraigados los de aquí, no para ofender y tampoco para desprestigiar a alguien en cuestión sino para analizar un momento concreto y una situación determinada ofreciendo un necesario punto de vista que amplíe el debate. Eso, no es jarchear, no es criticar, no es chismorrear, sino realizar un análisis con argumentos sólidos que lo fundamenten. Lamentablemente no es de uso general pues para realizarlo se necesita algo de que carecen los criticones y chismosos: ¡Inteligencia!

¿Existe el jarcheo? ¡Por supuesto! ¿Y el jarcheo cofrade? ¡También! Como también existe el jarcheo político, en asociaciones, comunidades de vecinos, del círculos de “amigos” e incluso en el ámbito familiar. Eso pasa porque en la sociedad que vivimos tan huérfana de valores todo vale y utilizar la sin hueso contra el prestigio de aquél al cual no podemos ver ni en pintura es lo más fácil aunque también lo más cobarde pues es capaz de destruir a quién sea escupiendo mentiras o falseadas “verdades” sin dar la cara. A lo mejor es bueno que pensemos el mal que hacemos cada vez que criticamos o jarcheamos de los demás pues puede ser vuelva en contra y las palabras dichas regresen a nosotros con muy malas ideas...

Jesús Rodríguez Arias

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