Y mañana La Isla se convertirá en un Monte Calvario cuando la preciosa y bendita imagen del Cristo de la Vera+Cruz recorra parte de sus calles con el fin de realizar el piadoso y devocional acto de Vía+Crucis en la Iglesia Mayor Parroquial.
Sí, así será y pienso que lugar ocuparíamos si en verdad estuviéramos junto a Jesús en el Monte Calvario...
Jesús Rodríguez Arias
Y MAÑANA LA ISLA SE CONVERTIRÁ EN MONTE CALVARIO
Cuando La
Isla se convierta en el Monte Calvario ya la Cuaresma habrá empezado a caminar.
No será en Viernes Santo pues eso a su debido tiempo tendrá que llegar sino
lunes, el primero de este tiempo de preparación que nos invita nuevamente a la
conversión que siempre es necesaria y que necesitamos como el comer.
Lunes
primero de Cuaresma es día de Vía-Crucis, de acto penitencial organizado por el
Consejo de Hermandades y Cofradías, de calles con olor a incienso, rezos
suplicantes al paso de las andas que portan a un crucificado pero no a uno
cualquiera, en verdad ninguno lo es, sino al Cristo de la Vera+Cruz, antigua e
isleña imagen que ha dado nombre a un populoso barrio y donde cañaillas de los
de generación en generación han engrosado las filas de esta señera y antigua
hermandad.
Vera+Cruz
está en la calle y no es Miércoles Santo sino Lunes de Cuaresma.
Saldrá de la
remozada Capilla este Cristo Viejo en años y tan joven en el Amor que profesa
por cada uno de nosotros como a esta bicentenaria Ciudad que antes fue Villa.
Recorrerá las calles desde esa solemnidad, ese respeto, ese orden, ese
silencio, tan característico de esta crucera cofradía que cada Miércoles Santo
hace que toda La Isla se convierta en un imponente Monte Calvario.
Luengas
filas de hermanos antiguos y más nuevos todos con el mismo sentir, con el mismo
obrar, con la misma devoción, con el mismo Amor y Fe en ese Cristo Viejo y
frágil color blanco muerte clavadito a la Cruz.
Un Monte
Calvario con olor a sapina, sal, a mar eterno, que parece una inmensa puerta
abierta a la misma eternidad. Un Calvario que albergó la crucifixión y muerte
de un hombre que siéndolo también era Dios y que vino a este mundo para
anunciarnos con palabras y hechos que todos somos hermanos pues todos somos
hijos del mismo Padre. Nos anunció que Él era y es nuestro Camino de Verdad y
Vida, que de su mano es fácil salvarnos de todo mal, de la tentación que
también venció, de las infectas garras del mal que nos lleva a la muerte en
vida. Sí, Jesús, ese Cristo viejo que convierte en este primer lunes de
Cuaresma a La Isla en un imponente Monte Calvario nos salva de la condenación
ofreciendo su propia vida como la máxima expiación de nuestros pecados. Él nos
salva a la Vera de la Cruz.
Y mañana
lunes La Isla se convertirá en un Monte Calvario donde cada uno se posiciona en
el papel que jugaron entonces los que estuvieron al lado, abandonaron y
condenaron a Jesús.
Localizaremos
a María, su Madre, a Juan su discípulo amado, las mujeres que al pie del madero
no abandonaron nunca a Cristo. A Dimas que lo acompañó desde ese momento a la
Gloria, al mal ladrón, a los centuriones que ajusticiaron, se jugaron su
túnica, clavaron en su costado la lanza y se admiraron cuando murió, a ese que
es José de Arimatea...
Y veremos a
los discípulos que llegado el momento de los momentos lo abandonaron a su
suerte mientras ellos escondían sus miedos, dudas y vergüenzas pero que al
final se entregaron en cuerpo y alma en dar a conocer el Evangelio hasta el
último hálito de vida. Nos percataremos de los siempre traidores, de los que
por no perder sus caducos privilegios son capaces de poner una vela a ese dios
que ellos mismos han modelado y al diablo que habita en sus pérfidos corazones,
de los que asesinan con la daga de las armas y de las críticas, persecución,
insulto, ofensas..., a los que conforman ese gran sanedrín que se ven justos
sobre los justos y son capaces de matar al mismo Dios. También en ese imponente
Monte Calvario en el que mañana se convertirá La Isla podremos comprobar ese
pueblo que no es que sea indolente sino que prefiere mirar para otro lado por
temor a las consecuencias, porque cree que tiene mucho que perder aunque no
sepan que con esa actitud lo tienen todo perdido.
Para salvar
a sanos y enfermos, a justos e injustos, a valientes y cobardes vino Jesús, el
Cristo Viejo, que mañana saldrá por las calles de San Fernando para invitarnos
que todos estemos a la Vera de la Cruz.
Jesús
Rodríguez Arias


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