domingo, 5 de marzo de 2017

* Y MAÑANA LA ISLA SE CONVERTIRÁ EN MONTE CALVARIO






Y mañana La Isla se convertirá en un Monte Calvario cuando la preciosa y bendita imagen del Cristo de la Vera+Cruz recorra parte de sus calles con el fin de realizar el piadoso y devocional acto de Vía+Crucis en la Iglesia Mayor Parroquial.

Sí, así será y pienso que lugar ocuparíamos si en verdad estuviéramos junto a Jesús en el Monte Calvario...

Jesús Rodríguez Arias 








Y MAÑANA LA ISLA SE CONVERTIRÁ EN MONTE CALVARIO




Cuando La Isla se convierta en el Monte Calvario ya la Cuaresma habrá empezado a caminar. No será en Viernes Santo pues eso a su debido tiempo tendrá que llegar sino lunes, el primero de este tiempo de preparación que nos invita nuevamente a la conversión que siempre es necesaria y que necesitamos como el comer.

Lunes primero de Cuaresma es día de Vía-Crucis, de acto penitencial organizado por el Consejo de Hermandades y Cofradías, de calles con olor a incienso, rezos suplicantes al paso de las andas que portan a un crucificado pero no a uno cualquiera, en verdad ninguno lo es, sino al Cristo de la Vera+Cruz, antigua e isleña imagen que ha dado nombre a un populoso barrio y donde cañaillas de los de generación en generación han engrosado las filas de esta señera y antigua hermandad.

Vera+Cruz está en la calle y no es Miércoles Santo sino Lunes de Cuaresma.

Saldrá de la remozada Capilla este Cristo Viejo en años y tan joven en el Amor que profesa por cada uno de nosotros como a esta bicentenaria Ciudad que antes fue Villa. Recorrerá las calles desde esa solemnidad, ese respeto, ese orden, ese silencio, tan característico de esta crucera cofradía que cada Miércoles Santo hace que toda La Isla se convierta en un imponente Monte Calvario.

Luengas filas de hermanos antiguos y más nuevos todos con el mismo sentir, con el mismo obrar, con la misma devoción, con el mismo Amor y Fe en ese Cristo Viejo y frágil color blanco muerte clavadito a la Cruz.

Un Monte Calvario con olor a sapina, sal, a mar eterno, que parece una inmensa puerta abierta a la misma eternidad. Un Calvario que albergó la crucifixión y muerte de un hombre que siéndolo también era Dios y que vino a este mundo para anunciarnos con palabras y hechos que todos somos hermanos pues todos somos hijos del mismo Padre. Nos anunció que Él era y es nuestro Camino de Verdad y Vida, que de su mano es fácil salvarnos de todo mal, de la tentación que también venció, de las infectas garras del mal que nos lleva a la muerte en vida. Sí, Jesús, ese Cristo viejo que convierte en este primer lunes de Cuaresma a La Isla en un imponente Monte Calvario nos salva de la condenación ofreciendo su propia vida como la máxima expiación de nuestros pecados. Él nos salva a la Vera de la Cruz.

Y mañana lunes La Isla se convertirá en un Monte Calvario donde cada uno se posiciona en el papel que jugaron entonces los que estuvieron al lado, abandonaron y condenaron a Jesús.

Localizaremos a María, su Madre, a Juan su discípulo amado, las mujeres que al pie del madero no abandonaron nunca a Cristo. A Dimas que lo acompañó desde ese momento a la Gloria, al mal ladrón, a los centuriones que ajusticiaron, se jugaron su túnica, clavaron en su costado la lanza y se admiraron cuando murió, a ese que es José de Arimatea...

Y veremos a los discípulos que llegado el momento de los momentos lo abandonaron a su suerte mientras ellos escondían sus miedos, dudas y vergüenzas pero que al final se entregaron en cuerpo y alma en dar a conocer el Evangelio hasta el último hálito de vida. Nos percataremos de los siempre traidores, de los que por no perder sus caducos privilegios son capaces de poner una vela a ese dios que ellos mismos han modelado y al diablo que habita en sus pérfidos corazones, de los que asesinan con la daga de las armas y de las críticas, persecución, insulto, ofensas..., a los que conforman ese gran sanedrín que se ven justos sobre los justos y son capaces de matar al mismo Dios. También en ese imponente Monte Calvario en el que mañana se convertirá La Isla podremos comprobar ese pueblo que no es que sea indolente sino que prefiere mirar para otro lado por temor a las consecuencias, porque cree que tiene mucho que perder aunque no sepan que con esa actitud lo tienen todo perdido.

Para salvar a sanos y enfermos, a justos e injustos, a valientes y cobardes vino Jesús, el Cristo Viejo, que mañana saldrá por las calles de San Fernando para invitarnos que todos estemos a la Vera de la Cruz.


Jesús Rodríguez Arias

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