martes, 7 de julio de 2015
EL ALBA SE ASOMA A MI ORACIÓN; POR JOSÉ ANTONIO SIGLER
EL ALBA SE ASOMA A MI ORACIÓN. «Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, ...curando todas las enfermedades y todas las dolencias». (Evangelio del día). Me parece que el tema de los milagros de sanación que nos ofrece Jesús es un asunto del que no se habla demasiado. Y, si se habla, se habla en otros sentidos como "saliéndose por la tangente", pero poco en el sentido físico y literal del tema. Aunque es cierto que mucho buscan más al poder sanador de Jesús que a Jesús que puede sanar. ¿Qué ocurre? ¿Porqué es así? Creo que la clave está en una frase del día de ayer: «-¡Animo, hija! Tu fe te ha curado.» Jesús no es un "milagrero", un taumaturgo o un "charlatán", o, menos aún, un practicante de la new age y del reiki. Lo que busca Jesús es que cambies tu vida, que la oriente en el sentido de la voluntad de Padre, en el sentido de alcanzar la plenitud con Dios. Y si para ello fuese necesario el milagro de sanación, lo hará, pero no romperá, en ningún caso, el ciclo de la vida. Las curaciones de Jesús no buscan lo espectacular ni sólo, en exclusiva, la sanación. Las curaciones de Jesús es como un regalo "sanador" envuelto con "papel" de salvación, de fe, de bien, de bondad, de virtud. Dios desea lo mejor para nosotros, incluida la salud. Pero también es necesario creerlo (si no tienes fe de que Jesús puede curar, poco podrá curar). Por ello busquemos más a Dios, que te da los dones (incluido la sanación), que, no sólo, los dones de Dios. Santa María, ruega por nosotros. «Guárdame como a las niñas de tus ojos, a la sombra de tus alas escóndeme».
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