“Mens sana in córpore sano”, esta frase
extraordinariamente conocida, después de lo experimentado, la completaría
diciendo que para atesorar así el cuerpo antes hay que tener un alma sana. ¿Y
eso como se consigue? Pues estando abiertos a Dios y a las señales que nos va
poniendo en este camino llamado vida.
Después de que una fría
gelidez helara mi espíritu, que hizo perdiera brújula y también el camino,
seguí esperando que Él viniera a mi encuentro, pero he de confesaros que a cada
instante que pasaba menos confiaba y más me perdía.
Fue en el otoño-invierno de
2024 cuando se hizo presente por medio de Caridad y Salvación, Titulares de mi
querida e isleña Hermandad, y bajo el imponente Cristo de Burgos que se
encuentra en la Iglesia de San Gil Abad. En esos dos instantes volví a sentir
el calor de una pequeña llama que volvía a irradiar placidez en mi alma.
Durante 2025 he intentado por
todos los medios seguir en el camino de la Fe, aunque me haya costado. Pero
Dios, que es Padre Misericordioso, ha puesto a mi lado una mujer como
Hetepheres que me ha ayudado mucho, así como la figura de un sacerdote al cual
conozco hace muchos años y que después de décadas ha vuelto a la provincia de
Cádiz, más concretamente a El Puerto de Santa María.
Desde el pasado mes de octubre
Dios me ha regalado un extraordinario director espiritual. Vivir el camino de
la Fe en solitario es muy difícil. San Josemaría Escrivá dejó escrito en
Camino: “Tu mayor enemigo eres tú mismo”. Tiene razón porque en
demasiadas ocasiones nos vienen pensamientos negativos, de circunstancias de
otros o vividas en primera persona, que nos quitan la paz. Ese constante
desasosiego hace un daño gravísimo en la salud y también con el paso del tiempo
a nuestra propia Fe.
Dios nos quiere en paz ya que
en esta es donde Él habita. “La paz es sencillez del espíritu, la serenidad
de la conciencia, la tranquilidad del alma y el lazo del amor. La paz es el
orden, la armonía en cada uno de nosotros, una alegría constante que nace del
testimonio de una buena conciencia, la santa alegría de un corazón donde reina
Dios” (San Pío de Pieltrecina).
Cuando vives con esa paz
interior es más fácil recorrer el camino de la Fe. Cambias de dentro hacia
afuera, haciéndote más humano, comprensivo, amable, porque en verdad vas
entendiendo que tú reino no es de este mundo. Te cuesta incluso juzgar y
criticar a tus semejantes porque sabes que la paz interior en la que vives se
puede llegar a resquebrajar. San Josemaría Escrivá de Balaguer en el punto 52
de Camino me ha hecho pensar. “¿Por qué, al juzgar a los demás, pones en tu
crítica el amargor de tus propios fracasos?”
En el primer artículo en San
Fernando Información de 2026 he querido trasladaros que en poco más de un año
he podido pasar de vivir en la increencia a tener verdaderas ansias de Dios.

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